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Heroica ciudad de Chihuahua, Chih. México
24 de febrero 2026

Ya quiero otro cargo | Murió esperando… y no por lo que llegó

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Ya quiero otro cargo

En Chihuahua, la política dejó de ser un encargo para convertirse en un trampolín.

Todavía no terminan el puesto que les confiaron. Todavía no resuelven los problemas que juraron atender. Todavía no pueden presumir resultados sólidos. Y aun así, ya andan buscando el siguiente cargo.

Las elecciones 2027 se han convertido en una obsesión prematura. Hay quienes pasan más tiempo en la construcción de su candidatura que en el cumplimiento de su responsabilidad actual. Más enfocados en la fotografía, en la narrativa, en el posicionamiento… que en los resultados.

El problema no es que aspiren. El problema es que abandonan el presente por un futuro que no les pertenece.

Porque gobernar no es un ensayo. No es una etapa de preparación. No es un requisito para el siguiente puesto. Es un encargo que exige resultados, capacidad y responsabilidad.

Quieren seguir gobernando, pero no han podido, o no han querido, cumplir con lo que hoy tienen en sus manos.

La política en Chihuahua vive una paradoja peligrosa, los que buscan subir, ni siquiera han demostrado que saben sostenerse.

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Ya que andamos en estos temas del 2027, hay algo que resulta igual de preocupante, la burbuja de soberbia en la que ya viven algunos equipos políticos.

No han ganado nada. No han sido electos para ese cargo. No han enfrentado una sola boleta. Y aun así, ya se comportan como si el resultado fuera inevitable.

Se les nota en la forma de caminar, en la forma de hablar y, sobre todo, en la forma de tratar a los demás. Hay una seguridad que no nace de los resultados, sino de la ilusión. Una confianza que no se construyó con logros, sino con narrativa.

Ya reparten posiciones que no existen. Ya deciden quién estará y quién no estará. Ya actúan como si el poder fuera un trámite y no una decisión ciudadana.

Y en política, la soberbia tiene una característica infalible, siempre llega antes que la caída.

Mientras ellos viven en el futuro que imaginan, el ciudadano sigue viviendo en el presente que ellos han sido incapaces de resolver.

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Murió esperando… y no por lo que llegó

De manera extraoficial, estamos recabando información sobre un caso que, de confirmarse, retrata con crudeza el estado real del sistema de salud pública.

Se trata de un paciente que acudió al IMSS por un problema dental. No llegó por el corazón. No llegó por una emergencia mayor. Llegó por un dolor que, en cualquier sistema funcional, debió atenderse con oportunidad.

Pero la espera fue larga. Demasiado larga.

Según los primeros datos que han comenzado a surgir, el paciente sufrió un infarto mientras esperaba atención. No en su casa. No en la calle. Dentro de una institución cuya razón de ser es precisamente evitar que eso ocurra.

Y falleció.

Hoy, más allá de los protocolos, los informes y las explicaciones que seguramente llegarán, queda una pregunta que pesa más que cualquier versión oficial ¿cuánto vale el tiempo de un paciente dentro del sistema público de salud?

Porque cuando la espera mata, deja de ser una falla administrativa. Se convierte en algo mucho más grave.

Nada está confirmado oficialmente aún. La información sigue fluyendo. Pero si algo ha aprendido el ciudadano en los últimos años, es que cuando se trata del IMSS, la sorpresa dejó de existir hace mucho tiempo.

Lo verdaderamente sorprendente… es cuando sí funcionan.

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