Una cosa es defender a la patria…
México es una nación que se ha forjado con sangre, con sacrificio y con dignidad. Aquí nadie puede dudar del amor que millones sentimos por la tierra, por la bandera y por la gente. Defender a México de una invasión extranjera es un deber histórico, una obligación moral y un acto de honor.
Pero no confundamos las cosas.
Una cosa es estar dispuesto a dar la vida por la patria.
Y otra muy diferente es darla por un presidente en funciones, por un gobierno de paso o por una clase política que mañana se irá a vivir tranquilamente a sus ranchos, a sus mansiones o, como muchos ya lo han hecho, a vivir donde vive Andrés Manuel López Obrador.
A raíz del anuncio de los chihuahuenses Óscar Castrejón y Manuel Ramos, quienes se declararon listos para enfrentar una posible intervención militar de Estados Unidos impulsada por las amenazas de Donald Trump, es inevitable hacer una reflexión profunda.
México no es de ningún partido.
México no es de ningún presidente.
México no es de ningún proyecto político.
México es de su gente.
Si algún día un ejército extranjero pisa nuestro suelo con intención de conquista, ahí sí, que nadie dude, este país sabrá responder como lo ha hecho siempre. Con valor, con coraje y con dignidad.
Pero pretender convertir el amor por la patria en un escudo para proteger a gobiernos incompetentes, corruptos o incapaces, es una trampa peligrosa. Los soldados ponen los muertos. Los políticos ponen los discursos. Y cuando todo termina, ellos se van y, los caídos se quedan en el olvido.
Defender a México, sí.
Defender a la nación, siempre.
Pero entregar la vida por un presidente en turno… jamás.
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Cuando la explicación sobra, la culpa se nota
En política hay reglas no escritas. Una de ellas es simple, cuando nadie te acusa… pero tú sales a defenderte, algo huele mal.
Lo ocurrido entre Omar García Harfuch y Rosa Icela Rodríguez pudo haber quedado como una simple anécdota de pasillo, un saludo que no se dio, un gesto que no se cruzó. Nada más. Nada menos.
Pero no, el problema no fue el desaire, el problema fue la explicación.
Nadie le preguntó cuántas veces se habían visto.
Nadie le pidió la cronología de los saludos.
Nadie le exigió la bitácora de besos, apretones de mano y encuentros matutinos.
Y aun así, Harfuch salió a contarnos que ya se habían saludado diez veces.
Que desde las cinco y media de la mañana.
Que en el gabinete.
Que en siete ocasiones más.
Que en realidad ya se habían visto muchas veces.
Cuando alguien siente la necesidad de justificarse sin que nadie lo acuse, lo que está haciendo no es aclarar, está exhibiéndose.
Si no pasó nada… ¿por qué explicarlo?
Si no hubo desaire… ¿por qué contarlo con tanto detalle?
Si no hubo tensión… ¿por qué convertirlo en tema nacional?
Y entonces queda la pregunta que nadie ha querido responder:
Si ya se habían saludado tantas veces…
si ya se habían visto siete, ocho, diez ocasiones…
¿por qué volvió a levantar la trompita para darle un beso?
Ahí está la escena.
Ahí está el gesto.
Y ahí está la explicación que nadie pidió.
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Maru Campos y el llamado a cuidarnos entre todos
La gobernadora Maru Campos dio a conocer su resultado positivo a COVID con responsabilidad y transparencia, enviando un mensaje claro a todos los chihuahuenses, la salud es primero y no podemos bajar la guardia.
Con serenidad y compromiso, invitó a la población a seguir cuidándose, mantener la sana distancia, lavarse las manos con frecuencia y usar cubrebocas, recordándonos que la prevención sigue siendo la mejor herramienta para proteger a nuestras familias.
Su mensaje es oportuno y necesario, hoy más que nunca debemos actuar con responsabilidad, solidaridad y conciencia social. Cuidarnos es cuidarnos todos.
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La encuesta no miente
En En Blanco y Negro preguntamos directo y sin rodeos:
Si hoy fueran las elecciones para gobernador de Chihuahua, ¿votarías por Tony Meléndez?
La respuesta fue contundente,
El 74% de los participantes (863 personas) dijeron que no votarían por él.
Y en política, cuando la percepción es tan clara, no hay discurso que la maquille ni acordeón que la desafine.
Tony Meléndez tiene algo que nadie le discute, talento, su voz, su trayectoria y su presencia en el regional mexicano son innegables. Ahí sí conecta, ahí sí llena plazas, ahí sí levanta aplausos.
Pero gobernar Chihuahua es otra canción.
La encuesta refleja lo que muchos piensan y pocos dicen, el escenario político no es su mejor escenario. Y quizá, cuando termine su encargo como diputado, lo más sensato sea volver a donde nadie le gana, a los micrófonos, a los palenques y a los aplausos del público.
Porque hay talentos que nacieron para gobernar…
y otros que nacieron para cantar.

