
Chihuahua,Chih.- Hoy 26 de febrero nos encontramos a la mitad de dos fechas relacionadas con la mujer. El pasado 11 de febrero el mundo conmemoró el día Internacional de la Mujeres y las niñas en la Ciencia, una fecha que reconoce la contribución de las mujeres en la generación de conocimiento científico y tecnológico, esta participación es importante porque aporta diversidad, nuevas perspectivas y talento tratando de lograr una sociedad más equitativa en cuestión de género.
Voy a contar dos historias de entre muchas de mujeres en la ciencia, que tuvieron que luchar por su reconocimiento: Marie Curie, al rededor de los años de 1903, fue la primera persona en ganar dos premios Nobel en distintas disciplinas (Física y Química), pero, a pesar de sus logros, no pudo ingresar a la Academia de Ciencias de Francia por ser mujer.
Décadas después, en 1951, Rosalind Franklin tomó la famosa “Fotografía 51”, una fotografía clave para descubrir la estructura del ADN, pero su trabajo fue utilizado sin reconocimiento por Watson y Crick, quienes en 1962 obtuvieron el premio nobel de medicina gracias a al trabajo desarrollado por Rosalind Franklin sin otorgarle el reconocimiento.
Estos casos reflejan cómo la ciencia solía excluir a las mujeres, pero hoy su papel es fundamental y a pesar de que se trata de tener pariedad entre hombres y mujeres, aún queda una brecha por trabajar.
El Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (antiguamente Conahcyt, ahora Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, Secihti)) durante el 2024 se aprobaron 8 mil 750 solicitudes.
De éstas, en el nivel Candidato se encontraban 1061 mujeres y 1159 hombres, situación relativamente equilibrada, sin embargo en el nivel 1, se promovieron 1686 mujeres contra 2453 hombres en donde la diferencia comienza a ser más notoria. La brecha se sigue agrandando conforme avanzan los niveles, pues apra el nivel 2 solamente fueron 550 mujeres contra 947 hombres; en el nivel 3, solo 116 mujeres investigadoras y 258 hombres.
Esta situación pudiera deberse al hecho de que, ¿la mujer, a demás de ser investigadora regularmente es quien cuida a los hijos, realizar tareas domésticas y aún luchar con estereotipos sociales?
Bajo el mismo contexto, el 8 de marzo se conmemora el día internacional de la mujer, día que se recuerda la contienda por la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres. En este contexto, ser mujer y dedicarse a la ciencia, tomando la voz de muchas mujeres de las ciencia de la cultura física, representa un desafio que implica conciliar las barreras persistentes, pero con la determinación y la pasión por aportar conocimiento a un estilo de vida saludable a la sociedad.
Históricamente, la presencia de mujeres en el ámbito de la Ciencia del Ejercicio y la Cultura Física ha sido minimizada o poco reconocida. Sin embargo, cada vez más mujeres logran destacar y abrir camino en este campo.
Ejemplo de ello es la Dra. Maria José Gonzalez Ravé, investigadora española reconocida en fisiología del ejercicio y entrenamiento deportivo, cuyos estudios han contribuido significativamente a la comprensión del rendimiento físico y la adaptación al entrenamiento. En México, la Dra. Rosa María Rodríguez González ha impulsado la investigación en biomecánica y rehabilitación deportiva, demostrando que la mujer puede desempeñarse con excelencia en este ámbito.
Pero la lucha por la equidad no es solo cuestión de méritos académicos o científicos, sino también de conciliación de responsabilidades. La conciencia y apoyo de los hombres se encuentra en incremento, pues cada vez son más los hombres involucrados en coadyuvar con las treas del hogal y ejerciciendo una paternidad responsable lo cual brinda responsabilidad y apoyo en todos los aspectos que se desarrollan en la sociedad.
Las mujeres científicas no solo enfrentamos el desafío de la investigación y la docencia, sino que también llevamos la carga de la crianza y el hogar. La sociedad aún espera que cumplamos con roles tradicionales mientras nos exigimos al máximo en nuestras carreras.
Esto se traduce en dobles o triples jornadas laborales, donde el cansancio físico y mental se vuelve una constante. La pregunta es inevitable: ¿podemos con todo? La respuesta es clara: no podemos hacerlo solas y no deberíamos tener que hacerlo solas. Es imperativo que la sociedad y las instituciones académicas implementen políticas que favorezcan la equidad y el balance entre la vida personal y profesional.
El reconocimiento a las mujeres en la ciencia de la Cultura Física es fundamental para inspirar a las nuevas generaciones a romper estereotipos y participar activamente en la investigación y la docencia.
Es crucial visibilizar modelos a seguir y fomentar espacios de igualdad que permitan la participación equitativa de mujeres en la generación de conocimiento científico. Necesitamos más programas de apoyo, más redes de mentoría y más acciones que promuevan la inclusión de las mujeres en la ciencia del ejercicio, la fisiología deportiva y la salud.
Este 8 de marzo, además de conmemorar la lucha histórica de las mujeres por la equidad, también debemos reafirmar nuestro compromiso con el reconocimiento y la inclusión de las mujeres en la ciencia.
Porque no es suficiente con abrir puertas, es necesario que se mantengan abiertas para todas aquellas que vienen detrás de nosotras. La mujer puede y debe estar en la ciencia, pero no sola, sino con el respaldo de una sociedad que valore su papel y su aporte en la Cultura Física y en todas las áreas del conocimiento.

