
Marco y Brenda, el lujo de esperar
Hay cosas que simplemente no dejan de sorprender en la política de Chihuahua, a poco más de un año de que el proceso electoral entre en su etapa decisiva, el tablero parece estar completamente invertido.
En la carrera por la gubernatura, todo apunta a que en el PAN Marco Bonilla viaja en caballo de hacienda, mientras tanto, en Morena, Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chávez siguen a la espera de la definición que haga su partido, una decisión que, según se comenta en los círculos políticos, podría llegar entre agosto y septiembre después de las encuestas.
Pero donde el escenario cambia por completo es en la capital del estado.
Para la alcaldía de Chihuahua, quien parece estar muy cómoda es Brenda Ríos. Su estrategia, por ahora, luce sencilla, esperar a que el PAN defina quién será su rival.
Es precisamente ahí donde los panistas no terminan de encontrar el rumbo. Rafa, Santiago, César, Alan, Alfredo, Manque y los que todavía puedan sumarse viven una competencia interna que cada día se complica más. Se les cruzan los cables, pasan aceite, algunos ya hasta se desvielaron y los choques políticos entre aspirantes ya son evidentes.
Lo preocupante para Acción Nacional no es solamente quién resulte ganador, sino cuánto desgaste dejará el proceso, una contienda interna tan prolongada puede terminar cobrando factura cuando llegue el momento de cerrar filas.
Hoy la pregunta ya no es únicamente quién será el candidato del PAN para la alcaldía de Chihuahua, sino si, cuando finalmente haya humo blanco, el resto de los aspirantes estará dispuesto a remar en la misma dirección o si las heridas de la competencia terminarán pesando más que el proyecto electoral.
Así de caprichosa es la política, mientras unos todavía esperan que les levanten la mano, otros simplemente esperan sentados a que les digan quién tendrán enfrente.
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Y Rochaaa? ¿Para qué quiere fuero si tiene al gobierno?
En las últimas horas comenzó a circular en redes sociales una publicación atribuida a Rubén Rocha Moya. En ella asegura que solicitó licencia para separarse del cargo, que ha comparecido ante la Fiscalía General de la República, que no cuenta con protección federal y que todo lo que se dice en su contra forma parte de una campaña de calumnias.
Hasta ahí, es su versión de los hechos, pero casi al mismo tiempo se conoce que la Secretaría de Relaciones Exteriores decidió reservar durante cinco años los expedientes y las comunicaciones sostenidas con el gobierno de Estados Unidos relacionadas con Rocha Moya y el senador Enrique Inzunza, ¿“poes” que dirían esos expedientes?
Y entonces surge una pregunta que el gobierno federal tendría que responder con hechos, no con discursos, si no hay nada que ocultar, ¿por qué esconder la información?
Nadie está pidiendo una condena anticipada. Lo que exige la sociedad es transparencia, porque cuando existen señalamientos públicos de esa magnitud, que Rocha Moya rechaza y sobre los cuales no existe una sentencia que lo declare culpable, la mejor forma de despejar dudas no es clasificar expedientes, sino permitir que la verdad pueda conocerse.
Por eso resulta difícil creer el mensaje de que “no necesito fuero”. Quizá no lo necesite. Cuando todo el aparato del Estado parece cerrar filas, reservar información sensible y levantar un muro de opacidad alrededor del caso, la percepción ciudadana es inevitable, la protección no necesariamente está en el fuero, sino en el poder.
Y ese es el verdadero problema. Porque la confianza en las instituciones no se construye escondiendo documentos durante cinco años. Se construye permitiendo que los ciudadanos conozcan la verdad, aunque resulte incómoda para quienes gobiernan.
¿ O será que protegiendo a Rocha protegen a ya saben quién?

