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10 de abril 2026
4:53 am

Morena y los arribistas | César y Rafa a la cabeza | Sí Andrea va por la capital, la historia toma forma

Morena y los arribistas

Hay momentos en la política donde no todo se puede medir con la misma vara. Y hoy, con la presencia de bardas con el nombre del diputado local Cuauhtémoc Estrada en distintos puntos del suroriente de Ciudad Juárez, vale la pena hacer una distinción que muchas veces se pierde en el ruido.

No es lo mismo llegar cuando el camino ya está pavimentado, que haber estado cuando apenas se estaba abriendo brecha.

Morena no se construyó de la noche a la mañana ni a base de oportunismos. Se levantó con años de trabajo, de resistencia, de caminar colonias, de tocar puertas cuando no había reflectores ni certezas electorales. Y en ese proceso, hay perfiles, como el de “El Chief” Estrada, que vienen desde el origen, que han sido parte de esa construcción desde antes de que fuera cómodo o rentable políticamente.

Por eso, cuando hoy se habla de bardas, de promoción o de presencia en el espacio público, también hay que poner sobre la mesa quién es quién. Porque no todos los que hoy se visten de Morena ayudaron a construirlo. Muchos llegaron después, cuando el movimiento ya era gobierno, cuando ya había estructura, cuando ya había poder.

Pero no mal entienda, no se trata de aplaudir pintas ni de normalizar prácticas que el propio movimiento ha cuestionado. Se trata de entender que no todos parten del mismo lugar. Que hay quienes han sido consistentes, y hay quienes simplemente se acomodaron.

Cuauhtémoc “el chief” representa, para muchos, esa etapa inicial de Morena, la de convicción, la de trabajo silencioso, la de permanencia, y más en tiempos donde la política se llena de rostros nuevos pero no siempre de trayectorias claras, y si, de muchos arribistas.

Porque al final, más allá de bardas o coyunturas, lo que la gente termina valorando no es quién llegó primero a la pared… sino quién nunca se fue del proyecto.

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César y Rafa a la cabeza

En el PAN de Chihuahua comienzan a dibujarse señales interesantes rumbo a lo que viene. No son tiempos de definiciones todavía, pero sí de lecturas finas. Y hoy, hay dos aristas que llaman poderosamente la atención y que, lejos de generar ruido, pueden convertirse en una oportunidad si se entienden bien.

Por un lado, las encuestas empiezan a marcar nombres con claridad. Figuras como César Jáuregui y Rafa Loera aparecen posicionadas en los primeros lugares, lo que habla de trayectorias visibles, trabajo acumulado y presencia en la conversación pública. No es menor, en política, el reconocimiento no se improvisa.

Pero hay otra arista igual de relevante, quizá menos evidente, pero profundamente estratégica, la figura del secretario general de Gobierno, Santiago De la Peña. Un perfil que, sin estar necesariamente en la lógica tradicional del panismo puro, encaja en algo que el propio PAN ha venido buscando con insistencia en los últimos años, perfiles con visión más ciudadana, con tintes independientes, capaces de ampliar la base más allá del voto duro.

Y ahí es donde se abre una lectura positiva.

Porque más que una disputa interna, lo que se observa es una baraja diversa.

Lejos de ser un problema, esta dualidad puede convertirse en una fortaleza si se maneja con inteligencia. El PAN tiene frente a sí la posibilidad de construir una candidatura que combine experiencia, cercanía y apertura. No es elegir entre uno u otro perfil… es entender qué necesita la ciudadanía en este momento.

Porque si algo ha cambiado en el electorado, es que ya no basta con las siglas. Hoy pesan las historias personales, la credibilidad, la capacidad de generar confianza más allá de la militancia.

En ese sentido, el PAN parece estar, al menos por ahora, en una posición interesante, con perfiles competitivos en las encuestas y con opciones que pueden responder a esa demanda de frescura que tanto ha buscado.

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Sí Andrea va por la capital, la historia toma forma

Hay rumores que corren como el viento y otros que se deslizan como susurros en un pasillo largo, de esos donde cada puerta guarda un secreto. En Morena, dicen algunos, las piezas comienzan a acomodarse con una precisión que no deja mucho al azar. Como si alguien, desde una habitación silenciosa, ya hubiera trazado el tablero completo.

El primer indicio; para el estado, un nombre que se repite entre voces bajas, pero firmes, Cruz Pérez Cuéllar. No como posibilidad, sino como destino. Luego, al norte del tablero, Mayra Chávez para Ciudad Juárez, una jugada que parece lógica, casi natural, como si ya estuviera escrita desde antes de que alguien preguntara.

Pero toda buena historia tiene su giro.

Porque entonces surge la incógnita, la pieza que no encaja de inmediato, el personaje que no puede quedarse fuera sin alterar toda la trama, Andrea Chávez. Y ahí es donde el misterio toma forma.

¿Dónde colocar a quien también tiene fuerza, presencia y narrativa propia?

La respuesta, dicen los que juran haber visto el mapa completo, es clara, aunque no evidente a primera vista, ella va por Chihuahua capital.

Y entonces todo cambia.

Porque ya no es solo un reparto de posiciones, es una estrategia. Una especie de movimiento calculado donde cada pieza no solo ocupa un espacio, sino que responde a un equilibrio mayor. Como en esas historias donde nada es casualidad, donde cada personaje tiene un papel preciso, aunque el desenlace aún no se revele.

Pero, como en toda buena trama al estilo de Agatha Christie, siempre queda la duda flotando en el aire:

¿Esto ya está decidido… o apenas nos están dejando ver lo que quieren que veamos?

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