
La fantasía es uno de esos géneros que destilan magia, que de pequeños nos pueden hacer soñar con mundos imposibles que son dotados de vida por las técnicas propias de la industria del celuloide. A lo largo de más de un siglo de cine, el medio ha recibido grandes exponentes; películas generacionales que han ayudado a definir el constructo del imaginario fantástico colectivo, trabajos que han reformulado los métodos de traslación de estas historias a la gran pantalla, producciones que han triunfado, contra viento y marea, grabando a fuego su nombre en el recuerdo de los espectadores, y proyectos que han supuesto grandes batacazos para sus promotores.
Con todo, lo que nos queda es un escenario marcado por éxitos del cine que han ido configurando la manera de abordar este tipo de estrenos, dando lugar a un sin fin de filmes fantásticos que, a lo largo de todo este tiempo, nos han hecho soñar sea cual sea nuestra generación.
De una forma u otra, y sea en la década que sea, lo cierto es que la fantasía siempre ha contado con la facultad de hacernos soñar, de materializar en la gran pantalla los espacios inspirados por decenas de novelas y cientos de relatos.
Es por eso que, a continuación, te presentamos una selección a las que consideramos las 10 mejores películas de fantasía que nos ha dado el cine.
1. El mago de Oz (1939)

La consagración de Judy Garland, un musical fantástico, dirigido por Victor Fleming, que a día de hoy ha pasado de lo cursi a lo “camp”.
La historia de Dorothy, nos lleva al mundo de Oz. La niña se dirige, aconsejada por la Bruja Buena del Norte, hacia Ciudad Esmeralda al encuentro del todopoderoso Mago de Oz. Durante el viaje se formará uno de los grupos más pintorescos que ha dado la fantasía, con el Espantapájaros, el Hombre Hojalata y el León, cada uno de ellos en busca de los anhelos que les impiden sentirse completos. Una película que supone un espectáculo de música y color, que se ha convertido en todo un clásico de los musicales y que sigue funcionando para público de todas las edades a día de hoy.
2. El ladrón de Bagdad (1940)

Codirigida por Ludwig Berger, Michael Powell, Tim Whelan y William Cameron Menzies, El Ladrón de Bagdad representa todo un clásico del cine fantástico, una obra prodigio que, en su versión de 1940, se erigió como un exponente de la inventiva, con un tono exótico que pudo contribuir a la moda arabizante que dominó Hollywood en décadas posteriores.
La película, que nace como adaptación de Las mil y una noches, un clásico de la literatura universal que ha inspirado decenas de películas, debe gran parte de sus logros a la impresionante labor de producción realizada por Alexander Korva y fue galardonada con 3 Oscar que lo atestiguan (mejor fotografía, efectos especiales y dirección artística).
3. El Séptimo Sello (1957)

En 1957, el sueco Ingmar Bergman nos trajo una de las partidas de ajedrez más emblemáticas de la historia del cine. Siglo XVI, la Peste Negra asola Europa, y el caballero Antonius Block se dispone a regresar a Tierra Santa tras batallar durante más de diez años en las Cruzadas. Por el camino es asaltado por la muerte, que le reclama, pero él le propone disputar una partida de ajedrez esperando poder obtener, de ella, respuestas en torno a cuestiones como la existencia de Dios o la propia muerte.
Woddy Allen llegó a decir lo siguiente sobre esta película: “Desde el momento que comienza te deja sin aliento hasta que termina”. Con esas palabras describía el genio de Nueva York la que es una de sus películas favoritas.
El Séptimo Sello es una película tan oscura como hermosa, que se detiene a contemplar el paso del hombre por la Tierra y a divagar sobre ello a través de sus imponentes imágenes, su peculiar humor y pátina desalentadora. Imprescindible.
4. Dentro del laberinto (1986)

Jim Henson nos puso, en 1986, tras la pista de Sarah y la búsqueda de su hermano pequeño, secuestrado por los duendes y el poderoso rey Jareth. Esta cinta, que sale de varias de las mentes que se encontraban tras los populares Teleñecos, contó con George Lucas como productor ejecutivo, con Terry Jones como guionista, con el gran Frank Oz como animador y con un desatado David Bowie. Dentro del Laberinto se muestra como un cuento inocente, pero capaz de capturar a niños y adultos, algo que ya consiguió en su momento gracias a su espectacular trabajo en el terreno de la animación analógica.
La película, una auténtica obra maestra de las marionetas, recoge parte de lo aprendido por Oz en Cristal Oscuro y lo aplica para construir un relato mítico rematado con gran acierto por su banda sonora que, como no podía ser de otra forma, corre a cargo de David Bowie. Generacional.
5. La princesa Mononoke (1997)

La princesa Mononoke supuso, para muchos, la carta de presentación de Studio Ghibli en occidente. Su impacto quedó sellado con la trayectoria de un estudio de animación que, a día de hoy, es mundialmente conocido.
La princesa Mononoke es uno de los mayores alegatos naturalistas que ha dado la historia del cine, una historia que nos habla de la corrupción que el hombre puede infringir a la naturaleza, pero que lo hace sin mensajes vacíos ni textos dogmáticos. Hayao Miyazaki pone sobre la mesa el progreso, su necesidad y sus beneficios, y lo enfrenta a una naturaleza que, alejada del romanticismo europeo y sustentada en la mitología japonesa, se revuelve contra el hombre en busca del equilibrio perdido.
6. El viaje de Chihiro (2001)

De El Viaje de Chihiro, Andy Wachowski llegó a decir que es una obra maestra que se imprime en la imaginación y permanece ahí para siempre. El exotismo de su premisa, ligada a la Leyenda del Kamikakushi, la desaparición de personas por acción de los Kami, nos recuerda al viaje realizado por Alicia en el país de las maravillas, uno que termina en el paso a la madurez de su protagonista. Y así es, pero en este caso dicho viaje se da bajo una iconografía que parte del sintoísmo, y sitúa en el centro de la acción a un balneario al que acuden en busca de sanación y descanso más de ocho millones de dioses.
Su historia nos narra las aventuras de Chihiro, en ese pequeño mundo de fantasía gobernado por Yubaba, mientras intenta rescatar a sus padres y escapar del bello pero peligroso entorno en el que se han adentrado. Miyazaki vincula a la maduración temas clásicos de su filmografía, como el trabajo, las dualidades, los personajes femeninos empoderados o el respeto por la naturaleza, y lo agita todo para construir un relato intenso y cargado de emociones que hace honor a su título en castellano cuando llega a los créditos. El viaje, con esta aventura, está garantizado. Fantástica.
7. Trilogía de El Señor de Los Anillos (2001)

Peter Jackson logró, en 2001, estrenar una de las mayores epopeyas de la historia del cine, un proyecto postergado durante décadas por lo inviable de su plasmación, una obra que el propio director mostraba con reparo en busca de financiación, que supuso uno de los rodajes más míticos que se recuerdan y nos hizo entrega de una obra magna que, al igual que Minas Tirith, resulta un regalo para la vista. La trilogía de El Señor de los Anillos logró reunir a crítica, academia y público, algo que rara vez suele ocurrir, y que habla por sí solo del impacto de semejante trabajo.
Su visión de la Tierra Media navega en el equilibrio perfecto entre el decorado físico y el trabajo digital, entre la búsqueda de localizaciones, que derivan en sus impactantes planos generales del paisaje neozelandés, y la implementación de lo virtual, entre la acción, el diálogo y la introspección. Cuenta con el gran mérito de haber sido capaz de reunir a millones de espectadores en las salas de cine, mientras les narra una historia que, conscientes de que solo va a ser contada una vez, no escatima en detalles (para muestra, el epílogo de El Retorno del Rey). Una trilogía que, como los elfos, conserva su esencia y no le teme al paso del tiempo. Su visión de la Tierra Media supuso el punto de partida de la popularización de la fantasía medieval. Sin embargo, van 20 años, y el cine no ha recibido todavía una obra que abrace el género con tanto amor como lo hiciera esta trilogía. Épica.
8. Big Fish (2003)

Drama, comedia y fantasía en la obra mayor de Tim Burton. Un cuento que aglutina historias en lo que se asemeja a una especie de antología que vehicula la vida de su protagonista. Big Fish puede ser leída como un canto a la imaginación que, desechando la verdad y lo aburrido de su inmovilismo, juguetea con las mentiras para intentar alcanzar conclusiones válidas sobre el mundo real.
Con un fantástico Ewan McGregor, su director nos regala un viaje de esos que van directos al corazón, cargado de maravillas, sonrisas y melancolía. Su estética la acerca tanto al cuento como sus narraciones, generando un todo que funciona de principio a fin, sumergiendo al espectador en su propia mitología y maridando con acierto el drama y el humor, algo que siempre potencia ambos aspectos. Conmovedora.
9. Harry Potter y el prisionero de Azkaban (2004)

La tercera entrega de la saga de Harry Potter, aparece aquí como el mejor exponente de su paso por el cine, sin embargo, sabemos que en general toda la saga de Harry Potter es asombrosa.
Pero, esta película es la representante de la solidificación de uno de los mundos fantásticos más ricos e interesantes que han dado el salto de los libros a las pantallas en las últimas décadas. Harry Potter es, a día de hoy, un icono pop, una de las marcas más potentes del planeta, y eso se lo debe, en gran parte, a su paso por las salas de cine.
El prisionero de Azkaban es, una de las mejores películas de la saga, un relato que se encuentra restringido, de forma acertada, por los límites de la novela, que incurre en los siempre interesantes bucles temporales a la par que da un paso adelante en cuanto a la iconografía del mundo mágico. La oscuridad impregnada por Alfonso Cuarón sentó las bases de lo que estaba por venir en la saga, consiguiendo un tono muy particular que navega entre el terror y la inocencia, invitando a miles de niños a mirar a la pantalla mientras se tapaban la cara.
10. La vida de Pi (2012)

Un joven hindú llamado Pi, hijo de un guarda de zoo, que, tras un naufragio en mitad del océano pacífico, se encuentra en un bote acompañado de un tigre de bengala con el que fraguará una inesperada relación. La vida de Pi puede considerarse una metáfora de la propia narración, una aventura que recorre la vida y la forma que tenemos de percibirla, interpretarla y contarla.
Ang Lee realiza un ejercicio de puro músculo visual, de fuerza cromática, que golpea al espectador a través de la vista para cautivar su atención e inmiscuirlo en su espectacular mundo onírico. Es el trabajo de un cineasta mayúsculo que sabe sacarle todo el partido a su factura ornamental, que parte de una premisa que podría resultar un escollo para muchos, y la transforma en un trampolín desde el cual saltar a la introspección animada por el poderío técnico de la época. Un hito visual que va mucho más allá.
¿Cuál es tu película favorita de fantasía?

