
Morena, el partido donde pelear está “prohibido”
En Morena está prohibida la confrontación, la denostación y cualquier cosa que huela a pleito. Es decir, está prohibido exactamente lo que hacen todos los días. Por eso el senador Juan Carlos Loera denunció al alcalde Cruz Pérez Cuéllar ante la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia… por decir públicamente que “ni un peso ha bajado en seguridad”. Una frase que, en cualquier democracia, sería una crítica política; pero en Morena, al parecer, es considerada violencia intrafamiliar partidista.
La queja caminó, fue admitida, revisada, contestada… y cuando el espectáculo ya tenía palomitas listas, el propio denunciante decidió desistirse. Eso sí, con la elegante advertencia de que podría volver a denunciar si su reputación vuelve a ser lastimada.
Morena presume ser un movimiento distinto, unido y sin pleitos internos. Y lo es. Tan distinto que sus pleitos no son pleitos, son denuncias que no son denuncias, críticas que no son críticas y desistimientos que no son desistimientos. Todo bajo el noble principio de la unidad… aunque sea a punta de expedientes.
Al final, el mensaje es claro, en Morena no está permitido confrontarse. Está permitido denunciarse, desistirse, advertirse y volver a denunciarse. Pero confrontarse, jamás. Porque la unidad es sagrada… sobre todo cuando cuelga de un hilo.
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El club de la pelea
Si usted pensaba que lo de Juan Carlos Loera y Cruz Pérez Cuéllar era el único episodio de amor fraternal dentro de Morena, no se preocupe, el movimiento tiene más capítulos que una telenovela de horario estelar. Porque mientras unos se denuncian y luego se perdonan, otros se aplican el método más efectivo para evitar la confrontación, despedir al compañero.
Ahora el turno es de Mario Delgado, quien en su calidad de secretario de Educación Pública decidió poner de patitas en la calle a Marx Arriaga, el hasta hace poco director general de Materiales Educativos.
Porque en Morena no se pelean, se reacomodan. No se confrontan, se remueven. No se insultan, se cesan. Todo en nombre de la unidad, esa palabra mágica que sirve lo mismo para pedir disciplina que para justificar el hacha.
Así que no, no hay pleitos en Morena. Hay denuncias que se retiran, reputaciones que se advierten y funcionarios que amanecen sin oficina. Pero pleitos, jamás. Porque aquí la unidad es tan fuerte… que a veces alguien tiene que salir sobrando para conservarla.
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Quién es quién en esta historia
Y continuamos con los pleitos, pero antes, adentrémonos en quién es quién en el siguiente pleito interno de Morena.
Para entender la dimensión del pleito, primero hay que ubicar a los protagonistas.
Julio Scherer Ibarra no es cualquier crítico. Fue el consejero jurídico de la Presidencia, el abogado principal de Andrés Manuel López Obrador, el hombre que revisaba decretos, leyes y decisiones clave del gobierno. Era parte del círculo más íntimo del poder.
Del otro lado está Jesús Ramírez Cuevas, quien fue el coordinador general de Comunicación Social de la Presidencia, es decir, el encargado de la relación con medios, la publicidad oficial y la narrativa pública del gobierno. Hoy es jefe de asesores presidenciales. Además, es fundador y figura histórica del periódico Regeneración de Morena.
Es decir, no hablamos de adversarios. Hablamos de dos hombres que estuvieron sentados en la misma mesa del poder.
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Después de ver a Loera denunciar y luego perdonar, a Cruz reclamar y luego seguir como si nada, y a Mario Delgado aplicar el despido como terapia de unidad, uno pensaría que ya conocía el manual completo de la armonía morenista.
Pero entonces apareció Julio Scherer con algo más peligroso que una denuncia, un libro.
Y en ese libro no acusa a un opositor, no acusa a un conservador, no acusa a un adversario moral. Acusa a uno de los suyos. A Jesús Ramírez Cuevas. El hombre que manejó la comunicación presidencial. El guardián del discurso. El arquitecto de la narrativa.
La acusación es sencilla de entender y difícil de digerir, más de 2,800 millones de pesos en contratos relacionados con la impresión del periódico Regeneración, medio vinculado al entorno de Ramírez y a uno de sus socios comerciales.
Dos mil ochocientos millones.
No son volantes. No son trípticos. No es la tanda de la oficina. Es dinero público en cantidades que ya no se cuentan, se respiran.
Pero aquí tampoco hay confrontación. Aquí hay libros. Porque en Morena, cuando alguien quiere decir algo incómodo, no grita… publica un libro.
Y lo verdaderamente revelador no es el señalamiento en sí. Es el origen. No viene de un enemigo. Viene de un exconsejero presidencial. De alguien que vio el poder por dentro. De alguien que ahora cuenta lo que antes calló.
Así que sí, Loera, Cruz, Delgado y Arriaga son bebés de pecho. Ellos pelean por reputación, por cargos o por posiciones. Aquí hablamos de algo más profundo, el control, el dinero y la narrativa.
Dios los hace y ellos se juntan.
