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12 de septiembre 2026
8:50 am

QUÉ RAROS SON LOS DE MORENA

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QUÉ RAROS SON LOS DE MORENA

PRIMER TIEMPO: EL DINERO TIENE DUEÑO… SEGÚN CONVENGA

Qué raros son algunos de Morena, aclaramos, no todos. 
Cuando se habla de pensiones y programas sociales, pareciera que el dinero sale de la cartera personal del presidente en turno.

“AMLO les dio la pensión”.
“AMLO les dio la beca”.
“AMLO les dio el apoyo”.

Y entonces aparece la pregunta tramposa: —Si tanto criticas a López Obrador o a Morena, ¿por qué aceptas los apoyos? Pues porque no son de Morena.
No son de López Obrador.
No son de Claudia Sheinbaum.
No son del gobernador.
No son del alcalde.
Son recursos públicos.

Dinero que proviene, fundamentalmente, de los ingresos del Estado, incluidos los impuestos que pagamos millones de mexicanos, pero la contradicción se pone mejor, nos vienen diciendo que antes el dinero no alcanzaba  porque no había austeridad, porque se robaban el dinero, porque  los lujos y porque “no puede haber gobierno rico con pueblo pobre”.

Muy bien, supongamos que todo ese ahorro existe. ¿De quién era es el dinero que se ahorró? ¿De Morena? No. También es dinero público. Entonces no me regales lo que ya pagué y después me pidas agradecimiento político.



SEGUNDO TIEMPO: A VER SI ASÍ SE ENTIENDE

Imagine usted que un alcalde construye un puente.
Usted paga predial, IVA, ISR, gasolina, derechos y una larga lista de contribuciones directas e indirectas, pero resulta que usted critica al alcalde.

Entonces alguien le dice:

—¡Ah, pero bien que utilizas el puente que construyó!
¿Y qué quieren?
¿Que llegue al puente, recuerde que no votó por el alcalde y se regrese?
¿Que atraviese el río nadando para demostrar congruencia ideológica?

Sería absurdo.

La obra pública no pertenece al político que la inauguró, pertenece a la sociedad que la pagó, exactamente lo mismo ocurre con una pensión, una beca o un programa social.

Recibir un derecho o un beneficio financiado con recursos públicos no obliga a entregar a cambio obediencia, silencio, agradecimiento electoral ni mucho menos el voto.

El propio López Obrador repetía una idea muy sencilla durante sus campañas: agarren lo que les den, pero a la hora de votar, TOMA TU VOTO!

Entonces cuando los otros daban algo, aceptarlo no comprometía el voto, pero ahora, cuando el apoyo lo entrega un gobierno de Morena, algunos pretenden convertirlo en certificado de lealtad política.

Qué conveniente resulta la memoria cuando se acomoda al poder.



TERCER TIEMPO: SI TÚ LO HACES ESTÁ MAL; SI YO LO HAGO, ESTÁ BIEN

Y quizá la contradicción más grande, durante años Morena construyó buena parte de su discurso denunciando prácticas del viejo régimen.
Si el gobierno presumía una obra:

—¡La pagó el pueblo!
Si entregaba apoyos.

—¡No es dinero del presidente!
Si utilizaba programas sociales electoralmente.

— ¡Compra de voluntades!
Si alguien condicionaba un beneficio.

¿Entonces por qué esas reglas parecen cambiar dependiendo de quién ocupa Palacio Nacional? Porque hemos llegado a una lógica política peligrosamente cómoda.

Si tú lo haces, es corrupción.
Si yo lo hago, es transformación.
Si tú entregas apoyos, compras votos.
Si yo los entrego, hago justicia social.
Si tú presumes una carretera, haces propaganda.
Si yo presumo una pensión, es un logro histórico.
Si alguien recibe un programa tuyo y después te critica, está ejerciendo su libertad.
Pero si recibe uno mío y me critica…
¡Qué malagradecido! No.
La democracia no funciona así.
Un gobierno no compra gratitud con dinero público.
Y mucho menos compra silencio.
El ciudadano puede recibir una pensión y criticar al gobierno.
Puede estudiar con una beca y votar contra el partido gobernante.
Puede circular por una carretera y cuestionar al alcalde que la construyó.
Puede atenderse en un hospital público y exigir mejores servicios.

Porque los derechos no son premios por portarse bien políticamente, y los impuestos no vienen pintados de guinda, azul, naranja ni tricolor.

Por eso resulta tan curioso escuchar ahora argumentos que hace apenas unos años ellos mismos habrían destrozado.

No es congruencia.
Es conveniencia.
No es memoria histórica.
Es memoria selectiva.
Y quizás esa sea una de las contradicciones más viejas de la política mexicana, cuando estoy en la oposición, el dinero es del pueblo, pero cuando yo llego al gobierno… de repente parece que el dinero es mío.

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