El peaje sube… el abandono también
Otra vez la misma, nos la vuelven a aplicar, nos suben el costo de las casetas como si transitar por autopistas fuera garantía de calidad, seguridad y eficiencia. Pero basta recorrerlas para darse cuenta de que la realidad va por otro lado.
Este incremento ya no suena a ajuste, suena a robo en despoblado. Cobros que aumentan año con año, mientras los usuarios siguen sorteando baches, tramos deteriorados, señalización deficiente y, en muchos casos, riesgos que van más allá del propio camino. Pagar más no se traduce en mejores condiciones, y eso es lo que enoja.
El discurso oficial habla de mantenimiento, inversión y mejora continua, pero en los hechos lo que se percibe es un sistema que exprime sin rendir cuentas claras. Un esquema donde el dinero entra y entra, pero no se refleja en la experiencia de quienes todos los días utilizan esas vías.
Y entonces surge la inevitable conclusión, el gobierno federal se comporta como un barril sin fondo. Todo recurso parece insuficiente, todo ingreso se diluye, y la exigencia siempre recae en el ciudadano. Más pago, más carga, más sacrificio, pero sin resultados visibles.
Cada incremento en las casetas termina impactando en el transporte de mercancías, en los costos logísticos, en los precios finales que paga la gente. Es una cadena que comienza en la carretera y termina pegándole directo al bolsillo de las familias.
Mientras tanto, quienes transitan esas rutas saben perfectamente la diferencia entre lo que se promete y lo que realmente se ofrece. Porque una cosa es la narrativa y otra muy distinta es la realidad que se enfrenta kilómetro a kilómetro.
Aquí no hay confusión ni decoro,
cobrar más por un servicio que no mejora no es modernización !es abuso!
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No fue el gobierno… fue el volante mal usado
Bastó una lluvia… una simple lluvia en la capital… para que el fin de semana pasado, Chihuahua se llenara de choques, volcaduras y escenas que ya parecen repetirse cada vez que el pavimento se moja.
Y aquí no hay para dónde hacerse. Ni modo que digamos que quienes iban manejando eran Claudia Sheinbaum, Maru Campos o Marco Bonilla. Esta vez no hay manera de voltear la mirada hacia el gobierno para buscar responsables.
Exceso de velocidad en calles mojadas. Conductores con el celular en la mano en lugar de la vista en el camino. Gente que maneja como si fuera la única en la ciudad.
Y sí, tanto *%^#*^# cafre al volante que no mide consecuencias y que, sin el mínimo sentido de responsabilidad, agarra un vehículo como si fuera un juguete.
Porque una lluvia no provoca accidentes por sí sola.
Lo que los provoca es la combinación de imprudencia, confianza mal entendida y cero cultura vial.
Esto ya se volvió la crónica de lo anunciado cada vez que cae agua, frenadas tardías, llantas lisas, vueltas a lo loco, carreras disfrazadas de prisa y el resultado es el mismo de siempre, daños materiales, lesiones y familias afectadas.
Y lo peor es que después vienen las excusas.
Que si no lo vi.
Que si se me fue.
Que si el carro no respondió.
No.
Lo que no respondió fue el criterio.
Manejar no es un derecho absoluto, es una responsabilidad. Y cuando esa responsabilidad se toma a la ligera, el precio lo pagamos todos, el que choca, el que es chocado y hasta el que solo pasaba por ahí.
Así que no, esta vez no hay a quién más echarle la culpa.
La lluvia solo exhibió lo que ya está mal desde hace tiempo, una cultura vial donde muchos creen que nada pasa, hasta que pasa.
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Habemus semaphorum novum??
Durante años, los automovilistas de Chihuahua han pedido lo mismo, semáforos que sí funcionen, menos caos y traslados más fluidos. Hoy, parece que esas plegarias por fin empiezan a ser escuchadas.
En un encuentro entre la gobernadora Maru Campos y el alcalde Marco Bonilla, apunta justamente a eso, atender una de las principales peticiones de la ciudadania con una propuesta que, además, nace desde los propios automovilistas.
Modernizar el sistema de semáforos no es un lujo, es una necesidad urgente. Y si a eso se le suma infraestructura como la vialidad Poniente 5, el mensaje es claro, hay intención de ordenar el tráfico y hacerle la vida más fácil a quienes todos los días se enfrentan al caos vial.
Falta ver los resultados, sí, pero por lo pronto, se ve una luz al final del túnel, parece que ahora sí, alguien está escuchando al volante.

