
Cuando Claudia Sheinbaum tome posesión como presidenta de México el próximo martes, heredará una serie de conflictos diplomáticos dejados por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Entre las tensiones más notables se encuentran las relaciones deterioradas con Ecuador, España y Perú, así como el impacto de la limitada proyección internacional del país durante el sexenio anterior. Además, Sheinbaum deberá enfrentar un escenario de creciente incertidumbre debido a las próximas elecciones en Estados Unidos.
“En política exterior, Sheinbaum deberá resolver varios problemas clave que requieren atención inmediata y una estrategia diplomática clara”, señala José Joel Peña, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Entre los desafíos más urgentes que menciona el experto están la necesidad de restaurar las relaciones con países con los que México ha mantenido una distancia o ha experimentado fricciones en los últimos años, como Ecuador, Perú y España.
La reciente fricción con España se intensificó esta semana cuando Sheinbaum no incluyó al rey Felipe VI en la lista de invitados a su ceremonia de investidura. Esto parece ser una continuación de la “pausa” en las relaciones diplomáticas que López Obrador declaró en 2022, tras haber solicitado en 2019 que España se disculpara por los abusos cometidos durante la Conquista, una petición que nunca fue respondida.
Otro conflicto relevante es la demanda que México presentó ante la Corte Internacional de Justicia en abril pasado contra Ecuador, después de que las autoridades ecuatorianas intervinieran en la embajada mexicana en Quito para arrestar al exvicepresidente Jorge Glas, lo que provocó la ruptura de las relaciones bilaterales.
En el caso de Perú, las tensiones surgieron después de que López Obrador calificara como “espuria” a la presidenta Dina Boluarte, luego de la destitución de Pedro Castillo tras un intento fallido de autogolpe en diciembre de 2022. Esta situación afectó negativamente la Alianza del Pacífico, un bloque económico que incluye a Chile y Colombia.
Sheinbaum deberá abordar estos conflictos diplomáticos heredados mientras define su propia agenda en política exterior, buscando un equilibrio entre la recuperación de relaciones internacionales y la adaptación a un panorama geopolítico en constante cambio.

