El terror viaja en audios de WhatsApp
Ciudad Juárez volvió a temblar, no por balas, sino por audios que corren como pólvora en WhatsApp. Voces anónimas advierten de toques de queda, órdenes de quemar negocios y levantar gente en plena calle. Aunque nada se confirme, el efecto es inmediato: terror colectivo, familias encerradas y tiendas bajando cortinas antes de tiempo.
El rumor digital es una pólvora muy efectiva. Estos mensajes, sin confirmar, se convierten en un arma que desata el pánico colectivo y convierte a la desinformación en el verdadero enemigo. La ciudadanía merece seguridad, no cadenas de terror disfrazadas de “alerta roja”.
Estos mensajes se han vuelto un arma silenciosa y letal: paralizan la ciudad sin disparar una sola bala. La desinformación ya no solo acompaña a la violencia, la antecede, la anuncia y la multiplica. Y mientras la autoridad calla o titubea, el miedo toma el control de las calles.
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Cartoncillos que abren la puerta a la inseguridad
En Chihuahua llevamos ya varios meses sin que se entreguen placas metálicas, solo cartoncillos que más que provisionales parecen invitaciones al caos, así lo hizo saber El presidente de la (AMDA) Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores en Chihuahua, Antonio Moisés Morales, Cada automovilista con un papel en el parabrisas se vuelve sospechoso, fácil de detener por los agentes y, peor aún, un blanco para la delincuencia que aprovecha la confusión para moverse sin control.
La falta de láminas no es un simple trámite pendiente, ni es la primera vez que sucede, es un agujero en la seguridad vial y ciudadana. Urge resolverlo, porque mientras la autoridad improvisa, la calle se convierte en tierra de nadie y además súmele que con esos cartones, los automovilistas no pueden salir del estado, menos ir de Shoping a La Ross de El Paso.
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Que bonita familia
En Chihuahua pasan cosas que parecen sacadas de una película. Resulta que un juez de control de nombre, Juan Carlos Erives Fuentes, le cambió la sentencia de prisión a semilibertad a un hombre sentenciado a *muchos* años de encierro por los delitos de secuestro agravado, y para colmo, es familiar de la magistrada del tribunal de disciplina Nancy Escárcega. De inmediato, la jueza salió a decir en redes y whats App que ella no tuvo nada que ver.
El detalle es que, aunque jure y perjure que no metió mano, la coincidencia huele feo. Porque acá todos sabemos que cuando se trata de gente común, la ley cae con todo su peso, o sea pues, ni por casualidad se van a equivocar para que alguien obtenga su libertad así como así; pero cuando hay apellidos de peso, la puerta de atrás siempre está abierta.
La magistrada dice que defiende la justicia y la transparencia, pero mientras la gente ve cómo un pariente suyo se va a casa en vez de quedarse 120 años en la cárcel, lo que queda claro es otra cosa: en Chihuahua, la justicia no solo se aplica, también se acomoda… sobre todo si hay familia de por medio.
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“Toma chocolate, paga lo que debes”
Ricardo Salinas Pliego vuelve a estar en su papel favorito: el de millonario perseguido injustamente… pero esta vez no por el SAT, sino por un juzgado en Nueva York. Y como buen magnate con alergia a las rejas, sacó la chequera y soltó 25 millones de dólares de fianza para evitar que lo esposaran.
Claudia Sheinbaum, con esa calma de quien sabe que la bomba ya estalló, fue clarita: “Es una defraudación”. Ni persecución, ni complot, ni cuentos de libertarios: simple y llanamente, fraude.
El caso huele a manual de Salinas: vender una telefónica cargada de deudas fiscales como si fuera pan caliente y después hacerse el ofendido cuando le cobran la cuenta. El mismo libreto de siempre: privatizar ganancias, socializar deudas, y twittear como si fuera víctima.
Lo patético es ver a quien presume ser “empresario ejemplar” tener que pagar fianzas millonarias para no pisar la cárcel. Porque al final, aunque en México lo traten con guantes de seda, en Estados Unidos no se comen su show.
Sheinbaum le dejó la frase que duele más que una auditoría sorpresa:
“Toma chocolate, paga lo que debes.”
Y sí, Ricardo: ni con tu sarcasmo de Twitter puedes endulzar la amargura de esa verdad.

