
H. Cd. de Chihuahua.- El mundo del boxeo se ha quedado sin su tarjeta de puntuación más precisa. Eduardo Lamazon, el hombre que le puso “clase” a las transmisiones de los sábados de box, ha colgado los guantes de la vida, dejando un hueco imposible de llenar en los micrófonos de TV Azteca.
El “Lama Lamita”, poseedor de un conocimiento enciclopédico y de una voz que dictaba sentencia en cada asalto, se despidió de este mundo dejando huérfanos a miles de aficionados que confiaban más en su juicio que en el de los propios jueces oficiales. Es casi una ironía que el hombre que tanto defendió la justicia en el ring, haya tenido que ceder ante el veredicto inapelable de la naturaleza.
Con su partida, se cierra una época dorada en la crónica deportiva mexicana, donde su frase “mi tarjeta dice…” se convirtió en una ley no escrita para quienes crecimos viendo a los grandes campeones bajo su análisis. Hoy, la campana suena diez veces en su honor, mientras el boxeo llora a uno de sus hijos más ilustres y respetados, cuyo legado quedará grabado en la lona de la historia deportiva nacional.
(En Blanco y Negro)

