Donald Trump, presidente de Estados Unidos, anunció este martes 6 de enero de 2026 que el gobierno interino de Venezuela, liderado por Delcy Rodríguez, entregará entre 30 y 50 millones de barriles de crudo de “alta calidad” al mercado estadounidense. A través de su plataforma Truth Social, el mandatario detalló que el cargamento, compuesto por petróleo que se encontraba previamente sancionado y almacenado en buques debido al bloqueo naval de diciembre, será vendido a precios de mercado bajo su supervisión directa.
Trump fue enfático al declarar que él mismo controlará los ingresos generados por estas ventas para garantizar que los fondos se utilicen en beneficio tanto del pueblo venezolano como del estadounidense, marcando un giro radical en la administración de los recursos energéticos del país sudamericano apenas tres días después de la captura de Nicolás Maduro.
Instruyendo al secretario de Energía, Chris Wright, para ejecutar el plan de inmediato, la Casa Blanca busca aliviar la presión sobre los precios internos de la gasolina y reactivar el flujo de crudo hacia las refinerías del Golfo de México, diseñadas específicamente para procesar el petróleo pesado venezolano. Los mercados energéticos reaccionaron con volatilidad ante la noticia; el barril de WTI cerró con una caída del 2.04%, ubicándose en 57.13 dólares, ante la expectativa de una mayor oferta global.
Mientras Washington convoca a ejecutivos de Chevron y ExxonMobil para discutir la reconstrucción de la infraestructura petrolera en Venezuela, analistas internacionales advierten que este movimiento plantea serios cuestionamientos sobre la soberanía energética y la legalidad del manejo de activos extranjeros, en medio de un clima de incertidumbre geopolítica que define el inicio de este 2026 en el hemisferio occidental.

