
H. Cd. de Chihuahua.- La madrugada de este 21 de abril, el Vaticano anunció el fallecimiento del Papa Francisco, líder de la Iglesia católica desde 2013 y el primero en provenir de América Latina. Jorge Mario Bergoglio, su nombre de nacimiento, murió a los 87 años, tras haber enfrentado varios problemas de salud en los últimos años, pero con un legado que transformó la visión del papado en el siglo XXI.
Nacido en Buenos Aires, Argentina, el 17 de diciembre de 1936, Bergoglio fue hijo de inmigrantes italianos y antes de iniciar su camino religioso, estudió química. Ingresó a la Compañía de Jesús en 1958 y fue ordenado sacerdote en 1969. Su sencillez, vocación por los pobres y su estilo pastoral cercano lo distinguieron desde entonces.

En 2001 fue nombrado cardenal por el Papa Juan Pablo II y, tras la renuncia de Benedicto XVI, fue elegido como el 266º Papa de la Iglesia católica el 13 de marzo de 2013. Tomó el nombre de Francisco en honor a San Francisco de Asís, marcando desde el inicio su deseo de una Iglesia humilde, solidaria y más humana.
Durante su pontificado, el Papa Francisco impulsó reformas internas en el Vaticano, promovió una visión más compasiva hacia temas sociales como la migración, la pobreza, el medio ambiente y los derechos humanos. Publicó importantes encíclicas como Laudato Si’, sobre el cuidado de la casa común, y Fratelli Tutti, sobre la fraternidad universal.

Aunque su liderazgo no estuvo exento de críticas por parte de sectores más conservadores, Francisco fue reconocido por su cercanía con las personas, su lenguaje claro, su apertura al diálogo interreligioso y su lucha contra la corrupción dentro de la Iglesia.
Hoy, el mundo despide a un Papa diferente: un líder espiritual que apostó por una Iglesia en salida, más humana y comprometida con los más necesitados. Su figura trasciende fronteras y credos. Como él mismo escribió en una ocasión: “La fe no es una luz que disipa todas nuestras tinieblas, sino una lámpara que guía nuestros pasos en la noche.”
Descanse en paz, Papa Francisco.
