Calladito te ves más bonito
En política hay momentos donde hablar de más solo exhibe nervios, prisas y, sobre todo, miedo. Y eso fue justo lo que ocurrió cuando Alejandro Domínguez decidió lanzar su advertencia de que, si no hay alianza, el PRI pierde… pero el PAN va a la cárcel.
La respuesta no tardó. Y llegó como suele llegar cuando habla Alfredo Chávez, sin rodeos, sin maquillaje y sin medias tintas.
“Ni chantajes ni ultimátum”.
Así, PUM!, seco, directo y al punto.
Porque una cosa es negociar y otra muy distinta es amenazar. Una cosa es buscar acuerdos y otra es pretender imponerlos con discursos de miedo. En política no se construyen alianzas con pistolas sobre la mesa ni con fantasmas judiciales agitados al aire.
Al final, el mensaje fue claro, aquí no se camina a base de presiones ni de bravatas. Y si no hay nada bueno que aportar a la conversación, aplica la regla básica de la vida pública:
Calladito te ves más bonito.
Y más todavía cuando enfrente hay alguien que no le tiembla la voz para decir las cosas de frente.
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El santo, el cavernario, Blue Demon y el Bulldog
Dicen que en política el que se calienta pierde. Pero hay veces que no es calentura, es simple respuesta a una provocación innecesaria. Y esta semana, continuando con el tema de las declaraciones de Alejandro Domínguez, el diputado federal logró algo que no se ve todos los días, unir en el ring a rivales que normalmente no comparten esquina.
Primero fue Alfredo Chávez, como ya lo dijimos, quien con su ya conocido estilo frontal y sin anestesia soltó el derechazo,
“Ni chantajes ni ultimátum”.
Y ahora se suma Cuauhtémoc Estrada, coordinador de Morena en el Congreso, quien también decidió no quedarse callado y le respondió al dirigente priista con la misma firmeza.
Las declaraciones de Domínguez, advirtiendo persecuciones políticas si Morena llega al poder, fueron calificadas por Estrada como ilógicas, desproporcionadas y fuera de toda lógica política. “No nos va a decir qué hacer cuando gobernemos Chihuahua”, sentenció, dejando claro que nadie va a dictarle agenda a Morena desde otro partido.
Para Estrada, más que un análisis serio, las palabras del dirigente del PRI sonaron a grito desesperado para forzar una alianza con el PAN rumbo a 2027. Un intento de meter miedo donde debería haber propuestas y de imponer condiciones donde debería haber respeto.
Y así, en cosa de horas, Domínguez terminó con tres luchadores encima, Alfredo Chávez desde el PAN, Cuauhtémoc Estrada desde Morena y la opinión pública observando cómo el PRI parece hablar solo en la arena.
En política, como en la lucha, hay reglas no escritas, quien quiere respeto, tiene que aprender a pelear limpio. Y quien quiere alianzas, primero tiene que aprender a hablar con seriedad.
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En el IMSS ni nos ven ni nos oyen
Cada vez son más las voces que se alzan contra el pésimo servicio del Hospital Morelos del IMSS. Voces de familiares desesperados, de pacientes cansados de esperar, de ciudadanos que pagan cuotas, impuestos y años de trabajo… para terminar sentados en una silla, en el piso o en una camilla rentada.
Porque hoy en el IMSS Morelos la salud se volvió un lujo.
Si no hay camillas, suelo.
Si no hay espacio, se improvisa.
Si no hay atención, se espera.
Y si no hay respuesta, se aguanta.
Así de cruda es la realidad.
La regidora Lupita Borruel, presidenta de la Comisión de Salud del Ayuntamiento de Chihuahua, llevó el reclamo hasta Cabildo con un exhorto directo al Gobierno Federal y a las autoridades del IMSS para que atiendan de inmediato el colapso del área de Urgencias. No habló de rumores, habló de testimonios. De familias que pagan hasta mil pesos diarios por una camilla externa para que su enfermo no pase horas, o días, sentado o tirado en el suelo.
Sobresaturación, falta de espacios, carencia de camillas, filas interminables y pacientes abandonados a su suerte. Esa es la postal cotidiana del Hospital Morelos.
Y lo más grave no es solo la crisis… es la indiferencia.
Pareciera que en el IMSS ni nos ven ni nos oyen. Como si el dolor no contara. Como si la dignidad no importara. Como si enfermarse fuera un castigo y no un derecho a ser atendido. Y el silencio oficial ya duele tanto como la enfermedad.

