
Pleito entre Andrea y Tony
Tony Meléndez le dice a Andrea Chávez que no sea irresponsable, que el aumento en el peaje de las casetas viene de la Federación y la
acusa de querer capitalizarlo y posicionarse.
Pero más que debate… esto ya suena a canción. 🎶“Necesito decirte que no voy a olvidarte…” Y claro que no, porque parece que Andrea ya está en su radar político.
🎵“Te estaré esperando…”
Y sí… esperando el momento de enfrentarse en serio.
Mientras tanto, la gente sigue pagando más en casetas, ellos en franca campaña y el ciudadano, en la fila pagando.
El detalle incómodo es que ninguno está hablando de soluciones claras. Puro señalamiento, puro posicionamiento y cero alivio inmediato para quien cruza la caseta todos los días o ¿acaso usted ya los vio manifestándose en alguna caseta del estado?
Al final, ni la canción ni el pleito bajan tarifas. Y si! esto apenas empieza, lo que viene no es debate es campaña abierta disfrazada de discusión.
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Delegado de Conagua toda una fichita
Aquí hay algo que no cuadra y cuando no cuadra en política, casi siempre es porque alguien está jugando doble.
El director local de Comisión Nacional del Agua, Román Alcántar, salió a decir que el alcalde de Delicias, Jesús Valenciano, distorsiona la realidad del campo por intereses electorales. Que en medios critica, pero en la mesa firma. O sea, que afuera se queja pero adentro avala.
Hasta ahí, pareciera que el problema es el alcalde.
Pero no tan rápido.
Cuando un funcionario federal acusa así, también deja ver otra cosa, que las decisiones ya vienen planchadas, que las “mesas de trabajo” no son para debatir, sino para imponer. Y entonces, ¿quién está simulando? ¿el que critica afuera o el que presume acuerdos adentro?
Y luego viene el discurso bonito, digitalización, modernización, combate a la corrupción, módulos de apoyo, todo suena perfecto. El problema es que el campo no vive de discursos, vive de agua, de tiempos y de respuestas. Y ahí es donde la narrativa oficial empieza a hacerse de agua.
Porque si todo está tan bien como dice Alcántar ¿por qué hay inconformidad?
¿por qué los productores siguen batallando?
¿por qué el tema ya brincó al terreno político?
Aquí no hay santos ni víctimas puras. Hay intereses, hay cálculo y hay un funcionario que quiso exhibir, pero terminó exhibiéndose.
El delegado de Conagua resultó ser una fichita; acusa, señala, presume avances, pero no logra despejar la duda más importante, si todo está bajo control, ¿por qué nadie en el campo se siente tranquilo?
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Marcelo Ebrard, el transero
Hay formas de explicar las cosas y hay formas de exhibirse. Una cosa es ser padre y procurar a un hijo; pagarle renta, comida, escuela, ayudarle a salir adelante. Eso es responsabilidad. Eso es lo correcto. Nadie lo cuestiona.
Pero otra muy distinta es usar una embajada, un espacio diplomático que pagamos todos, como si fuera extensión de la casa.
Ahí es donde entra Marcelo Ebrard.
Porque según lo revelado por el periodista Claudio Ochoa, su hijo habría vivido en la embajada de México en Londres entre 2021 y 2022, durante la gestión de Josefa González Blanco. Y la explicación oficial es que era pandemia, que él estaba ocupado consiguiendo vacunas y que era un contexto extraordinario.
¿De verdad?
O sea que por estar “cumpliendo con su chamba” se daba el lujo de resolverle la vida a su hijo con recursos del Estado. Eso no es ser buen padre. Eso es tráfico de influencias con todas sus letras.
Porque miles de padres en México también trabajaban durante la pandemia, también se partían el lomo, también enfrentaban incertidumbre y ninguno tenía una embajada en Londres para alojar a sus hijos.
Que descaro y desfachatez de nuestra clase política que sigue creyendo que el poder es un privilegio personal.
Lo más grave no es que pase,
es que todavía lo quieran explicar como si fuera algo normal y, de parte de los seguidores de la 4T, justificando que los Prianistas eran peores.

