
Otra vez, y para que no quede ninguna duda.
Cada vez que desde Washington se habla de México pareciera que algunos esperan una llamada de atención, un regaño o una descalificación para salir corriendo a decir que ahora sí el país está de rodillas. Pero la realidad vuelve a ser más compleja que los discursos de campaña.
Donald Trump volvió a la carga. Ahora calificó a la presidenta Claudia Sheinbaum como una “mujer asustada” y aseguró que el gobierno mexicano ha perdido el control frente al crimen organizado. No es la primera vez que lo hace y, seguramente, no será la última.
Lo interesante es que mientras Trump endurece el tono, Sheinbaum optó por no engancharse en una guerra verbal y respondió que el mandatario estadounidense está mal informado sobre la realidad mexicana. Una respuesta que busca cerrar el capítulo, aunque difícilmente lo logrará.
Lo cierto es que Trump ha encontrado en México un tema rentable políticamente. Cada vez que necesita enviar un mensaje de fuerza a su electorado, aparece nuestro país en el discurso. Migración, seguridad, fentanilo o crimen organizado; el guion es prácticamente el mismo.
Y si algo queda claro con esta nueva embestida es que desde el otro lado de la frontera siguen viendo a la presidencia mexicana como un blanco cómodo para sus campañas políticas. La colocan contra las cuerdas en el discurso, la señalan, la exhiben y la utilizan como ejemplo de lo que, según ellos, no debe ocurrir en Estados Unidos.
Mientras tanto, México tendrá que seguir haciendo lo que le corresponde, resolver sus problemas sin esperar aplausos ni permiso de Washington.
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Vaya puntada de Cruz antes de irse
“Haiga sido como haiga sido”, la puntada que se aventó Cruz Pérez Cuéllar antes de solicitar licencia, al sugerir que la Torre Centinela podría venderse al infonavit para convertirla en departamentos verticales, logró lo que pocos consiguen, enchinchar a medio mundo.
Pero si alguien se encabritó de verdad fue Gil Loya. El secretario de Seguridad salió prácticamente de inmediato a defender el proyecto como si le hubieran tocado una fibra personal. Y es entendible, la Torre Centinela es una de las obras emblemáticas del actual gobierno estatal y cuestionarla equivale a meterse directo al corazón de una de sus principales apuestas.
Lo curioso es que la reacción fue tan intensa que por momentos parecía más una respuesta de campaña que una respuesta de funcionario, una cosa es defender una inversión pública y otra muy distinta tomarse cualquier crítica como si fuera un ataque personal.
Al final, la propuesta de Cruz podrá gustar o no gustar, parecer seria o una simple provocación política, pero consiguió su objetivo, poner el tema sobre la mesa y sacar a varios de su zona de confort.
Y entre todos los que brincaron, el que dio el salto más largo fue Gil Loya, quien ya se vio despachando en Palacio de Gobierno, aunque, por lo pronto, eso sigue ocurriendo únicamente en sus sueños más optimistas. 😄
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¿Extorsión o vigilancia masiva?
A menos de doce días de que venza el plazo para registrar las líneas celulares, el diputado Francisco Sánchez sigue lanzando toda la artillería contra la medida. Y la verdad es que los números le dan argumentos para seguir en la pelea, cerca del 82 por ciento de los usuarios aún no ha realizado el trámite.
El gobierno sostiene que el objetivo es combatir delitos como la extorsión. Suena bien en el discurso. ¿Quién podría estar a favor de los extorsionadores? El problema es que, una vez más, parece que por culpa de unos cuantos quieren poner bajo la lupa a millones de mexicanos que no han cometido delito alguno.
Porque esa es la pregunta de fondo, ¿de verdad la solución es tener registrados y localizados a todos los ciudadanos? ¿O estamos frente a otro caso donde el gobierno aprovecha un problema real para ampliar su capacidad de vigilancia sobre la población?
La resistencia de la gente es evidente. Ocho de cada diez usuarios no han cumplido con el registro. Y cuando una medida genera semejante rechazo, quizá las autoridades deberían preguntarse si el problema está en los ciudadanos o en la propia ley.
Francisco Sánchez asegura que el registro se está cayendo a pedazos. Habrá que ver qué dicen los tribunales. Lo que ya dijeron millones de mexicanos es otra cosa: desconfían.
Una cosa es perseguir delincuentes y otra muy distinta tratar a toda la población como sospechosa. Y ahí está precisamente el riesgo de los gobiernos abusones, comienzan prometiendo seguridad y terminan pidiendo cada vez más información, más controles y más vigilancia sobre ciudadanos que lo único que quieren es usar su teléfono en paz.

