Que caigan más… y que el auditor haga mejor trabajo
La inhabilitación por diez años de una funcionaria del municipio de Santa Bárbara por usar dinero público para pagarse su propio crédito de Infonavit no debería ser una excepción. Debería ser la regla. Debería ser apenas la punta del iceberg de una limpieza profunda en los gobiernos municipales y estatales donde los malos manejos se han vuelto costumbre.
El caso es claro, documentado y vergonzoso, una contadora adjunta de Finanzas, encargada precisamente de manejar aportaciones al Infonavit, utilizó su puesto para beneficiarse personalmente. Se sirvió con la cuchara grande, desvió recursos públicos y se pagó su casa con dinero de todos. La Auditoría Superior del Estado detectó la irregularidad, el Tribunal confirmó las faltas graves y hoy enfrenta una inhabilitación y la devolución del dinero.
Bien. Que se aplauda la sanción. Pero no basta.
Porque por cada funcionari@ descubiert@, hay decenas más que siguen operando bajo el radar. Por cada expediente cerrado, hay cientos empolvándose en los cajones. Y aquí es donde el reflector debe apuntar directamente al auditor.
El auditor superior, Héctor Acosta Félix, no está para administrar silencios ni para seleccionar a quién se investiga según el humor político del momento. No está para perseguir enemigos ni para proteger aliados. Está para poner a trabajar a su gente, auditar parejo y caerle a todos, sin importar colores, apellidos ni padrinos.
La Auditoría no puede ser oficina de encargos ni instrumento de vendettas. Tampoco puede convertirse en tapadera institucional. Si hay desvíos, que se investiguen. Si hay daño patrimonial, que se castigue. Si hay abuso de funciones, que se exhiba.
Los ciudadanos ya están hartos de ver cómo se castiga a un pez chico mientras los tiburones siguen nadando tranquilos. Ya basta de auditorías selectivas, de expedientes congelados y de justicia administrada con dedazo.
Este caso demuestra que sí se puede llegar hasta las últimas consecuencias. Ahora falta voluntad. Falta decisión. Falta que el auditor entienda que su cargo no es decorativo, que su responsabilidad es con los ciudadanos y no con los grupos de poder.
Que caigan más funcionarios.
Que rueden más cabezas.
Que se devuelva cada peso robado.
Y que el auditor, de una vez por todas, se ponga a trabajar como se debe.
Porque la corrupción no se combate con discursos.
Se combate con auditorías reales, castigos ejemplares y cero impunidad.
Y ahí, justamente ahí, es donde hoy está quedando a deber.
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Preguntas incómodas y respuestas que arden
¿Quién debe el impuesto predial en Ciudad Juárez?
El PAN.
¿Lo debe Daniela Álvarez?
No.
¿Lo debe Cruz Pérez Cuéllar por haber sido dirigente?
Tampoco.
¿Lo debe Mario Vázquez por haber pasado por la dirigencia?
No.
Entonces, ¿quién debe los casi 9.5 millones de pesos?
Acción Nacional.
Así de claro lo dijo el coordinador de la bancada de Morena en el Congreso del Estado, Cuauhtémoc Estrada, el adeudo no es personal, es institucional. No es de nombres, es de siglas. No es de personas, es de partido.
¿Por qué estalla la polémica ahora?
Porque el alcalde de Ciudad Juárez exhibió el adeudo en un video y recordó que mientras miles de juarenses hacen sacrificios para pagar su predial, el PAN arrastra una deuda desde 2012.
¿Es un abuso?
Eso dice el presidente municipal. Y por eso instruyó a Tesorería a notificar formalmente al partido para que pague conforme a la ley.
¿El PAN acepta la deuda?
No la niega, pero intenta repartir culpas.
¿A quién señalan ahora?
A Cruz Pérez Cuéllar, argumentando que el adeudo se originó cuando él fue dirigente municipal del partido.
¿Es defensa o cortina de humo?
Eso lo juzga la ciudadanía.
¿La ley distingue entre ciudadanos y partidos?
No.
¿El predial es obligatorio?
Sí.
¿Debe pagarse aunque seas partido político?
También.
Al final la pregunta es simple,
Si el ciudadano cumple, ¿por qué el PAN no?
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Diccionario político rumbo al 2027
Ya empezó la temporada de los “no, pero sí”, de los “todavía no, pero ya”, de los “no me distraigo, pero ya ando en campaña”. La carrera por el 2027 está oficialmente inaugurada y con ella llega el deporte favorito de la clase política, decir una cosa y querer decir exactamente lo contrario.
Por eso, más que escuchar discursos, la ciudadanía tiene que aprender a leer entre párrafos.
Cuando un político dice:
“No estoy interesado en ningún cargo para el 2027”
Lo que realmente quiere decir es:
“Ya tengo equipo, lonas, encuestas y padrinos, pero todavía no me destapo”.
Cuando afirma:
“Estoy totalmente concentrado en mi encargo actual”
En realidad está diciendo:
“Estoy más puesto que un calcetín y solo espero que se acomoden los tiempos”.
Cuando repite:
“No son los tiempos”
Traducción:
“Ya me urge, pero todavía no me dan luz verde”.
Cuando jura:
“Yo no ando en grillas”
Significa:
“Traigo más grilla que una posada del sindicato”.
Cuando asegura:
“No he pensado en eso”
Quiere decir:
“Lo pienso todos los días, lo sueño todas las noches y ya hasta tengo slogan”.
Cuando declara:
“Si el partido me necesita, ahí estaré”
Se lee así:
“Me muero de ganas, pero no quiero parecer desesperado”.
Cuando suelta:
“La gente es la que decide”
Traducción simultánea:
“Yo ya decidí, ahora falta que me sigan”.
Cuando dice:
“No me distraigo con futurismos”
En realidad anda tan metido en el futuro que ya se mudó al 2027.
Así que no se confunda nadie.
Los aspirantes, suspirantes y conspirantes de todos los partidos ya están en la pista. Unos bailando en corto, otros calentando motores, pero todos con la mirada puesta en la boleta.
Porque en política, cuando dicen que no van…
es porque ya van.
Y cuando dicen que están comprometidos con su encargo…
es porque ya están en campaña.
La clave está en no creer lo que dicen, sino en entender lo que realmente quieren decir.
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Raza de Chihuahua, hay que ponernos las pilas
Ya se viene otro frío bravo, el que cala hasta los huesos, el que no perdona ni al más machín, y por eso hay que ponernos listos desde ahorita. No se trata de hacerle al valiente ni al “a mí no me pasa nada”, porque cuando llegan las gripas, las toses y las calenturas, ahí andamos todos sufriendo.
Lo cierto es que más vale prevenir que andar después haciendo filas en el hospital.
Por eso la raza de Chihuahua tiene que hacer lo que siempre ha sabido hacer, cuidarse, cuidar a los suyos y no rajarse cuando se trata de salud.
El Gobierno Municipal, a través del Instituto Municipal de Pensiones, está invitando a que completemos el esquema de vacunación, influenza y neumococo y, reforcemos defensas para los próximos fríos que se avecinan.
Las vacunas son gratis, seguras y para todos, seas derechohabiente o no. No hay pretextos.
Las instalaciones del IMPE están en la calle Río Sena número 1100, en la colonia Alfredo Chávez. Puedes ir de lunes a viernes de 8:30 de la mañana a 1:30 de la tarde y de 2 a 7 de la tarde.
Nomás lleva tu cartilla de vacunación y si la perdiste, no pasa nada, lleva tu CURP impresa y ahí mismo te dan un comprobante para que luego repongas tu cartilla.
Así que ya saben raza, abríguense, cuídense, si están enfermos usen cubre bocas, no contagien y vayan a vacunarse.
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La obra no se abandona
No todas las obras lucen, pero todas cuentan. El puente vehicular y peatonal de la colonia Sierra Azul es uno de esos casos donde el gobierno no puede darse el lujo de mirar hacia otro lado. Por eso el Municipio ha seguido con los trabajos de remediación, aun cuando el proceso pueda parecer lento, técnico y poco vistoso.
Los avances están ahí. Tres de los aleros ya fueron concluidos y actualmente se trabaja en la demolición y reforzamiento de la zapata del cuarto. No es un parche ni una solución temporal, es una intervención estructural que busca garantizar seguridad y durabilidad.
Mientras tanto, se habilitó un camino alterno de terracería para no dejar incomunicada a la zona. No es lo ideal, pero sí lo responsable. Porque cuando una obra se complica, lo fácil es patear el problema; lo difícil es quedarse y resolverlo.
En el fondo, este tipo de trabajos dicen más de un gobierno que muchos discursos. Atender lo que no se ve, insistir donde no hay aplausos y terminar lo que otros dejarían a medias. Al final, la ciudad no se mide por las obras que se anuncian, sino por las que se concluyen.

