Lo que brilla es que hasta un niño comprende los colores de los semáforos, siendo un código universal que da orden y previene accidentes viales… aunque algunos conductores parezca que para sacar licencia reprobaron la clase de color en la primaria.
Lo que huele es cuando los semáforos están mal sincronizados o simplemente no funcionan. Siendo que en nuestra capital, algunos semáforos deciden tomarse el dĂa libre cuando les da la gana, siendo curioso además que siempre son los mismos los que se reportan…
Lo que apesta son los choques, si bien muchos son causados por ciudadanos apurados e imprudentes, es cierto que tampoco ayuda la falta de señalizaciĂłn o de lĂneas pintadas y de semáforos competentes. En pocas palabras, nos hace falta educaciĂłn vial, prudencia al conducir y un poquito más de mantenimiento… o al menos un poco de magia para que las avenidas se arreglen solas.

