
¿QUIÉN DIJO YO?
Hagamos un ejercicio muy sencillo.
Va dirigido a todos, absolutamente a todos, los pre, pre, precandidatos del PAN, que conforme pasan los días parecen perderle el pudor a eso de tapizar Chihuahua con sus caras.
Espectaculares aquí, espectaculares allá. En avenidas, periféricos y cruceros, uno tras otro, sonrisas perfectamente ensayadas, fotografías retocadas, nombres cada vez más grandes y slogan verdaderamente estúpidos.
Ahora hagan algo distinto, bájense del espectacular y escuchen a la gente, pero escúchenla de verdad, pregúntenle al ciudadano qué piensa cuando camino al trabajo vuelve a encontrarse, por enésima vez, con la cara del mismo político a varios metros de altura.
¿De verdad creen que alguien les va a responder?
—¡Pongan más, por favor!
—¡Nos hacen falta otras veinte fotos suyas!
—¡Qué bonito se ve Chihuahua lleno de políticos!
Por supuesto que no!!!
Las respuestas, quizá por lo bajito, serían bastante diferentes:
“Ya cansan.”
“Ya párenle.”
“¿Otra vez este?”
“¿Cuánto cuesta todo eso?”
“¿De dónde sale el dinero?”
“¿Quién está pagando?”
“¿Y estos no trabajan?”
“¿No tienen otra forma de darse a conocer?”
“¿Cuánto llevan gastado y cuánto falta?”
Y seguramente alguno, con menos diplomacia:
*“¡Ya nos tienen hasta la ^%#!”
Hay un punto en el que la promoción deja de generar simpatía y comienza a provocar hartazgo, y parece que algunos ya lo cruzaron.
Lo curioso es que todos dicen estar “recorriendo las calles”, “escuchando a la ciudadanía” y “cercanos a la gente”, pues escúchenla.
Tal vez descubran que Chihuahua no está pidiendo más espectaculares, esta pidiendo políticos con un poquito más de congruencia y bastante menos desesperación.
Imaginen ahora que uno de esos aspirantes hiciera exactamente lo contrario, que mañana convocara a los medios y dijera:
“Por respeto a los chihuahuenses y por congruencia, he decidido retirar mis espectaculares. No necesito llenar la ciudad con mi cara para que la gente conozca mi trabajo.”
¡Pácatelas!
Probablemente ese solo gesto tendría más impacto político que otros cien espectaculares juntos, porque mientras todos compiten por ver quién coloca la fotografía más grande, quizá termine destacando precisamente el primero que tenga el valor de quitarla.
Ahí está el ejercicio, es sencillo, a ver quién entiende primero que más exposición no siempre significa más aceptación.
Entonces…
¿QUIÉN DIJO YO?

