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1 de marzo 2026

LA HISTORIA: 18 de septiembre: aquella noche cuando Soraya Jiménez ascendió al Olimpo

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Fue agitada la noche de hace 23 años para el deporte nacional; en Sydney, una mujer de nombre Soraya Jiménez se convertía en la primera campeona olímpica mexicana; ái nomás…

Este es el recuento de aquella noche del 18 de septiembre de 2000, cuando en Sydney esta mujer se vistió de oro puro.

Soraya Jiménez, fuerza arrolladora.

Una pregunta entre todas sorprende a Soraya.

Está ante un auditorio de periodistas, ha ganado la medalla de oro, la primera de una mujer mexicana. Ha estremecido al país; enloqueció a un centenar de compatriotas que ondeaba banderas y gritaba ante cada uno de sus levantamientos. Escucha:

–¿Sabe usted, señorita, la trascendencia de lo que acaba de realizar?

Mira la deportista hacia la parte alta del salón. Fotógrafos. Flashazos. En perfecta sincronía cámaras de televisión siguiendo en vivo cada uno de sus movimientos. Tras un breve silencio, su expresión se vuelve infantil ante lo honesto de la respuesta.

–No. No me he detenido a pensar…

Lo hará, minutos más tarde, cuando la euforia se vuelve sinrazón e inicia abruptamente su ingreso a la inmortalidad histórica, a la gloria deportiva, a la pleitesía de una nación entera. Cuando se sucede esto:

No avanza entre la pequeña multitud que la acoge con vehemencia; el espacio se reduce a cada paso hasta hacerla detener. El auditorio para mil personas lucía vacío, hacía unos instantes: un puñado de reporteros cuestionando lo que parecía tan sólo una conferencia de prensa. Peero el acoso sobrepasa los límites tras la última pregunta formal: entre dos grupos se disputan sus primeras palabras, la exclusiva, palabras de oro que preceden al clamor. La pequeña multitud se sumergue en la desmesura y el acoso a la campeona se vuelve violento Trata Soraya de evadirlos, se arropa con una de las reporteras, amiga también, que ráuda busca una salida.

La de emergencia está clausurada; intentan huir, pero…

Medalla de oro.

Está atrapada y se estalla su impotencia. Llora Soraya, aquí, en el Centro de Convenciones de Sydney, acorralada por la voracidad de los comunicadores, la noche del lunes 18 de septiembre de 2000, porque el camino se le oscurece: en esta parte no hay luz y los pasillos se vuelven lúgubres reductos. Solloza porque la salida está tapiada y debe volver, enfrentar a ese electrónico monstruo informativo cuyos representantes se insultan, jalonean, reclaman derechos y pierden compostura. Y ella lo único que quiere es aire fresco. 

Está atrapada.

Pero hay negociaciones, los bandos ceden y los hombres de la televisión otorgan; la calma vuelve. Cada productor demandaba la transmisión de la primera entrevista de Soraya como mujer leyenda. 

Cumple los compromisos contraídos Soraya. Habla. Y ya: libre al fin. 

Respira profundo la campeona en la Bahía; es noche, los mexicanos que estremecieron con el Himno Nacional y la figura de la mexicana a lo alto del podio, cantan al México quince mil kilómetros distante y ondean banderas con ese orgullo que pocos habían saboreado y que causa expectación entre los turistas a la búsqueda de algo de cenar:

¿Mexicana y medallista? -preguntan en todo idioma.

Oro.

¿Una mujer levantando pesas?

En los albores del levantamiento de pesas muchas mujeres, como es el caso de Olga Granados Lara, tuvieron un primer acercamiento con el fisicoconstructivismo. Otra de las precursoras, Aída Servín, incursionó en las competencias de la modalidad levantamiento de poder, como se denominó a aquello que muchos hombres no alcanzaban a entender: la presencia femenina en especialidades, como ésta, que contemplaba entre sus movimientos el bench press, la sentadilla, y el peso muerto. La diferencia con la halterofilia es precisamente lo diferentes de los movimientos, como el arranque y el envión.

Fue Aída Servín pionera en el levantamiento de poder; le siguió Olga Granados, quien, inclusive, en una competencia contra levantadores en la categoría masculina, terminó en tercer lugar ante la incredulidad del público de finales de los años ochenta, pero, sobre todo, de los propios competidores, entonces pertenecientes a la Federación Mexicana de Levantamiento de Poder. Olga, con 52 kilogramos de peso corporal, llegó a levantar 110 en sentadilla, 142.5 en peso muerto, y 60 bench press.

Años más tarde Soraya Jiménez Mendívil entró por primera vez a un gimnasio de pesas y encontró algo de hostilidad. En el mismo equipo del Comité Olímpico debían esperar, ellas, a que los hombres desocuparan los aparatos, amén de miradas de cierto encono. Cada vez más fuerte y más disciplinada, su presencia se hizo cotidiana. ¿Cómo reaccionaron los hombres ante el éxito?

Soraya:

–Siempre hubo mujeres en el gimnasio, pero estuvieron muy rezagadas. Y sucedía que algunos de los muchachos que llegaban a entrenar, si el gimnasio estaba lleno, llegaba y quitaba a una mujer. ¡Y lo peor es que el entrenador lo permitía! Y ahora no. Ahora si no llegaste a tiempo y no conseguiste tarima, pues te esperas. O sea: aquí ya todos somos iguales. Ahora ellos dicen: “no, pues nos quitaron el apoyo”. Y no eso no es cierto, no se les quitó, ellos mismos se fueron conformando con los pocos resultados que tuvieron, Dijeron, si siempre vamos a estar viajando, para qué subo, ¿no? Y ese fue el problema.

A ellos, debía demostrarles.

Soraya:

–A ese campeonato mundial fueron dos hombres por parte del COM y terminaron en los sitios 36 y 34, y yo terminé dentro de las mejores diez, como me lo exigieron. Así que al regreso les dije: “Miren: a mi no me pagaron nada, y aquí están los resultados”. A partir de esa fecha empezamos a viajar casi equipo completo de mujeres, pagadas ya por el Comité. Finalmente se nos abrieron las puertas.

Hay mucho de orgullo en lo que relata. Mucho de planes cumplidos. De emoción.

–…Y este, bueno, pues empezamos a entrenar, con muchas más ganas. A partir de eso se fueron rezagando los hombres. Porque entonces ya era parejo: apoyos y exigencias a hombres y a mujeres, pero empezamos a tener más resultados las mujeres. Comenzaron a quitar a los hombres y el apoyo era para nosotras.

En 1998, cuando me informaron que ya estaban las pesas en los Juegos Olímpicos, me dije: “Esa es mi meta”.

Pero antes, debía conocer Maracaibo.

 Sus propios límites, nuevos obstáculos; consecuencias.

Incrementó las cargas de trabajo, rumbo a los Juegos Centroamericanos; los Juegos del Sol: 45 grados por las noches.

¿A qué se va a Maracaibo? –le preguntaron cuando el presidente Ernesto Zedillo abanderó al grupo, en Los Pinos.

La respuesta, invariablemente, fue: a refrendar nuestro segundo sitio en el área. A ver cuánto nos podemos acercar a los cubanos. A estar por encima de Venezuela y Colombia.

Para Soraya –quien viajó con una lesión en la rodilla–, los Centroamericanos “son un reto entre el ya amplio calendario de competencias que tenemos. Esta será la primera vez que asisto a unos Juegos y me han dicho que son, además de grandes competencias con lo mejor que hay en la región, una buena oportunidad para hacer amigos, para convivir con la gente que se dedica a lo mismo que tú: al deporte”.

Pocos lo sabían, pero viajó con molestias y dolores.

Soraya:

–Una semana antes de los Centroamericanos yo estaba de campamento en Mérida. Ya había terminado la práctica; estaba charlando, me senté en una silla y se me trabó la rodilla. Entonces le dije a una amiga: “Destrábamela”. Y lo quiso hacer pero nada y nada… y me dolía mucho. Me llevaron al hospital y fue peor. Le hablé a mi papá y le dije “localízame al doctor, ¡pero ya!”, y me ubicó a los dos ortopedistas que me atendían. Y por teléfono ordenaban: “Que te hagan así y te hagan asá. Que te pongan una inyección debajo de la rodilla para que relaje: no te vayan a reventar… No. Mejor que no te hagan nada”. “Saben qué olvídelo”, les dije. “Ya me rompieron algo”: fue el menisco. Me pidieron que volviera a México “en el primer vuelo que encuentres”. Regresé, me hicieron unos estudios, y ahí mismo me dijeron tu menisco está roto y tu ligamento cruzado está desgarrado. No vas a poder competir. “Cómo no”, atreví. “No me interesa, inyéctenme, hagan algo, pero tengo que competir”. “Es muy arriesgado, se te puede fracturar el ligamento cruzado y ahí sí pierdes todo”. “Pues me la juego”.

Y se la jugó.

–Me fui a los Centroamericanos. El doctor Rafael Ornelas me hizo una infiltración y me dijeron pues “hazte un vendaje así y así y asado” y yo a Maracaibo llegué como diez días antes de mi competencia. Esos diez días nada más fueron para mantener. Porque era un dolor impresionante. Y me decía mi entrenador, “con qué peso vamos a empezar”. “Pues con lo mismo”, le decía. Como estaba, pensé, no vamos a bajar marcas; no nada. Afortunadamente salió todo muy bien; obviamente al terminar la competencia tenía la rodilla destrozada. Llegué a México y me volvieron a hacer un estudio y me dijeron “traes una perforación de la rótula al cincuenta por ciento de su tamaño”. Me dijo el doctor, “ya ni camines. Ya nada porque si te llegas a tropezar, te llegas pegar o a caer, tu rótula se parte en dos”. Y al otro día me metieron a quirófano y me operaron. No había de otra.

Se la jugó.

–Sí. Es que no podía dejarlo pasar… Es como a cualquier persona, ¿no?, que se está preparando para algo y le dicen, por equis razón no vas. Y dije: no me interesa, pero tengo que ir, Afortunadamente no me pasó nada y me fue muy bien. Es algo con lo que uno aprende a vivir: con los dolores. Ya estando en la competencia lo que quiere uno hacer es subir, levantar; hacer lo mejor.

(En los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Venezuela, se alzó con las tres medallas de oro y con récords de la competencia al levantar en arranque 80 kilogramos, en envión 102.5 y en total 182.5.)

Soraya:

–Para el 98, rumbo a los Centroamericanos, trabajamos muy fuerte, todo el equipo, y bueno, desgraciadamente no hubo el resultado que se esperaba. Porque esperábamos más: llegábamos un equipo para que la mayoría sacara medallas, desafortunadamente por movimientos medio extraños. Cosas raras que sucedieron en la competencia, raras porque no sabemos hasta la fecha lo qué pasó con algunas competidoras que iban para medallas y se pensaban ellas retirar de las pesas con una medalla y finalmente, se fueron muy decepcionadas.

–¿Cosas raras?

–Raras. Situaciones extradeportivas: en la competencia habían perdido un levantamiento cuando no tenía que ser, sobre todo con la persona que las estaba llevando, con mucha experiencia. Sucedieron cosas que ni hablar. El equipo era muy bueno, la unión era muy buena, también. No sabemos qué pasó.

A ella: tres áureas medallas, récords Centroamericanos y una lesión. Apenas a una semana de los Juegos en Venezuela, donde compitió con los meniscos rotos a consecuencia de una lesión durante un campamento en Mérida, fue intervenida quirúrgicamente.

El orgullo pendía en triple presentación sobre su pecho: oro, oro, oro.

 Winnipeg, 1999. Juegos Panamericanos.

(Canadá 3° lugar: 190 kilogramos. Su mejor marca).

–Para los Panamericanos gané bronce. Pero pienso que me robaron la de plata; hubo un error de apreciación: un juez canadiense dio el levantamiento malo, pero él nunca tuvo el valor, o no sé, de decir en la mesa de jueces que se había equivocado y que el levantamiento era bueno. Me dijo: “Estamos en casa y no lo puedo decir”. Bueno gracias, para mí el trabajo que había hecho, se me había caído. Pensé: “ya nos veremos en otras competencias”. Esa vez ganó la canadiense Maryse Turcotte. Afortunadamente un año después la vencí por diferencia de 10, 15 kilos, en la Copa Norceca. Me preparé duro, muy duro, y desde esa competencia me prometí vencerla. Trabajé desde que me dijeron que ya estaba nuestro deporte en los Juegos Olímpicos. Me dije: “Esto es lo que yo quiero”; y adelante.

* * *

Bulgaria.

Gana oro y respeto Soraya en Bulgaria… Soraya Jiménez se recupera de una intervención quirúrgica en Bulgaria … No fue necesario el uso de la silla de ruedas. Desde Bulgaria, Soraya Jiménez confirma que la operación fue un éxito y que su recuperación marcha… Soraya Jiménez viajará a principios de la próxima semana a Bulgaria acompañada por su entrenador Gheorgui Koev, quien considera… Soraya Jiménez en este año alcanzó 205 durante su campamento en Bulgaria… Los pocos que la conocen no niegan que a Soraya la han aplaudido más en Bulgaria, país que incluso le ofreció naturalizarse, que en México…Soraya realiza un campamento en Bulgaria y compitió con el equipo local en un dual meet… La campeona olímpica de halterofilia viajó rumbo a

Kitten, Bulgaria, donde realizará una concentración de cuatro meses…

–Un entrenador búlgaro llegó a México en el 98 y yo comencé gracias a esto, a hacer concentraciones en Bulgaria, viajé por Europa casi todo este año; estuve viviendo en Sofía, estuve en Sosopol, cerca del Mar Negro. Muy bonito. Son experiencias muy bonitas, muy padres. Afortunadamente he tenido tiempo de conocer; quizá no lo que yo quisiera, pero sí conocer el país donde estoy, un poco su cultura… Y se da uno cuenta de que en México y en muchos países estamos increíblemente bien. Y qué bueno: México es un país hermoso, a pesar de lo que digan muchos; a pesar de la contaminación, de la inseguridad y la pobreza. He conocido países muy bonitos con una cultura muy padre, también.Uno de ellos, quizás es el sitio que más me gusta, es Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. A mi me encantó la naturaleza. Y hay un punto en el que te dicen: “Este es el Pacífico y éste el Atlántico: Y tú, en el medio de ambos, separados apenas por una porción pequeñísima de tierra”.

(A veces se llega a sentir soledad, llegan momentos en que, sobre todo con el cansancio y la presión, sí, te dan ganas de claudicar, pero siempre tuve apoyo de esa gente, la de Bulgaria, mis amigos, mi fisiatra, la familia de mi fisiatra, nunca tuve la necesidad de decir: ya me voy ya no aguanto, estoy muy sola, para nada.)

–Nunca se encontró con eso que les pasa a los atletas; que alguien, alguna vez, dijera: “A qué vas a los Juegos Olímpicos. ¡Vas a perder!”

–…Nunca. Nunca me pasó; de hecho, la gente que estuvo conmigo, cuando viví en Bulgaria estuvieron en contacto. Me hablaban amigos con los que yo empecé en el gimnasio, o en el club; “échale ganas, sabemos que puedes, no te presiones”, me animaron, siempre recibí el apoyo de todos.

Bulgaria.

–Estoy agradecida con ese país que me recibe siempre con los brazos abiertos y como si estuviera en mi propia casa.

* * *

Ya. Sydney. 18 de septiembre. Auditorio pleno de escándalo y algarabía.

(Tiene destinatario el par de besos que anteceden a cada levantamiento: Tomás Mendívil, el querido abuelo, recientemente muerto. Hasta lo alto de su pequeño cuerpo eleva Soraya Jiménez un peso total de 222.5 kilogramos, se impone a la coreana Hui Ri Song y a la tailandesa Kasharaporn Suta y se convierte en la primera competidora mexicana que conquista una medalla de oro olímpica)

De espaldas a la barra contiene el aliento. Piensa en él, en el abuelo. En sus humildes manos de labriego, en sus consejos.

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