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Heroica ciudad de Chihuahua, Chih. México
3 de marzo 2026
4:53 am

¿A poco no son fregaderas? | Aunque vaya a Roma… no sube | ¿Y qué? ¿Nos cruzamos de brazos?| “Le jugó al vivo”

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¿A poco no son fregaderas?

A ver, ¿a poco no son fregaderas? Toda una vida frente a un salón, formando generaciones, cargando pizarrón, borrador y un salario que nunca fue precisamente de lujo… y ahora resulta que quienes dieron décadas de servicio a la UACH tienen que plantarse frente al Palacio de Rectoría para exigir algo tan básico como que se respeten sus derechos.

Porque no fue un regalo, no fue un favor. Ese fideicomiso creado en 1994 nació para compensar lo que la Universidad no cubría; que al momento de jubilarse los maestros no solo se llevaran el sueldo base, sino también las prestaciones que justamente habían trabajado. Eso no lo puso ningún rector de su bolsa, no salió de rifas ni colectas; salió de acuerdos, de compromisos y de una planeación que hoy, convenientemente, se “concluye”.

¿Y quién paga esa decisión?
El maestro jubilado.
El que ya no puede regresar a trabajar para reponer el ingreso.
El que hoy ve caer hasta un 33% de su salario mensual.

Pero qué fácil se dice desde escritorio; “ya se terminó el fideicomiso”. Qué sencillo firmar documentos mientras otros hacen cuentas para ver si alcanzan para medicinas, para la luz, o para apoyar a un nieto.

Hoy los jubilados lo dejaron clarito;
“Nuestros derechos no se negocian” ¡Y tienen razón !Los derechos no se recortan, no se ahorran, no se reestructuran cuando conviene… se cumplen.

Porque si una institución formadora presume valores, ética, excelencia y humanidad, empieza por respetar a quienes la hicieron grande ¡sus maestros!

Nomás falta que ahora también les pidan paciencia.
Paciencia para vivir con menos.
Paciencia y coman solo dos veces al día.
Paciencia para aguantar injusticias.

¿A poco no son fregaderas?
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Aunque vaya a Roma… no sube

Hay viajes que sirven para relanzar perfiles, reposicionar figuras y proyectar liderazgo… y hay viajes que nomás sirven para la foto. Y parece que, en el caso de Gilberto Loya, secretario de Seguridad Pública, fue más lo segundo.

Acompañó a la gobernadora en su visita a Roma, se dejó ver en actos formales, incluso coincidió con el cantante y diputado priista Tony Meléndez, otro personaje que nunca pierde oportunidad de aparecer en cámara; pero de regreso a Chihuahua la realidad golpea, no conecta, no despega y mucho menos sube en las encuestas.

Y mire que ha habido intentos.
Se le han dado reflectores, eventos de seguridad, vocerías directas, posicionamiento institucional y hasta guiños de campaña no declarada. Pero ahí está el problema, cuando la gente no se identifica, no hay producción ni viaje a Roma que alcance.

Porque si algo queda claro es que las aspiraciones de Gil Loya no encuentran piso. La percepción ciudadana no mejora. La presencia pública no emociona. Y el saldo político sigue sin moverse.

Y eso que, de manera simbólica, seguramente le prendieron veladoras en todas las iglesias que visitaron. Pero a veces ni con rosario ajeno. El favor político no se reza, se conquista.

Puede ir a Roma, a la Basílica o al Vaticano, tomarse fotos con las estatuas o con quien se deje, pero si aquí, en Chihuahua, no hay conexión real con la ciudadanía, la gubernatura se vuelve un horizonte lejano y hasta borroso.

Y es que la gente distingue entre quien aparece y quien trasciende. Entre quien camina y quien convence. Gil Loya aparece, sí. Camina, cómo no. Pero convence ¡eso es otra historia!

El calendario electoral se acorta, los perfiles empiezan a ponerse claros y los números hablan solos, aunque vaya a Roma, el que no sube… no sube.

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¿Y qué? ¿Nos cruzamos de brazos?

La historia vuelve a repetirse, la federación aprieta, recorta, castiga presupuestos, y el impacto termina aterrizando donde más duele, carreteras deterioradas, hospitales sin medicamentos, escuelas parchadas y redes hidráulicas que se sostienen con alambres administrativos. Y frente a ese escenario, Chihuahua enfrenta la disyuntiva que nadie quiere decir en voz alta, si el dinero no llega de la federación… tiene que salir de algún lado.

Según palabras de Alfredo Chávez, diputado local; desde 2017 con la llegada de Morena al Gobierno Federal, los recursos para inversión se esfumaron como si el estado hubiera dejado de existir en el mapa. No llegaron fondos para mantenimiento carretero, tampoco inversión para rehabilitar escuelas o fortalecer infraestructura de agua. Lo que sí llegó fue el silencio.

Por eso hoy el paquete económico del estado tiene nombre y apellido; refinanciamiento por 3 mil millones de pesos. ¿Y qué significa? Que ese dinero va directo a obra pública, no a nómina, no a viáticos, no a luminarias de escritorio. Obra pública real, hospitales, planteles escolares, agua potable, alcantarillado, pavimento y carreteras que no vibran como gelatina al pasar.

Tan sencillo como esto, si no inviertes, retrocedes.

Mientras la federación se deslinda, Chihuahua refinancia y ajusta el cinturón fiscalmente. ¿O qué? ¿Lo correcto es dejar que las carreteras sigan deshaciéndose? ¿Aplazar obras de agua cuando hay colonias que ya dependen de pipas? ¿Esperar que los hospitales se las arreglen sin medicinas?

Aquí viene lo incómodo, y también lo inevitable, si el dinero no baja de la federación, entonces hay que recaudarlo localmente. Y eso se refleja en ajustes a impuestos, como el ISN temporal, que no será popular, pero es explicable. Porque no hay magia gubernamental; si no entra por un lado, debe entrar por otro.

Claro, nadie defiende pagar más. Pero tampoco se puede defender quedarse parados mientras los pasivos crecen y la infraestructura envejece.

La federación dejó de invertir en Chihuahua; eso ya no es discurso, son hechos. Y aquí, o se toman decisiones aunque duelan, o el costo será mayor; deterioro, rezago y abandono.

La pregunta no es si se debe invertir.
La verdadera pregunta es;
¿con qué recursos si la federación cerró la llave?

Y frente a eso, no hay alternativa cómoda, o el estado actúa, o el deterioro se vuelve irreversible. Porque en política se puede acusar, debatir, pelear… pero carreteras, hospitales y escuelas no se arreglan solas. Y quedarse de brazos cruzados nunca ha sido opción.

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“Le jugó al vivo”

Sus amigos se lo dijeron en corto; “Ya no le juegues al vivo”.

Varios columnistas lo escribieron en columnas, con tinta gruesa y sin rodeos.

En redes sociales, la gente lo gritaba con ironías, memes y hasta con corajes acumulados.

Pero César Duarte, exgobernador de Chihuahua, decidió apostarle a la eterna estrategia del escurridizo, la de estirar la liga como si nunca fuera a romperse.

Pues se rompió.

Ayer lunes 8 fue detenido nuevamente, esta vez por presunto lavado de dinero. La Fiscalía General de la República informó que el exmandatario fue aprehendido por su probable responsabilidad en operaciones con recursos de procedencia ilícita, con base en aquella orden girada desde mayo de 2024 por un juez federal. Y sí, su caso ya era largo, ya era sonado y parecía de esos eternos expedientes que sólo vivían en los titulares. Pero la justicia avanza lento… aunque avanza.

Duarte ya había pasado por un primer arresto en Miami en 2020, fue extraditado en 2022 y enfrentaba procesos por peculado y asociación delictuosa. Ahora, con la autorización del gobierno estadounidense, se abre un nuevo capítulo por un delito distinto, un esquema de ocultamiento de recursos públicos desviados a través del sistema financiero mexicano.

No se trata de rumores, ni del imaginario ciudadano que acumula resentimientos por los años de dispendio estatal. Se trata de un expediente concreto que va por su segunda vuelta judicial.

Hoy, Duarte es considerado inocente, como manda la ley, hasta que exista sentencia firme. Pero nadie puede negar que la escena es simbólica, el hombre que gobernó con soberbia, que creyó ser intocable, terminó siendo alcanzado por aquello que siempre subestimó; el peso acumulado de sus actos.

Quizá él apostó a que el tiempo lo borraría, que la política lo rescataría o que los pactos lo rescatarían. Pero entre señalamientos, testimonios, documentos financieros y un hartazgo social que no se archivó, la realidad le tocó la puerta.

Y esta vez no para negociar, ni pa’ bailar sino para detenerlo.

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