Que paguen con bote
Más de dos mil seiscientas observaciones por presuntas irregularidades no son un “detalle administrativo”, no son un error de dedo ni una confusión contable. Son una alerta roja que confirma lo que la sociedad sospecha desde hace años, el dinero público se maneja mal, se maneja con torpeza… o se lo roban.
El auditor superior del estado, Héctor Acosta Félix ya cumplió con su parte al exhibir el tamaño del problema en la revisión de la Cuenta Pública 2024. Ahora viene lo verdaderamente importante, las consecuencias. Porque de nada sirve llenar informes, carpetas y comunicados si al final todo termina en exhortos, recomendaciones y amonestaciones que no asustan ni al más novato de los burócratas.
Si hubo desvíos, que metan a la cárcel a quien haya que meter.
Si “le pegaron al cajón”, que respondan ante la ley.
Y si no se robaron nada, pero fueron ineptos y no supieron cuadrar las cuentas, también deben responder. La incompetencia en el manejo del dinero público también es una forma de daño al país, también es corrupción.
La sociedad ya no quiere explicaciones técnicas ni discursos enredados. Quiere ver restitución del dinero en caso de que se lo hayan volado. Quiere ver a los responsables saliendo de sus oficinas esposados, no protegidos por el manto de la burocracia y la simulación institucional.
México no puede seguir normalizando que miles de observaciones se “aclaren” mágicamente en la siguiente etapa del proceso. No puede seguir aceptando que todo quede en trámites administrativos mientras el dinero que debía ir a servicios, obras y programas sociales simplemente desaparece.
La etapa de aclaraciones no debe ser una oportunidad para limpiar papeles, sino el último chance para decir la verdad. De lo contrario, que proceda la ley con todo su peso. Porque cada peso mal usado es un golpe directo a la confianza ciudadana y un insulto a quienes sí cumplen.
Ya no estamos para medias tintas. O hay castigo ejemplar, o el mensaje es claro, en México robar o fallar con dinero público sigue saliendo barato. Y eso, simplemente, ya no es aceptable.
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Era Cantinflas o “Nono” Corral?
Hay declaraciones que no aclaran nada, pero dicen mucho. Y las recientes palabras del diputado del distrito 7, Roberto “Nono” Corral, entran directo en esa categoría. Al explicar su voto a favor de la iniciativa del agua, el legislador no solo defendió la postura, sino que nos regaló una joya de la retórica política nacional, “salieron perjudicados los perjudicados y beneficiados los beneficiados”.
Ni Cantinflas lo hubiera dicho mejor.
Según el diputado, su voto obedeció a que la iniciativa formaba parte de uno de los 100 compromisos que la hoy presidenta Claudia Sheinbaum asumió en campaña. Hasta ahí, el argumento político es claro, disciplina partidista, línea nacional y cumplimiento de compromisos. El problema empieza cuando se intenta justificar el impacto real de la iniciativa con frases que no explican absolutamente nada.
Porque decir que unos perdieron lo que perdieron y otros ganaron lo que ganaron no es un diagnóstico, es una evasión. Es hablar mucho para no decir nada, una estrategia vieja que la ciudadanía ya identifica con facilidad. Más aún cuando el tema es el agua, un asunto sensible, vital y profundamente conflictivo en el estado.
El propio diputado reconoció que tras su voto recibió llamadas unas para felicitarlo con “felicitaciones” y otras para reclamarle con “reclamos”. Una confesión que, lejos de fortalecer su posición, confirma la polarización y la falta de claridad en una decisión que merecía argumentos técnicos, sociales y regionales, no trabalenguas legislativos ni echarle la culpa a la Presidenta del Pan, Daniela Álvarez por divulgar su teléfono celular.
La gente no esperaba aplausos ni regaños telefónicos; esperaba una explicación sólida. Quería saber quién gana, quién pierde, por qué y a qué costo. Pero en lugar de eso, se les ofreció una frase circular, cómoda y políticamente correcta, que evita entrar al fondo del problema.
La desconfianza hacia la clase política crece, este tipo de declaraciones no ayudan. Al contrario, refuerzan la percepción de que algunas decisiones se toman más para cumplir una consigna que para defender a los representados.
El agua no es un eslogan de campaña ni una línea en una lista de compromisos. Es vida, es campo, es ciudad y es futuro. Y cuando se legisla sobre ella, la sociedad merece algo más que frases cantinflescas. Porque al final, hablar por hablar no moja pero si “moja” y todo queda claro cuando queda “aclarado”.
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No son casualidades, son causalidades
Dicen que es coincidencia. Que es circunstancial. Que no hay alineación política ni acuerdos debajo de la mesa. Pero cuando en política y economía se repiten los mismos discursos desde trincheras históricamente opuestas, vale la pena dejar de hablar de casualidades y empezar a analizar causalidades.
Hoy vivimos, al parecer, en el mundo del revés. Diputados de Morena y empresarios de Chihuahua coinciden en una misma postura, rechazar el aumento al Impuesto Sobre Nómina para el presupuesto fiscal 2026. Algo que, hace apenas unos años, habría parecido impensable.
El presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Leopoldo Mares, fue claro al afirmar que la coincidencia entre el sector productivo y los legisladores de Morena es meramente circunstancial. Que el empresariado es neutral. Que no hay afinidades políticas ni vínculos con el partido en el poder. Y probablemente tenga razón… en la forma.
Pero en el fondo, esta coincidencia no nace del azar. Nace del contexto económico, del desgaste, de los números y de una realidad que aprieta por igual a empresas, empleos y finanzas públicas. Cuando una medida amenaza la competitividad, frena la inversión y pone en riesgo la generación de empleo, las ideologías pasan a segundo plano y aparece algo más poderoso, la supervivencia económica.
No es que los empresarios se hayan vuelto morenistas ni que Morena se haya convertido en vocero del sector privado. Es que el impacto de subir el ISN es tan claro, tan directo y tan sensible, que obliga a coincidir incluso a quienes históricamente han estado en bandos opuestos.
Ahí está la causalidad. Un entorno económico complejo, márgenes cada vez más estrechos, las 40 horas, el incremento al mínimo, incertidumbre fiscal y una carga impositiva que, de aumentar, podría traducirse en menos empleos y menor dinamismo. Ante eso, el discurso se alinea, aunque los colores no.
Este episodio deja una lección incómoda para todos, cuando las políticas públicas no se analizan con lupa técnica y visión de largo plazo, terminan generando alianzas inesperadas. Y cuando empresarios y legisladores de Morena coinciden, no es porque alguien haya cambiado de camiseta, sino porque el problema es real y el impacto es innegable.
En política nada es casual. Y cuando los extremos se tocan, casi siempre es porque la realidad los empujó al mismo punto.
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La aplanadora pasó
Cuatro horas de discusión no fueron suficientes para frenar lo inevitable. Al final, la aplanadora legislativa hizo su trabajo y el Congreso del Estado aprobó en lo general la Ley de Ingresos de Chihuahua, incluyendo el incremento de un 1 por ciento al Impuesto Sobre Nómina.
Poco importaron las advertencias del sector empresarial o las observaciones de la bancada de Morena. La mayoría integrada por PRI, PAN, MC y PT cerró filas y con 21 votos a favor impuso su decisión frente a 12 votos en contra. Sin abstenciones, sin matices y sin espacio para la duda.
La votación dejó claro que, cuando los números alcanzan, el debate se vuelve trámite. Hoy el mensaje es simple, el aumento va, aunque genere inconformidad y desgaste político, va porque va y La factura, como siempre, se cobrará después.

