TE NECESITO… PERO DE SEGUNDO
En la lucha por la alcaldía de Chihuahua las cosas cada vez se ponen mejores… y algunos aspirantes, también cada vez más sensibles.
Hoy no vamos a poner nombres. No porque no podamos ni porque no queramos. La dinámica será más divertida, usted, amigo lector, póngale nombre al candidato A y al candidato B.
Resulta que el candidato A anda buscando al candidato B. Le pide que se sume a su proyecto porque, dice, hay que demostrar músculo, unidad, fortaleza, cohesión, disciplina, generosidad, madurez, estructura, capacidad, compañerismo, liderazgo y compromiso para que el PAN conserve la alcaldía de Chihuahua y, de paso, aporte una buena cosecha de votos rumbo a la gubernatura.
Hasta ahí todo suena precioso. Casi para foto de familia, pero hay una pequeña pregunta que puede arruinar el retrato:
Si A tiene un capital político y B tiene otro capital político, y juntos supuestamente representan una fórmula ganadora… ¿por qué necesariamente tiene que ser B quien se sume a A?
Matemáticamente también funciona al revés.
Que A se sume a B.
Que B sea el candidato.
Porque si hablamos de unidad, generosidad, madurez y de poner al partido por encima de los intereses personales, esas virtudes deberían funcionar en los dos sentidos, ¿o no?
Y si además el candidato A carga con más negativos que B, la pregunta se vuelve todavía más sabrosa, ¿por qué quien genera mayor rechazo tendría que encabezar y quien tiene menos negativos tendría que disciplinarse?
Ahí es donde la palabra “unidad” empieza a parecerse peligrosamente a otra cosa:
“Únete… pero atrás de mí”.
Porque pedir generosidad política es muy fácil cuando el generoso tiene que ser el otro.
Así que, candidatos A y B, quizá antes de hablar de quién debe sumarse a quién habría que poner sobre la mesa capital político, positivos, negativos, estructura y posibilidades reales de ganar.
Y después sí… que se sume el que tenga que sumarse. Ahora sí, amigo lector:
¿Quién cree usted que es A y quién es B?
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ANDREA: DEL RUIDO AL SILENCIO
Después del desgaste, del ruido y de una exposición que parecía no tener botón de apagado, Andrea Chávez simplemente se esfumó de los medios digitales y tradicionales.
Qué cosas tiene la política, hace apenas unas semanas parecía imposible abrir una red social sin encontrársela y ahora casi hay que mandar ficha de búsqueda.
Aunque el silencio puede tener explicación. Si después de no obtener la candidatura a la gubernatura el llamado premio de consolación fuera competir por la alcaldía de Ciudad Juárez, Andrea tendría que preguntarse si realmente quiere volver a meterse a otra tómbola morenista.
Porque ahí la estaría esperando Juan Carlos Loera, quien difícilmente aceptaría que le pidieran hacerse a un lado, guardar sus aspiraciones y aplaudir desde la primera fila. Loera tiene pocas capacidades políticas pero nunca se dará por descartado.
Y por si faltaran ingredientes aparece Mayra Chávez, delegada del Bienestar, a quien en los corrillos políticos ubican como cercana a Ariadna Montiel.
Una cosa es competir contra Loera y otra hacerlo mientras intentas averiguar quién trae estructura, quién trae bendición, quién trae territorio y quién trae la calculadora de las famosas encuestas.
Andrea tendría entonces que volver a medirse. Otra vez. Y después de lo ocurrido rumbo a la gubernatura, ¿realmente querrá correr ese riesgo? Porque perder una medición puede explicarse. Perder dos empieza a convertirse en expediente.
Por eso no sería extraño que Andrea decidiera ahorrarse el segundo capítulo, conservar su escaño y regresar tranquilamente al Senado. Ahí no necesita preguntarle a Loera si se baja, a Mayra si trae respaldo ni a Ariadna hacia dónde sopla el viento.
El verdadero problema, sin embargo, no son Andrea, Loera o Mayra.
Es el apestadero político que empiezan a provocar en Morena esas consultas que presumen como transparentes y que terminan dejando ganadores sonrientes, perdedores desconfiados y grupos preguntándose quién movió qué ficha.
Y cuidado con presumir demasiado la transparencia. Porque hay cosas transparentísimas que nadie quisiera tener entre las manos.
La nitroglicerina, por ejemplo, es transparente… pero muuuuy explosiva.


