
Cuando pensábamos que el horror ya habĂa alcanzado su cĂşspide con los 383 cuerpos almacenados sin respeto ni dignidad en un crematorio clandestino, aparece una nueva escena de espanto, casi sacada de una novela de terror: un cadáver retenido por casi 18 dĂas en una funeraria. AsĂ, con todo el descaro y el desprecio por el dolor ajeno. Lo increĂble no es solo que suceda, sino que siga sucediendo, con el mismo patrĂłn, en la misma ciudad, con las mismas funerarias ligadas al crematorio y nuestras autoridades que fingen no ver y con un sistema que simplemente no reacciona hasta que los medios lo exhiben.
No es un error administrativo, es profanación institucionalizada. Lo acontecido en la Funeraria del Carmen es solo la punta del iceberg de un sistema funerario podrido hasta la médula. ¿Cuántos cuerpos más estarán secuestrados en bodegas mientras las familias claman por una inhumación digna? Esto ya no es negligencia, es un abuso descarado ante la ausencia de una trazabilidad impuesta por las autoridades.
La detenciĂłn del encargado de la Funeraria del Carmen es, sin duda, una medida necesaria. Pero no podemos quedarnos ahĂ. Esto no es un caso aislado. Es el reflejo de una cadena de negligencias, vacĂos legales y complicidades institucionales. ÂżCuántos cuerpos más se quedan olvidados, almacenados o abandonados porque las funerarias están más preocupadas por cobrar que por cumplir su funciĂłn humana y legal?
Y mientras los muertos no descansan, los vivos no tienen paz. La violencia sigue tejiendo su red de muerte en Juárez.La guerra entre el Nuevo Cártel de Juárez, La LĂnea, el CDS, los Cabrera y los Artistas Asesinos es cada vez más evidente y más violenta. Los cárteles operan con la insolencia de quien sabe que las autoridades llevan años jugando al gato y al ratĂłn… sin gato. Cada balacera, cada ejecuciĂłn, cada narcomensaje es un recordatorio: Juárez lleva dĂ©cadas gobernada por las balas, no por las instituciones.
Balaceras en horas pico, cuerpos desmembrados, amenazas, ejecuciones masivas. Juárez no es solo campo de batalla, es tablero de una guerra por la plaza, y cada uno de nosotros somos piezas desechables.
La pregunta es: ¿dónde están las estrategias del gobierno? ¿Dónde están los programas de inteligencia, los patrullajes preventivos, las mesas de seguridad funcionales? Porque si hay algo que sà avanza con velocidad, son los aranceles que se nos vienen encima del otro lado de la frontera.
Y como si faltara algo Estados Unidos ya advirtiĂł: si MĂ©xico no frena el flujo de narcotraficantes, el castigo será econĂłmico, con un arancel del 30%. SĂ, 30%. Una medida que no solo pone en jaque al comercio bilateral, sino que podrĂa desestabilizar miles de empleos en la frontera. Porque para ellos, si no podemos parar a los narcos con balas, lo harán ellos con tarifas.
Y mientras tanto, en la pasividad burocrática, seguimos contando muertos, acumulando cadáveres, y viendo cómo nos cobran por no poder enterrar a nuestros muertos… ni frenar a nuestros demonios.
EpĂlogo: El paĂs del “ya casi”
Entre funerarias que juegan a esconder muertos, cárteles que se disputan plazas como si fueran territorios feudales, y amenazas económicas que siempre caen sobre los mismos, México sigue siendo ese lugar donde las soluciones llegan tarde, mal o nunca. Hoy la pregunta es inevitable: ¿Qué tiene que pasar para que esto cambie? ¿O ya todos aceptamos que nunca cambiará?