UACH, AUCH!!
Vergüenza. No hay otra palabra.
La semana pasada, el rector de la Universidad Autónoma de Chihuahua, Luis Alfonso Rivera Campos, tuvo en sus manos una oportunidad de oro, sentados en su despacho estaban representantes del Clúster Automotriz, del Chihuahua’s Aerospace Cluster y de Index Chihuahua. Es decir, la crema y nata del sector productivo que hoy genera empleos, innovación y futuro para miles de jóvenes chihuahuenses.
Ahí estaban quienes pueden vincular directamente a los egresados con la fuente de trabajo. Ahí estaban quienes pueden abrir puertas reales para prácticas profesionales, proyectos tecnológicos, capacitación especializada y desarrollo económico. Ahí estaba, literalmente, el puente entre la academia y la industria.
¿Y qué hizo nuestro flamante rector?
Los puso a tirar canastas.
Sí. A jugar básquet en la mini cancha instalada dentro de su oficina privada, en pleno edificio histórico de Rectoría.
No sé a ustedes, pero a mí me recordó de inmediato a Homero Simpson, frente a una enorme responsabilidad… pero sin el menor criterio para aprovecharla.
Porque una cosa es romper el hielo y otra muy distinta trivializar un encuentro estratégico. Una cosa es ser cercano y otra convertir una reunión clave en una postal para redes sociales. Mientras otros rectores del país aprovechan este tipo de visitas para firmar convenios, anunciar programas de inserción laboral o construir alianzas de largo plazo, aquí nos conformamos con fotos simpáticas y tiros al aro.
Index Chihuahua lo dijo claro en su publicación, se dialogó sobre posibles líneas de colaboración para impulsar talento, innovación y desarrollo. Pero lo que quedó grabado en la memoria colectiva no fue un acuerdo, ni un proyecto, ni un compromiso concreto. Fue un enceste.
La UACH no necesita un rector animador. Necesita un rector estratega. Uno que entienda que cada visita de este nivel es una oportunidad irrepetible para posicionar a la universidad como motor del desarrollo regional, no como escenario de ocurrencias.
Porque mientras el rector juega, afuera hay miles de estudiantes preguntándose dónde van a trabajar. Hay egresados buscando oportunidades. Hay empresas esperando señales serias de colaboración.
Y Chihuahua no está para perder tiros libres.
Está para meter canastas de tres puntos, acuerdos, empleos y futuro.
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Adiós a las Machuchonas
Muchos las defendieron. Muchos justificaron la compra. Muchos intentaron explicar lo inexplicable, nueve camionetas Grand Cherokee de lujo para ministros, en un país que presume austeridad como bandera.
Hoy, en un acto que llaman de congruencia, la Suprema Corte anuncia que no las usará y que iniciará el proceso para devolverlas o reasignarlas a juzgadores en situación de riesgo.
Bien.
Pero no deja de ser una rectificación forzada.
Porque esto es exactamente eso, un recule a tiempo. Un paso atrás luego del ruido público, de la crítica social y del evidente contraste entre el discurso y la realidad. Porque no estamos hablando de vehículos austeros, estamos hablando de unidades que, con blindaje, pueden alcanzar hasta los tres millones de pesos cada una. Camionetas con pantallas de 10 pulgadas, sonido premium McIntosh, interiores de piel Palermo con Nappa acolchada e iluminación ambiental LED.
Todo muy fino. Todo muy lejos del relato del “gobierno austero”.
Y aunque hoy decidan regresarlas, conviene no perder de vista lo esencial, alguien las autorizó. Alguien consideró normal gastar así. Alguien pensó que no pasaba nada.
Este es solo uno de miles de episodios donde el gobierno de Morena , y las instituciones alineadas a su narrativa, se alejaron del principio que tanto repiten. Compras innecesarias, gastos superfluos, decisiones que no cuadran con la promesa de cercanía con el pueblo.
Hoy se corrige uno.
Faltan todos los demás.
Porque la austeridad no se demuestra devolviendo camionetas después del escándalo. Se demuestra evitando comprarlas desde el principio. La congruencia no es reaccionar ante la presión; es actuar con criterio antes de quedar en evidencia.
Aun así, vale reconocerlo, mejor tarde que nunca.
Ahora solo queda esperar que esta misma prisa por recular alcance para revisar el resto de excesos que siguen escondidos bajo la alfombra del discurso.
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Son feos los impuestos
Hay posturas que llegan claras y sin titubeos. La del secretario de Hacienda del Estado, José de Jesús Granillo Vázquez, es una de ellas.
Frente a la propuesta de Morena de eliminar las placas vehiculares para sustituirlas por engomados electrónicos y, de paso, revivir la tenencia, el funcionario fue contundente, no están de acuerdo. Y no lo están porque saben perfectamente lo que eso significa en la vida real, más gasto para las familias, menor venta de vehículos nuevos y un golpe directo a la economía estatal.
Así de simple.
Mientras desde Morena se intenta “calentar” el ambiente con ocurrencias fiscales, desde la Secretaría de Hacienda se habla con datos, con impacto económico y con sentido práctico. Granillo lo explicó con claridad, hoy la revalidación vehicular cumple su función como registro, da certeza al ciudadano y permite un control eficiente del padrón. Además, cuenta con descuentos importantes durante febrero, marzo y abril, lo que la vuelve manejable para la mayoría de los contribuyentes.
La tenencia, en cambio, es otra historia.
Es un impuesto que encarece la propiedad del vehículo y castiga directamente el bolsillo de quienes ya enfrentan inflación, servicios caros y una economía que no termina de despegar. Y todavía peor, retrae la compra de autos nuevos, afectando a agencias, empleos y cadenas productivas completas.
Pero más allá del debate técnico, hay un punto que Morena parece olvidar convenientemente, ellos son expertos en el cobro de impuestos federales. Expertos en recaudar ISR, IVA y mil contribuciones más. Lo que no son expertos es en reflejar ese dinero en seguridad, salud o educación.
Porque si esos impuestos realmente se vieran en hospitales dignos, calles seguras y escuelas equipadas, quizá habría mayor disposición a escuchar nuevas cargas. Pero la realidad es otra, la Federación cobra como potencia… y entrega como municipio quebrado.
Aquí, al menos, el mensaje fue claro, no al regreso de la tenencia y no a experimentos que afecten la economía familiar. Mejor fortalecer ingresos propios, sí, pero con esquemas razonables, legales y responsables. Mejor anunciar descuentos y facilitar el cumplimiento, como ya adelantó el Gobierno del Estado.
La ciudadanía no necesita más impuestos, a nadie nos gustan, necesita gobiernos que administren mejor lo que ya cobran.

