
La Guardia Revolucionaria de Irán emitió una respuesta contundente este martes 10 de marzo de 2026 a las afirmaciones del presidente estadounidense, Donald Trump, quien previamente había declarado que el conflicto estaba “prácticamente terminado”. El cuerpo militar de élite calificó las palabras del mandatario como “falsas” y aseguró que su arsenal de misiles es actualmente más potente que al inicio de las hostilidades, contando con ojivas de más de una tonelada.
A través de un comunicado difundido por la agencia Fars, la organización castrense subrayó que tiene la voluntad y los recursos para ampliar el alcance del conflicto bajo la premisa de que “la seguridad será para todos o la inseguridad para todos”. Con este mensaje, Teherán busca desmentir la narrativa de Washington sobre la supuesta aniquilación de su fuerza aérea, marina y sistemas de comunicación, calificando los dichos de Trump como una estrategia para evitar la desmoralización de las tropas estadounidenses.
Tensión en el Estrecho de Ormuz
El comunicado también abordó la situación estratégica en el Estrecho de Ormuz, un punto crítico por donde circula el 20% del crudo mundial. Mientras Trump insinuó estar considerando tomar el control total de la vía para normalizar el tránsito marítimo, la Guardia Revolucionaria lanzó una advertencia económica global:
- Bloqueo energético: Amenazaron con no permitir la exportación de “un solo litro de petróleo” de la región hacia los países hostiles y sus socios si continúan las agresiones contra la infraestructura iraní.
- Distancia de seguridad: El cuerpo militar afirmó que los buques de guerra de EE. UU. se han mantenido a más de mil kilómetros de la zona de conflicto para protegerse de los drones y misiles de largo alcance iraníes, contradiciendo la versión de un paso “fácil” por el estrecho.
Esta escalada retórica pone en duda la pronta conclusión de la guerra y mantiene en vilo al mercado energético internacional ante la posibilidad de una parálisis total en el Golfo Pérsico. La postura iraní es clara: ellos pretenden determinar cuándo y bajo qué condiciones finalizará el enfrentamiento, utilizando el control del suministro de petróleo y gas natural licuado (GNL) como su principal herramienta de presión geopolítica.

