El ritmo no es improvisado
En la Junta Municipal de Agua y Saneamiento de Chihuahua se trae un paso acelerado. Aguardianes, la app, activaciones públicas y ahora el ChihuAgua Fest con enfoque juvenil y figuras mediáticas. Alan Falomir entendió que hoy el agua no solo se administra desde los tubos y las válvulas sino también desde la conversación pública.
El formato puede generar debate, pero es innegable que logró visibilizar un tema históricamente relegado al terreno técnico. Sacó al organismo de la inercia y lo colocó en la agenda cotidiana, especialmente entre jóvenes, un sector clave para cualquier proyecto a futuro.
En política, la constancia y la narrativa cuentan tanto como la obra. Y lo que hoy se construye desde la JMAS no parece casual ni aislado. Si este ritmo se sostiene y logra traducirse en resultados tangibles, el “cabrito” podría no solo estar administrando agua, sino abonando el terreno para aparecer con fuerza en las boletas electorales de 2027.
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La base de Morena exige
En Morena Chihuahua el jaloneo ya no es discreto. Los morenistas de sepa, los que estuvieron cuando el partido no ganaba y no seducía a nadie, empiezan a exigir algo elemental, que el movimiento los voltee a ver a ellos y no solo a quienes hoy presumen chaleco guinda, pero ayer militaban en cualquier otro partido.
En ese contexto aparece el nombre de Martha Serrano, quien ha levantado la mano con un discurso que conecta justamente con ese sentir, el de quienes se la jugaron desde siempre y no llegaron cuando el proyecto ya estaba armado. Su mensaje no es contra nadie, bueno si, pero lo diremos en otra entrega, hoy basta con decir que es contra una práctica que se ha vuelto recurrente, premiar al recién llegado y mandar a la banca a la militancia histórica.
El fondo del reclamo es claro. No es justo, dicen, que cuando tocaba empujar, aguantar y perder, ahí estaban los mismos de siempre, y ahora que Morena tiene posibilidades reales de ganar, los frutos se repartan entre arribistas con buen posicionamiento, pero sin historia en el movimiento.
Por eso la base empieza a cerrar filas. No para dividir, sino para pelear espacios que consideran legítimos. En Morena saben que ignorar a quienes construyeron el partido desde abajo siempre termina cobrando factura. Y hoy, más que nunca, los de sepa parecen decididos a dar la batalla para que esa factura no vuelva a quedar pendiente.
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La soberbia también divide
La militancia de origen pelea por ser tomada en cuenta, pero los espurios son quienes ya se sienten en la meta antes de arrancar la carrera. El caso más evidente es el de Cruz Pérez Cuéllar, cuyos mensajes recientes en redes sociales, hablando de “500 días para que la transformación llegue a Chihuahua”, no pasaron desapercibidos dentro ni fuera del partido.
El problema no es el optimismo ni la aspiración, sino el tono. Ese aire de triunfo adelantado, de candidatura cantada, es justo lo que tiene molestos a muchos morenistas de origen, hoy les incomoda ver cómo algunos actúan como si el proyecto ya les perteneciera.
Para la base, este tipo de mensajes no representan fortaleza, sino desconexión. Morena nació como movimiento, no como club de triunfadores anticipados. Y cuando la soberbia empieza a sustituir a la militancia, el enojo se acumula abajo.
Hoy el malestar no viene de la oposición, viene desde dentro. Y si algo ha demostrado la historia reciente de Morena es que ignorar a la base siempre termina pasando factura, por muy adelantados que algunos crean tener los tiempos políticos.
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El entramado se tambalea
Cada vez que la presidenta Claudia Sheinbaum habla de cero impunidad y de no repetir “Garcías Lunas”, el mensaje no es simbólico, es una advertencia. La línea está trazada y el margen de maniobra se reduce.
Al decir que no habrá tolerancia para funcionarios vinculados con el crimen organizado, sin importar cargo ni jerarquía, la presidenta parece estar cerrando el cerco. Investigación, detención y juicio justo. Sin matices. Sin excepciones. Así, el discurso deja de ser político y empieza a sonar operativo.
La referencia constante a García Luna no mira solo al pasado; apunta a un entramado que sigue vivo y que hoy comienza a crujir. Narco-políticos, operadores y protectores que durante años creyeron estar blindados empiezan a verse nerviosos.
Cuando el poder deja de proteger y el mensaje se repite desde Palacio, no es casualidad, el entramado está a punto de ceder. Y cuando eso pase, no hay que preguntarnos quién va a caer sino cuando y cuantos habrán de caer.

