Lo que brilla son los propósitos de Año Nuevo, esos que nos ayudan a mantener la esperanza y, sobre todo, nos hacen creer que todas nuestras metas se cumplirán por arte de magia.
Lo que huele son los carritos llenos de bebidas alcohólicas, empujados por personas que juegan a los carritos chocones sobre la pista de carreras llamada Chihuahua.
Lo que apesta son las fiestas sin control: música a todo volumen para que la escuche toda la cuadra, juegos pirotécnicos y hasta balas perdidas que algún gracioso dejó por ahí

