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Heroica ciudad de Chihuahua, Chih. México
31 de enero 2026

El Cabildo del absurdo

El Cabildo del absurdo

No sabemos ni cómo empezar esta columna. Y no por falta de ideas, sino por exceso de vergüenza ajena. Porque lo que ocurrió ayer en Ciudad Juárez no es anécdota menor ni chiste político: es el retrato fiel del nivel de circo en el que hemos permitido que se convierta la vida pública local.

Ahora resulta que el “honorable” Cabildo —honorable solo por el nombre, porque los hechos cuentan otra historia— decidió entrar en sesión solemne para jugar a la política como si estuvieran en la mesa de una cantina de pueblo. En lugar de discutir seguridad, migración, violencia contra las mujeres, crisis humanitaria o desarrollo urbano, se pusieron a fantasear con ponerle el nombre de Andrés Manuel López Obrador al edificio del PAN.

Sí. A eso llegaron.

Mientras la ciudad arde por múltiples frentes, nuestros regidores se dedicaron a provocar, a burlarse, a estirar la liga del ridículo. No para construir, no para resolver, sino para incomodar al adversario político y arrancar aplausos baratos en su burbuja ideológica. Política de kindergarten, financiada con recursos públicos.

El problema no es solo la ocurrencia —que ya de por sí es grotesca—, sino lo que revela: una clase política desconectada, frívola, ensimismada, incapaz de distinguir entre lo simbólico útil y la provocación estéril. Como si la ciudad no tuviera problemas reales. Como si Juárez pudiera darse el lujo de perder el tiempo en payasadas institucionales.

Porque mientras ellos juegan al escarnio político, la realidad sigue golpeando con fuerza. Ahí está la frontera convertida en laboratorio del dolor humano: detenciones como política migratoria en nuestra vecina ciudad que separa familias y dejan hijos huerfanos, sufrimiento como saldo cotidiano. Familias separadas, personas detenidas como mercancía, derechos humanos tratados como estorbo. Ese es un tema que amerita sesiones completas, posturas firmes, coordinación binacional. Pero no, mejor el show.

Y si volteamos a ver hacia dentro, el panorama es todavía más indignante. Colonias enteras de Ciudad Juárez concentran los mayores índices de violencia contra las mujeres. Violencia física, psicológica, sexual. Historias que no caben en discursos ni en hashtags, pero que exigen acciones urgentes, políticas públicas, presupuesto, seguimiento. ¿Escuchó usted algo de eso en el Cabildo? No. Estaban ocupados jugando a ver cómo incomodar al PAN con el nombre de un edificio.

Este es el verdadero insulto. No a un partido, no a un expresidente, sino a la inteligencia de los ciudadanos. Porque cada minuto que el Cabildo dedica al circo es un minuto que le roba a la ciudad. Cada sesión convertida en burla es una renuncia tácita a gobernar.

La política juarense ha tocado fondo: un Cabildo que ignora el dolor real por chistes de bar. Detenciones que destrozan hogares, violencia que encierra a mujeres en el miedo, y ellos discutiendo nombres de edificios. Es un asco que clama cambio. Y aquí viene la pregunta incómoda, pero necesaria: ¿en qué momento los ciudadanos vamos a quitarle el poder a esta clase política? ¿En qué punto vamos a dejar de normalizar la mediocridad, la payasada, la provocación sin sustancia? Porque esto no es un desliz aislado; es una forma de hacer política que se ha vuelto costumbre.

Juárez no necesita regidores ingeniosos para la burla, necesita representantes serios para la crisis. No necesita sesiones solemnes para el sarcasmo, sino para enfrentar la violencia, la migración, la desigualdad y el abandono institucional. Lo demás es ruido. Y del más barato.

Así que sí, el asco es comprensible. Pero más grave sería resignarnos.

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