
Un equipo internacional de científicos anunció el hallazgo del Spinosaurus mirabilis, una nueva especie localizada en la región aislada de Jenguebi, en el desierto del Sahara, Níger. Este descubrimiento, el primero relacionado con este icónico dinosaurio en más de un siglo, pone en duda la teoría predominante que lo describía como un depredador capaz de sumergirse y nadar en mar abierto.
Al ser encontrados en un entorno continental, los restos sugieren que estos gigantes habitaban ecosistemas fluviales y boscosos, operando de manera más similar a las aves zancudas modernas que a un animal estrictamente acuático.
El trabajo, liderado por los paleontólogos Paul Sereno y Daniel Vidal, fue publicado en la portada de la revista Science y cuenta con la participación de instituciones como la Universidad de Chicago y la UNED.
El Spinosaurus mirabilis, apodado Espinosaurio maravilloso, se caracteriza por poseer una cresta en forma de cimitarra y una estructura dental especializada que funcionaba como una trampa para peces. Según los investigadores, su anatomía indica que acechaba a sus presas en aguas poco profundas, sumergiendo únicamente el hocico mientras mantenía su capacidad de respirar gracias a la posición retraída de su nariz.
Este hallazgo sitúa a la nueva especie en la tercera y última fase evolutiva de su linaje, hace aproximadamente 90 millones de años. De acuerdo con Daniel Vidal, estos dinosaurios representaban a los últimos supervivientes de una estirpe en decadencia que se volvió extremadamente vulnerable debido a su alta especialización geográfica.
El aumento del nivel del mar y los cambios bruscos de temperatura en la Tierra habrían sido factores determinantes en su extinción, demostrando que su adaptación tan específica a la pesca en entornos restringidos los hizo incapaces de sobrevivir a las transformaciones ambientales de su época.
Finalmente, el estudio aclara que la distintiva cresta de estos ejemplares no era una herramienta de caza o defensa, sino un órgano de exhibición social para el reconocimiento entre individuos y el cortejo sexual. Lejos de la imagen proyectada en la cultura popular, como en la película Jurassic Park III donde se le retrata como un nadador incansable, la evidencia científica actual lo posiciona como un depredador de emboscada que dependía de sus poderosos músculos cervicales para capturar peces con movimientos rápidos.
Con este descubrimiento, se abre un nuevo capítulo en la paleontología que redefine el comportamiento de uno de los carnívoros más grandes que han pisado el planeta.
