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31 de agosto 2025

Retrato de María Félix pintado por Diego Rivera: entre el rechazo de “La Doña”, la devoción de Juan Gabriel y la sombra de César Duarte

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La historia de un retrato pintado por Diego Rivera a María Félix en 1949 se ha convertido en una de las leyendas más enigmáticas del arte mexicano, marcada por el desencuentro entre musa y artista, la obsesión de un ídolo de la música y las sospechas que vinculan a un exgobernador acusado de corrupción.

En pleno apogeo de su carrera, Diego Rivera decidió inmortalizar a María Félix, considerada en ese momento la actriz más célebre y poderosa del cine mexicano. La pintó con un vestido de encaje, dejando al descubierto gran parte del busto, como un homenaje a su belleza. Sin embargo, la pieza provocó la molestia de la actriz sonorense.

En una entrevista con Jacobo Zabludovsky, Félix recordó su disgusto:

“Yo quería que me pintara de Tehuana, pero dijo que era muy vulgar. Entonces me pintó como él quiso, el muy vulgar”.

Molesta con lo que consideraba una imagen sexualizada de sí misma, “La Doña” incluso ordenó cubrir la zona del escote con cal, modificando el lienzo a espaldas del muralista. El gesto derivó en un distanciamiento entre ambos, que marcó para siempre la memoria de la obra.

Tras convivir un tiempo con el retrato, María Félix terminó vendiéndolo al médico José Álvarez Amézquita. Posteriormente, la pieza pasó de mano en mano hasta llegar a uno de los admiradores más devotos de la actriz: Juan Gabriel.

En la década de los setenta, el “Divo de Juárez” pagó alrededor de 15 millones de pesos por la pintura y la instaló en su residencia de Las Vegas. Para el cantante, Félix no solo era un referente estético, sino un símbolo espiritual, al punto de dedicarle canciones y evocarla en múltiples ocasiones.

Durante años, el cuadro permaneció como parte de la colección privada de Juan Gabriel, lejos de los reflectores y de la polémica inicial que lo acompañó.

El destino de la pintura volvió a la incertidumbre en 2016, cuando Juan Gabriel falleció y comenzó la disputa por su herencia. En medio de los litigios sobre bienes y propiedades, el retrato de Rivera desapareció de los inventarios. Nadie pudo confirmar si quedó en poder de los herederos, si fue vendido en el mercado negro o si el cantante lo había obsequiado en vida.

En 2020, Guillermo Pous, abogado que llevaba asuntos relacionados con el patrimonio del intérprete de Amor eterno, sorprendió al declarar que existían indicios de que el cuadro estaba en manos del exgobernador de Chihuahua, César Duarte Jáquez.

La revelación sacudió tanto al ámbito cultural como al político. Duarte, que gobernó Chihuahua entre 2010 y 2016, fue acusado de peculado y desvío millonario de recursos públicos. Fue detenido en Miami y extraditado a México, y en Estados Unidos enfrentó cargos por presunto lavado de dinero.

Aunque en junio de 2025 una corte en El Paso, Texas lo absolvió por falta de pruebas, en México todavía enfrenta procesos legales. La posibilidad de que posea una obra de Diego Rivera —regalo, supuestamente, de su amigo Juan Gabriel— añade un matiz polémico a su ya controvertida trayectoria.

Hasta ahora, el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), encargado de registrar y proteger el patrimonio artístico del país, no ha confirmado oficialmente la ubicación del retrato. Tampoco existe constancia pública de que el cuadro forme parte de colecciones privadas registradas en el país.

Lo que sí queda claro es que el lienzo que unió a tres personajes icónicos de México —Diego Rivera, María Félix y Juan Gabriel— continúa envuelto en misterio, atravesando décadas de secretos, disputas y rumores. Hoy, el retrato sigue sin aparecer ante los ojos del público, alimentando la leyenda de una obra que parece condenada a la polémica.

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