
NO LA TIENE NADA FÁCIL
Maru Campos no la tiene fácil, y creo que sería un error minimizar lo que declaró ayer.
La gobernadora asegura que ha recibido amenazas contra ella, contra sus bienes y hasta contra su familia provenientes del Gobierno Federal. Dice, además, que algunas están por escrito, en oficios oficiales.
Una cosa es pelearse con Morena, enfrentarse políticamente con la presidenta o tener diferencias con funcionarios federales, eso forma parte de la política, pero otra muy distinta es sentir que tienes enfrente todo el poder de la Federación.
Cuando decimos todo el poder, es todo, la FGR, dependencias federales, investigaciones, expedientes, información y una maquinaria institucional infinitamente más grande que la que puede tener cualquier gobierno estatal.
Contra eso no es sencillo pelear, por eso las declaraciones de Maru también pueden entenderse como una advertencia: “sé que pueden volver por mí y lo estoy diciendo desde ahora”.
Hay algo que nos parece particularmente interesante, Maru habla de su familia y cuando un político mete a su familia en una acusación de este tamaño, eleva muchísimo la apuesta.
Una cosa es investigar y otra muy diferente utilizar una investigación para doblar políticamente a alguien, y esa frontera es precisamente la que hoy está poniendo sobre la mesa la gobernadora.
Lo cierto es que Maru enfrenta una situación complicada, tiene enfrente a un Gobierno Federal con muchísimo más poder político, jurídico e institucional que Chihuahua. Y si ella está convencida de que vienen nuevamente por ella, parece haber tomado una decisión, no esperar a que suceda para denunciarlo, está saliendo primero, está poniendo el tema públicamente y, de alguna manera, está diciendo que si mañana aparece una nueva investigación en su contra, quiere que Chihuahua recuerde lo que advirtió ayer .
¿Es una estrategia de defensa anticipada? Puede ser, pero si los documentos que asegura tener existen y dicen lo que ella sostiene, entonces esto deja de ser simplemente Maru contra Morena.
Sería algo mucho más delicado, una gobernadora enfrentándose prácticamente sola a todo el poder de la Federación, y esa, se quiera o no, es una pelea muy difícil.
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NO ES DINERO DE CLAUDIA
Mario Delgado, secretario de Educación Pública, se metió solito en una polémica que perfectamente pudo evitar, al hablar de la Beca Rita Cetina, dijo que la presidenta Claudia Sheinbaum “les manda su dinero” a los beneficiarios.
Y ahí está el problema, porque no es su dinero… los políticos se lo podrán robar pero, nunca lo van a poner.
No sale de la cartera de Claudia Sheinbaum, ni de su sueldo, ni de una cuenta bancaria personal de la presidenta. Es dinero público. Sale del presupuesto federal y, al final de la cadena, de los recursos que pertenecen a todos los mexicanos.
Decirle a una familia que “la presidenta les manda su dinero” transforma un programa público en una especie de regalo personal. Y esa idea, además de incorrecta, resulta políticamente muy conveniente, quien recibe el apoyo puede terminar creyendo que se lo debe a una persona y no a las instituciones.
Y aquí aparece otro elemento que Mario Delgado debería conocer perfectamente, el artículo 134 de la Constitución.
Ese artículo establece que la propaganda gubernamental debe tener carácter institucional y que no puede utilizarse para realizar promoción personalizada de servidores públicos.
Por eso la frase no es menor.
Si desde una comunicación oficial se presenta una beca pagada con recursos públicos como dinero que personalmente “manda” Claudia Sheinbaum, cuando menos existe materia para preguntarse dónde termina la información institucional y dónde comienza la promoción de la figura presidencial.
Será el INE, en caso de existir una denuncia, y eventualmente las autoridades jurisdiccionales electorales, quienes determinen si existe o no alguna infracción, pero la discusión está puesta sobre la mesa.
En fin, podrán cambiar los partidos, cambiar los colores y cambiar los presidentes, pero permanece la tentación de ponerle nombre, apellido y hasta rostro al dinero público.
Los gobiernos tienen todo el derecho de presumir sus programas. Claudia Sheinbaum puede defender la Beca Rita Cetina, explicar por qué decidió impulsarla y convertirla incluso en una de las banderas de su administración, lo que no corresponde es presentar el recurso como si fuera suyo.
Y resulta todavía más extraño que sea precisamente el secretario de Educación quien contribuya a esa confusión, porque si algo deberíamos enseñar desde el gobierno es justamente esto: El dinero público no pertenece al gobernante que lo administra.
La beca no la paga Morena, no la paga Mario Delgado y tampoco la paga Claudia Sheinbaum, la pagamos entre todos.
La presidenta administra, el gobierno ejecuta y el Congreso aprueba los recursos, pero el dinero sigue siendo público, parece una diferencia pequeña, En una democracia, es enorme.
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UNA ADVERTENCIA QUE HACÍA FALTA
Lo más rescatable de la postura asumida ayer por Daniela Álvarez, Alfredo Chávez, María Angélica Granados y Rocío González es que esta vez el mensaje fue dirigido a los periodistas de a pie.
A quienes cargan la grabadora, hacen la pregunta incómoda, cubren la rueda de prensa y todos los días se enfrentan directamente con el poder.
Y eso es bueno, porque cualquier reforma que pueda terminar limitando la libertad de expresión no afecta solamente a los grandes medios o a sus propietarios. El primer impacto puede sentirse precisamente abajo, en el reportero que empieza a preguntarse si una pregunta, una nota o una publicación le puede traer consecuencias.
Por eso vale que los propios periodistas conozcan lo que se está discutiendo, lo analicen y levanten la voz si consideran que amenaza su trabajo.
La libertad de expresión no se defiende únicamente desde las oficinas de los medios. También se defiende desde la banqueta, con una grabadora en la mano y haciendo preguntas.

