
Necesitamos conciencia
En Chihuahua nos pueden llenar la ciudad de semáforos, pintar todas las avenidas con pasos peatonales, construir puentes y pasos a desnivel para evitar cruces peligrosos. Podemos gastar millones en infraestructura vial. Pero mientras la cultura vial siga siendo la misma, los accidentes fatales van a seguir ocurriendo.
Porque el problema no siempre está en la calle… está en que no usamos la cabeza.
AquĂ se ignoran semáforos, se manejan como si los lĂmites de velocidad fueran sugerencias, se cambian carriles sin direccionales y no falta el que va pegado al claxon como si la avenida fuera pista de carreras. Y para rematar, aparece el clásico energĂşmeno que se indigna diciendo: “¡Respeten el carril de alta!”… cuando en Chihuahua las avenidas no tienen carriles de alta, ni de media ni de baja.
SĂ, la autoridad vial muchas veces parece dormida en sus laureles. Falta vigilancia, faltan sanciones y sobra tolerancia al desorden.
Pero también hay que decirlo con todas sus letras, la responsabilidad no es solo del gobierno.
Es de todos los que manejamos.
Mientras no entendamos que el volante es un arma, que una direccional puede evitar una tragedia y que unos segundos de prisa no valen una vida, ninguna obra vial será suficiente.
Porque las ciudades no solo se ordenan con semáforos.
Se ordenan con ciudadanos que saben respetarlos. 🚦
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La apabullada digital a Corral
Ayer el exgobernador Javier Corral fijĂł postura sobre la llamada “casa dorada” de la gobernadora Maru Campos. Palabras más, palabras menos, hablĂł de un supuesto trato privilegiado a Duarte y recomendĂł leer la investigaciĂłn periodĂstica que revela una red de operaciones inmobiliarias.
Hasta ahĂ, una postura polĂtica más. Un comentario que bien podrĂa entrar al debate pĂşblico.
Pero lo verdaderamente llamativo no fueron las declaraciones de Corral… fueron los comentarios de la gente.
BastĂł abrir la publicaciĂłn para encontrarse con una avalancha de respuestas que poco tenĂan de aplausos y mucho de memoria. Usuarios recordándole su paso por el gobierno, cuestionándole autoridad moral para señalar a otros y, sobre todo, reclamándole la famosa “chapuliniada” polĂtica que lo llevĂł a terminar cobijado por el mismo rĂ©gimen que antes combatĂa.
Las frases que le dejaron no fueron precisamente diplomáticas.
“Javier por favor, no puedes hablar de esto”.
“Hay que ser marrano… pero no trompudo”.
Agandallador de casas de ancianas.
“¿Con qué cara vienes a señalar?”
Más allá de la investigaciĂłn que cita o del tema que intenta posicionar, lo que quedĂł claro en esa publicaciĂłn es otra cosa, la opiniĂłn pĂşblica no siempre compra el mensaje cuando no confĂa en el mensajero.
Ayer, en redes sociales, Javier Corral no encontró un foro… encontró un paredón de comentarios.
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DE MAL Y DE MALAS
A la presidenta Claudia, cada dĂa se le complica más el tablero. Y no precisamente por la oposiciĂłn, sino por el contexto internacional que ya empezĂł a endurecerse.
Mientras en MĂ©xico se siguen enviando señales ambiguas, entre discursos, abrazos polĂticos incĂłmodos y la tolerancia hacia personajes señalados por sus vĂnculos con el crimen, en Estados Unidos el tono ya cambiĂł de manera radical.
Durante la conferencia “AmĂ©ricas contra los carteles” en Miami, el asesor estadounidense Stephen Miller fue brutalmente claro, los cárteles, dijo, son el ISIS y el Al Qaeda del hemisferio occidental. Y bajo esa lĂłgica, deberĂan ser combatidos con la misma dureza.
Pero la advertencia más delicada vino después.
Pete Hegseth, secretario de Guerra de Estados Unidos, dejĂł sobre la mesa algo que hasta hace poco parecĂa impensable, una ofensiva militar contra los carteles… incluso sin el apoyo de los gobiernos latinoamericanos.
AhĂ es donde MĂ©xico debe entender la gravedad del momento. Porque en medio de ese discurso internacional, lo Ăşltimo que conviene es que desde el poder se sigan mandando señales de cercanĂa o protecciĂłn polĂtica a personajes y grupos que cargan con sospechas de vĂnculos con el narcotráfico.

