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Heroica ciudad de Chihuahua, Chih. México
24 de abril 2026
11:45 am

A la gente le vale un pepino su pleito | La polĂ­tica del apodo

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A la gente le vale un pepino su pleito

Que si la DEA, que si la CIA, que si la AEI…
que si Omar García Harfuch en lo federal, que si Gilberto Loya Chávez o César Jáuregui Moreno en lo estatal, que si Donald Trump, que si Claudia Sheinbaum, que si la soberanía, que si se informó o no se informó, que si el laboratorio medía 800 metros o medía menos…

¡Qué espectáculo!

Una pasarela de nombres, cargos y egos tratando de colgarse la medalla o de aventarse la culpa, segĂşn convenga.
Unos gritan “intervención”, otros presumen “coordinación” y al final, todos tratando de llevar agua a su molino.

Mientras los políticos y funcionarios se enredan en el discurso, hay una realidad mucho más simple,
si hay menos droga en las calles, eso es lo que deberĂ­a importar.

Lo demás es ruido.

Porque dígame usted ¿de verdad cree que a una madre que perdió a su hijo por las drogas o por la violencia le importa quién firmó el papel?
ÂżLe importa si se respetĂł la soberanĂ­a o si hubo coordinaciĂłn internacional?

No.
No le importa en lo más mínimo.

Le importa que su hijo ya no está.
Le importa que nadie llegĂł a tiempo.
Le importa que, como siempre, la tragedia le tocó a ella, mientras otros discuten en micrófonos, ganan escaparates y, eso sí, la soberanía queda intacta pero su hijo descansa en una  tumba.

Mientras la política se pierde en tecnicismos, en discursos y en protagonismos, la realidad exige algo mucho más básico,
R E S U L T A D O S.

Menos droga.
Menos violencia.
Menos muertos.

Todo lo demás, los nombres, los cargos, las explicaciones, para la gente que vive el dolor todos los días, le importa un pepino.

————

La polĂ­tica del apodo

En la polĂ­tica mexicana hay una obsesiĂłn que parece no pasar de moda, etiquetar a la gente.

Ponerles nombre, apodo, mote, reducirlos a una palabra.
No para entenderlos, sino para acomodarlos en una caja.

Esta práctica se volvió rutina desde el poder cuando Andrés Manuel López Obrador convirtió términos como “fifís”  “conservadores” o “chairos” en parte del discurso diario. No fue casualidad. Fue estrategia. Dividir para consolidar.

Después vinieron otros. Porque en política, lo que funciona, se copia.

Y hoy vemos el mismo libreto en voces más jóvenes,  Andrea Chávez, que en lugar de elevar el nivel del debate, recurre a lo mismo, llamar “chihuahuitas”, hablar de “pitufos”, insinuar que aquí se vive en “aldea” y hasta bromear con cambiarse el tono de piel para encajar con los “clasistas”.

ÂżDe verdad ese es el nivel?

Porque una cosa es la crítica política, válida, necesaria y otra muy distinta es caricaturizar a la gente, convertir a los ciudadanos en etiquetas desechables para ganar aplausos fáciles.

El problema no es el apodo.
El problema es lo que representa.

Representa simplificaciĂłn.
Representa desprecio.
Representa una polĂ­tica que prefiere dividir antes que convencer.

Cuando un político necesita etiquetar al ciudadano, es porque no le alcanza el argumento, y lo más grave es que eso baja. Baja a la calle, a la conversación diaria, a la familia y nos empezamos a ver como bandos, no como sociedad.

Hoy eres “chihuahuita”, ayer eras “fifí”, mañana serás cualquier otra cosa que convenga al discurso.

Y mientras tanto, los problemas siguen intactos, la inseguridad, la salud, la economĂ­a, esos no cambian con apodos.

Pero eso sí, el político ya se ganó su aplauso, su trending, su momento, aunque haya sido a costa de la gente, al final, etiquetar es fácil.
Gobernar… eso sí es otra cosa

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