Heroica ciudad de Chihuahua, Chih. México
13 de enero 2026

Francisco Barrio: el día que Chihuahua cambió de rumbo

H. Cd, de Chihuahua.- La mañana en que Francisco Barrio Terrazas asumió la gubernatura de Chihuahua no fue una más en el calendario político del estado. Era 1992 y, aunque el acto protocolario siguió las formas de siempre, el fondo era distinto: por primera vez, un gobernador del Partido Acción Nacional llegaba al poder en una entidad que durante décadas había sido bastión del PRI.

Barrio no surgió del aparato tradicional del poder. Ingeniero de formación, empresario y ciudadano crítico antes que político profesional, su figura se había forjado en la inconformidad. En los años ochenta, Chihuahua fue escenario de denuncias constantes por fraudes electorales, y fue ahí donde Barrio se convirtió en un símbolo de resistencia cívica. Había sido candidato, había perdido entre acusaciones de irregularidades y había persistido cuando muchos desistían.

Su victoria en las urnas fue leída como un mensaje claro: la sociedad chihuahuense estaba cansada de la corrupción, del autoritarismo y de la impunidad. No fue solo un triunfo partidista; fue una ruptura histórica. Chihuahua se convirtió en laboratorio de la alternancia democrática en México, años antes de que ocurriera a nivel nacional.

Ya en el gobierno, Barrio enfrentó un escenario complejo. Recibió un estado con finanzas deterioradas, estructuras burocráticas acostumbradas a la obediencia política y una relación tensa con el poder federal. Su discurso fue directo: combatir la corrupción, sanear las finanzas y gobernar con austeridad. No todos aplaudieron. Su estilo sobrio y confrontativo generó apoyos firmes, pero también resistencias internas y externas.

Durante su administración (1992–1998), impulsó acciones inéditas para la época: auditorías a gobiernos anteriores, señalamientos públicos contra exfuncionarios y una narrativa de rendición de cuentas que contrastaba con la tradición del silencio institucional. Para algunos, fue un gobernador rígido; para otros, el primero que se atrevió a tocar intereses intocables.

Más allá de balances y cifras, el legado de Francisco Barrio quedó marcado en lo simbólico: demostró que el poder podía cambiar de manos, que el voto podía pesar más que la costumbre y que Chihuahua podía ser punta de lanza en la transición democrática del país.

Años después, con la alternancia ya normalizada, aquel momento de 1992 sigue siendo recordado como el instante en que el estado dejó de asumir que el futuro estaba escrito de antemano. Y en esa página, el nombre de Francisco Barrio permanece como el del hombre que abrió la puerta.

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