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Heroica ciudad de Chihuahua, Chih. México
30 de mayo 2026
12:10 pm

Construcciones “mágicas”, dinero sin rumbo y cables por fin fuera del aire

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Vea usted qué sinvergüenzada: el Cabildo, en una sesión que debió ser un circo de prestidigitadores, dio luz verde a la construcción – si leyó usted bien – de la Torre Centinela en el Centro Histórico, un mastodonte de 4,378 metros cuadrados con seis niveles de estacionamiento, un sótano y hasta helipuerto en la azotea, todo sobre un terreno que ya bullía de actividad antes de que el papel lo bendijera. Apenas la autorizaron ayer

La Comisión de Desarrollo Urbano, con Claudia Morales Medina al frente, modificó la zonificación para permitir esta mole que, según ellos, “detonará” el primer cuadro con inversiones privadas que ya hacen fila como clientes en taquería popular.

Qué conveniente: los dueños construyen primero con licencia de obra y luego piden el visto bueno. Estos regidores estan aprobando construcciones “a toro pasado”, como esos locales en Gómez Morín que ya están listos sin un papel que los respalde.

Esto no es un lapsus; es un sistema que premia al audaz y castiga al cumplidor, donde el dinero mueve la pluma antes que la ley. ¿Por qué no priorizar permisos que prevengan construcciones piratas en lugar de bendecirlas después?

En serio, uno no sabe si reír o llorar. Esto es una joya del urbanismo juarense: primero se construye, luego se aprueba. Y mientras tanto, ¿dónde quedan los reglamentos, las normas, las inspecciones, la autoridad?

Parece que en Juárez la legalidad es un trámite decorativo, algo que se firma cuando ya no queda remedio. Lo peor es que se normaliza. El mensaje es claro: haz lo que quieras, total, al final te regularizan.

Y si las torres se aprueban solas, el engomado ecológico de Cruz Pérez Cuéllar se le para en seco gracias a un exhorto del Congreso estatal que pide suspender de inmediato y permanentemente el cobro y las multas derivadas, un freno a una política recaudatoria que ha exprimido bolsillos desde 2023 como si fuera un impuesto al aire que respiramos.

La diputada Xóchitl Contreras Herrera, del PAN, lideró el Punto de Acuerdo que tundió el esquema: con 850 mil vehículos en el padrón y $339.48 pesos por engomado, el potencial es de $288 millones, más multas de hasta $3,394 que suenan a robo con chaleco reflectante. Hasta el 29 de septiembre, ya van 211 mil tramitados y más de 71 millones 630 mil 280 pesos en la caja, pero ¿dónde está la transparencia? Ni rastro de cómo se usan en reforestación o riego para El Chamizal, ese parque federal que se seca con 350 árboles muertos sin que nadie los retire por un decreto que paraliza todo.

Qué conveniente: el engomado se vende como “conciencia ambiental” pero recolecta como un cazador implacable. Contreras Herrera lo dejó claro: otros municipios no lo aplican, y en Juárez, estas multas son desproporcionadas e injustas.

El exhorto exige destinar los fondos a parques abandonados y bienestar familiar, no a arcas que se inflan sin rendir cuentas. Esto es un golpe al corazón de la gestión de Pérez Cuéllar: Si los 71 millones no se transparentan, el engomado no es verde; es rojo de vergüenza.

Y para no cerrar en la opacidad de nuestra ciudad, por fin alguien se echa este trompo a la uña: el municipio inicia preparativos para retirar cables en desuso y reorganizar los tendidos aéreos, un convenio con la Cámara Nacional de la Industria Electrónica, de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información (CANIETI) que involucra a Izzi, Telmex y Megacable para limpiar el cielo juarense.

El regidor Alejandro Acosta anuncia que empezarán en vialidades principales y zonas de alto tránsito, con dos fases: primero, sacar los cables muertos que cuelgan como telarañas olvidadas; segundo, reorganizar los activos que no cumplen estándares, evaluando para un futuro subterráneo.

Adicionalmente, limpian camellones, rehabilitan banquetas y mejoran parques, coordinando con las empresas para que el caos de cables no interfiera en el tránsito ni el paisaje urbano. Qué alivio, porque en Juárez, el cielo es un enredo de hilos que parecen un nido de avispas, con riesgos de accidentes y un aspecto que grita descuido.

Esperemos que no sea llamarada de petate, porque toda la ciudad es un asco por los aires: cables que caen con el viento, que enredan postes y que convierten avenidas en junglas eléctricas. Acosta, con su convenio próximo a firmar, promete monitoreo constante para mantener los tendidos en orden, un paso que podría transformar el skyline de Juárez en algo limpio, seguro y moderno.

Bien por este arranque, pero que sea permanente: Juárez necesita un cielo despejado, no solo para las drones del futuro, sino para que los juarenses respiren sin que un cable suelto les recuerde el desorden que reina abajo.

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