Heroica ciudad de Chihuahua, Chih. México
13 de enero 2026

Filas que hablan más que los discursos | Ciudad con dueños | La ciudad avanza… pero la queja siempre llega primero

Filas que hablan más que los discursos

Las quejas ya no caben en Facebook, ni en los grupos vecinales, ni en los mensajes de WhatsApp. Hoy, las inconformidades de los usuarios del transporte público en Chihuahua se forman, literalmente, en largas filas que se extienden bajo el frío, el sol o la desesperación. Cada espera interminable, cada camión que no pasa a tiempo, cada ruta ausente en horas clave, es un recordatorio de que el sistema no sólo está fallando… sino que lo han dejado fallar.

El transporte público no es un favor, es un derecho y un servicio concesionado. Y si los concesionarios no cumplen, si las unidades no pasan a tiempo, si las frecuencias se reducen a costa del ciudadano, entonces la solución es clara y legal, quitar permisos y otorgarlos a quienes sí estén dispuestos a brindar un servicio digno, eficiente y responsable.

Chihuahua no puede seguir caminando detrás de un transporte que nunca llega. Las filas no deberían ser rutina. El hartazgo social ya habló. Ahora le toca hablar, y actuar a la autoridad en lugar de estar pensando en el siguiente cargo o en las próximas elecciones

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Ciudad con dueños

En Chihuahua hay calles que no parecen públicas… parecen propiedad privada con acceso condicionado. Y no por obra del urbanismo, sino por los privilegios que ciertos empresarios han logrado imponer sobre el espacio que pertenece a todos.

Ahí están los casos que cualquiera puede ver, gasolineras en zonas como Cantera, Periférico de la Juventud y Mirador, entre muchos otros, negocios que se apropiaron de carriles completos “porque sí”, que colocaron boyas asesinas de suspensiones, reducieron la vialidad a su conveniencia o instalaron dispositivos que obligan a los automovilistas a frenar para que entren y salgan cómodamente sus clientes.

Y si hablamos de abusos visibles, es inevitable mencionar ejemplos como el negocio de embutidos BAFAR, donde incluso se han colocado semáforos hechos a la medida, no para ordenar la vialidad… sino para darle preferencia a uno o dos camiones de reparto, mientras cientos de ciudadanos se quedan atorados en filas innecesarias.

Todo esto ocurre frente a los ojos de una autoridad que no solo calla, se esconde.
La Dirección de Vialidad no da la cara, no explica, no inspecciona, no sanciona. Y donde la ley debería proteger al ciudadano, el silencio termina protegiendo al poderoso.

Porque aquí la pregunta es simple y brutal,
¿Quién gobierna las calles de Chihuahua, la autoridad… o los negocios con influencia?

El espacio público no puede seguir siendo rehén del interés privado. Las vialidades no son mercancía negociable, y los chihuahuenses no deberían pagar con su tiempo, su dinero y sus suspensiones, el capricho de unos cuantos privilegiados.

La ciudad no necesita más boyas, más desvíos absurdos ni semáforos “a la carta”. Lo que necesita es autoridad con carácter, instituciones que recuerden que su deber es servir al ciudadano, no agachar la cabeza ante quien cree que puede comprar la calle.
Porque, a poco no? cuando la ley se dobla para unos… termina rompiéndose para todos.

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La ciudad avanza… pero la queja siempre llega primero

En Chihuahua capital se están construyendo tres puentes viales estratégicos, en Fuerza Aérea y Carretera Aldama, Nogales e Industrias, además de una gaza en Teófilo Borunda y Periférico de la Juventud. Son obras pensadas para destrabar cuellos de botella, reducir tiempos de traslado y dar mayor fluidez a zonas que, por años, han sido un tormento para los automovilistas. Según el alcalde Marco Bonilla, representan una inversión fuerte, sí… pero necesaria para una ciudad que crece y se mueve todos los días.

Y aun así, no cabe duda, la gente no está conforme con nada.

Si no hay obras, se reclama abandono.
Si hay obras, se critica el tráfico.
Si se invierte, se cuestiona el costo.
Si el puente es funcional, preguntan por qué no es bonito.
Y si además tiene diseño, dicen que “para qué gastan en eso”.

Las opiniones se repiten, que se van a tardar mucho, que pudieron costar menos, que no eran necesarios, que “primero arreglen otras cosas”… Y pareciera que en lugar de reconocer el impacto a futuro, preferimos quedarnos atrapados en la incomodidad del presente.

Porque sí, toda obra molesta mientras se construye. Implica desvíos, polvo, tráfico y paciencia. Pero también implica decisión, planeación y visión de ciudad. Los puentes no aparecen por arte de magia; se hacen porque durante años hubo reclamos por congestionamientos, choques constantes, tiempos de traslado interminables y zonas colapsadas en horas pico.

Hoy que finalmente se intervienen, surge otra queja, la del ciudadano que quiere modernidad, pero sin ruido; progreso, pero sin molestias; infraestructura, pero sin inversión.

La pregunta es inevitable,
¿queremos una ciudad que avance… o solo una ciudad que no nos incomode?

Chihuahua no puede quedarse detenida por miedo al qué dirán. Las obras no son capricho, son respuestas a problemas reales que afectan a miles de personas todos los días. Y aunque no sean perfectas, ninguna lo es, representan pasos hacia adelante.

Las ciudades que crecen son las que se atreven a transformarse, aun cuando el proceso sea incómodo. Lo demás es quedarse en la queja eterna… y seguir atrapados en el mismo embotellamiento de siempre. Porque, seamos honestos, pareciera que nunca estamos conformes con nada, queremos progreso sin obras, beneficios sin sacrificio y resultados sin procesos. A veces, como sociedad, terminamos peleando hasta con nuestra propia sombra, aun cuando las obras buscan resolver los mismos problemas que durante años exigimos que se atendieran.

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