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Heroica ciudad de Chihuahua, Chih. México
19 de febrero 2026

Bien la presidenta y bien la gobernadora. | La cruda de la realidad | El ladrillo que ya se están repartiendo

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Bien la presidenta y bien la gobernadora.

En medio del ruido, los insultos y la eterna guerra de etiquetas, que si chairos, que si fifís, que si chayoteros, hay algo que no debería perderse,  la capacidad de reconocer los hechos.

El brote de sarampión en Chihuahua fue contenido. Hubo vacunas. Hubo logística. Hubo coordinación entre el gobierno federal y el estatal. Y, sobre todo, hubo una acción concreta que evitó que más niños enfermaran.

Las vacunas las entregó la Federación. El Estado asumió la operación, los costos y la aplicación. Así de simple. Así es como debe funcionar un gobierno,  sin discursos, sin excusas, sin culpas heredadas, sino con resultados.

Reconocerlo no es defender a nadie. No es aplaudir ideologías. Es reconocer que cuando se trata de la salud de los niños, lo único que importa es que las cosas se hagan… y se hagan a tiempo.

Porque criticar cuando se hace mal es una obligación. Pero reconocer cuando se hace bien, también es un acto de honestidad, así que, bien por Claudia y bien por Maru. 

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La cruda de la realidad

El poder es una ilusión poderosa. Mientras lo tienen, se sienten intocables. Hablan como si el cargo les perteneciera, como si la silla fuera herencia y no un préstamo temporal. Desde ahí desprecian, confrontan y creen que el mundo empieza y termina en su oficina.

Pero el poder no es eterno. Y cuando se acaba, llega la parte más dura, la vulnerabilidad.

Eso fue lo que le alcanzó a Marx Arriaga. Ayer atrincherado, resistiéndose a soltar el cargo. Hoy, caminando sin protección, sin cargo y sin el cobijo que le daba la SEP. Escuchando reclamos directos, descubriendo que sin el poder, la realidad pesa más.

Es la caída del ladrillo. El momento en que el funcionario vuelve a ser ciudadano. Sin privilegios. Sin escudos. Sin aplausos obligados.

Y esa es una lección que tarde o temprano alcanzará a todos los políticos de México, el poder es prestado… y cuando se devuelve, regresa  la vulnerabilidad que tanto despreciaron.

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El ladrillo que ya se están repartiendo

Y mientras unos apenas están probando la intemperie y la soledad que deja el poder cuando se acaba, otros ya actúan como si nunca se les fuera a acabar.

El equipo de Cruz Pérez Cuéllar anda tan sobrado que, aún  ni siquiera han ganado… y ya se están repartiendo el botín. Ya andan gritando quién tendrá puesto, quién recibirá contratos, qué empresas serán las “elegidas” y cuáles quedarán fuera. No han llegado, pero ya se sienten instalados.

Es el mismo error de siempre, confundir la aspiración con la posesión. Creer que el poder es suyo antes de que siquiera exista.

No han aprendido nada. No entendieron la lección de los que ayer se sentían intocables y hoy caminan solos. Porque el poder no castiga la ambición… castiga la soberbia.

Y en ese equipo, más que un proyecto, lo único que parece estar encendido, es el botón de la arrogancia.

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