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Heroica ciudad de Chihuahua, Chih. México
9 de marzo 2026
12:01 pm

Otra vez la UACH | La repartición de vergüenza | Las “matemáticas” del senador | El moralista

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Otra vez la UACH

Hay instituciones que viven de su historia… y otras que viven de los recursos públicos. La Universidad Autónoma de Chihuahua debería ser ambas,  orgullo académico y motor de desarrollo para el estado. Pero basta con darse una vuelta por Ciudad Universitaria para entender que algo está muy mal.

Porque lo que uno encuentra ahí no es una ciudad universitaria digna del nombre. Parece más bien una ranchería universitaria. Y perdón para los ranchos por la comparación.

Edificios deteriorados, espacios descuidados, infraestructura que parece detenida en el tiempo y una sensación general de abandono que contrasta brutalmente con los millones y millones de pesos que recibe la institución. Porque hay que decirlo claro, a la UACH le llegan recursos hasta cuando los chihuahuenses respiran. Recursos federales, estatales, cuotas, subsidios… dinero público que debería reflejarse en instalaciones dignas para los estudiantes.

Pero no.

Lo que sí sobra son siglas enormes. La UACH aparece en letras gigantes en bardas, edificios y propaganda institucional. El problema es que esas siglas tan grandes se ven cada vez más chiquitas cuando las administran directores insoportables, burócratas cómodos y funcionarios que parecen haber perdido cualquier respeto por la institución.

Porque lo que hoy se percibe no es falta de dinero.
Es falta de interés.
Falta de gestión.
Y, sobre todo, un preocupante valemadrismo institucional.

Mientras en el discurso se habla de excelencia, innovación y liderazgo académico, en la realidad los estudiantes caminan entre instalaciones que no reflejan ni respeto ni visión de futuro. Y eso es inaceptable.

Porque quienes pagan las consecuencias no son los directivos que firman oficios desde oficinas cómodas. Son los estudiantes. Jóvenes que llegan con la esperanza de formarse en una universidad fuerte y terminan encontrándose con espacios que parecen olvidados por quienes deberían cuidarlos.

La UACH debería ser orgullo de Chihuahua. Un referente académico del norte del país.
Pero si Ciudad Universitaria sigue pareciendo un terreno abandonado, la pregunta es inevitable:

¿Dónde está el dinero… y dónde está la responsabilidad de quienes administran la universidad?

Porque las siglas UACH pueden ser muy grandes en los muros.
Pero cuando la gestión es pequeña, la institución también termina viéndose pequeña.

Y eso, para una universidad pública, simplemente no debería permitirse.

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La repartición de vergüenza

En política hay discursos… y luego está la realidad. Y en Morena, cada vez es más evidente que con la izquierda reclaman y con la derecha hacen exactamente lo mismo que critican.

La senadora morenista Andrea Chávez Treviño lanzó acusaciones contra la gobernadora María Eugenia Campos Galván, asegurando que trabajadores habrían sido despedidos por simplemente dar “like” a sus publicaciones en redes sociales. El señalamiento buscaba pintar un escenario de persecución política.

El problema vino después.

Porque el también morenista Juan Carlos Loera de la Rosa apareció para arruinar el discurso. Sin rodeos reconoció que dentro de Bienestar Chihuahua también existe presión política e incluso despidos por interacciones en redes.

Es decir, mientras unos acusan… otros confiesan.

Así, lo que pretendía ser un golpe contra el adversario terminó exhibiendo algo mucho más incómodo, las mismas prácticas dentro de sus propias filas.

Morena quiso dar una lección de moral política… y terminó dando una lección de hipocresía.

Porque cuando el fuego amigo habla, la verdad suele salir sola.

Y queda claro que en ese partido llegaron tarde a la repartición de vergüenza. 🔥

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Las “matemáticas” del senador

Si algo no se le puede negar a la política mexicana es su capacidad para sorprender. Esta semana, el senador Juan Carlos Loera de la Rosa decidió regalarnos una joya de la lógica económica… o más bien de las “matemáticas”.

Con un cinismo que raya en lo increíble, explicó quien sabe con cuantas “bobadas” que si! la gasolina sí cuesta 10 pesos. Sí, así como lo oye. Aunque usted llegue a la gasolinera y pague 26 pesos por litro, según el senador la cuenta cambia si se hacen ciertos “ajustes mentales”.

Su razonamiento fue digno de caricatura, y así quedaría el guion: “si le restas seis pesos… y luego lo divides entre dos… y ¡pum!, mágicamente la gasolina termina costando diez pesos.”

Casi casi como el gallo Claudio cuando presume: “¡Matemáticas, hijo!”.

Y si seguimos con  esa lógica creativa, si volvemos a dividir la cuenta entre dos, pues entonces la gasolina ya no estaría en diez… sino en cinco pesos. Total, cuando las cuentas se acomodan al discurso político, todo es posible.

El problema es que la realidad no se paga con discursos ni con trucos aritméticos. La realidad se paga en la bomba de gasolina. Y ahí, todos los mexicanos saben perfectamente cuánto cuesta, independientemente si antes ganaba $200 o ahora gana $300

Por eso declaraciones así no sólo resultan absurdas. Resultan insultantes para la inteligencia de la gente.

Porque una cosa es defender un gobierno…
y otra muy distinta querer resolver el precio de la gasolina con matemáticas de caricatura.

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El moralista

Durante años, Javier Corral Jurado construyó su narrativa política señalando la corrupción del pasado y comparándose constantemente con César Duarte Jáquez. Se presentó como el gran cruzado anticorrupción, el hombre que venía a limpiar la casa.

Pero el tiempo, siempre implacable en política, ha comenzado a contar otra historia.

Ahí está el caso de Arturo Fuentes Vélez, pieza clave del gobierno corralista en el manejo de las finanzas estatales, hoy con procesos y acusaciones por presuntos desvíos millonarios de recursos públicos.

Y también aparece el nombre de Óscar Alberto Aparicio Avendaño, señalado recientemente en documentos que lo vinculan presuntamente con pagos provenientes del crimen organizado.

Quizá lo más delicado no es solo el señalamiento en sí. Lo realmente inquietante es la pregunta inevitable, si hoy aparecen esos señalamientos, nada garantiza que esas conductas no hayan ocurrido también mientras ocupaba un cargo público de primer nivel en temas de seguridad.

Porque en política la confianza no se construye con discursos, sino con trayectorias limpias.

Así, la narrativa del gobierno “moralmente superior” empieza a tambalearse.

La diferencia quizá no esté en los casos…
sino en el tono.

César Duarte Jáquez fue acusado de corrupción.
Pero Javier Corral Jurado pasó años dando lecciones de moral.

Y en política hay algo que suele pesar más que los escándalos:

la hipocresía.

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