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Heroica ciudad de Chihuahua, Chih. México
29 de octubre 2026
7:23 am

SEMÁFOROS EN CHIHUAHUA, AHORA SI. | DE LA LEY DE HIDALGO A LA LEY DE HERODES | ¡A MÍ NI ME SUBEN NI ME BAJAN! | ¡UNOS COMUNICAN Y OTROS INCOMUNICAN!

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SEMÁFOROS EN CHIHUAHUA, AHORA SI.

El subsecretario de Movilidad, César Komaba, asegura que avanza el proyecto de modernización de los semáforos de Chihuahua.

¡Ojalá que ahora sí! Porque resulta increíble que una ciudad como Chihuahua, que presume modernidad y desarrollo, tenga un sistema de semaforización que en muchos cruceros parece funcionar con tecnología del siglo pasado.

Semáforos desincronizados, avenidas convertidas en estacionamientos y miles de automovilistas perdiendo tiempo, combustible y paciencia todos los días.

Y mientras los ciudadanos padecemos el tráfico, los funcionarios siguen en reuniones, revisiones, planeaciones y preparativos para anunciar lo que algún día, quién sabe cuándo, van a comenzar.

¡Caray! ¡Hasta para anunciar los semáforos necesitan ponerse de acuerdo! Esperamos que el proyecto sea una realidad y no otro anuncio adornado con discursos, fotografías y promesas.

Chihuahua no necesita semáforos más bonitos. Necesita semáforos inteligentes, sincronizados y capaces de responder al crecimiento de la ciudad.

Híjole, después de tantos años de padecer este problema, lo verdaderamente preocupante sería que los nuevos semáforos resultaran más inteligentes que quienes tienen la responsabilidad de instalarlos.

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DE LA LEY DE HIDALGO A LA LEY DE HERODES

¡Qué bárbaros! Los diputados panistas, priistas y emecistas del Congreso de Chihuahua parecen haber encontrado la fórmula perfecta para simplificar los trámites gubernamentales, quitar de en medio al propio Congreso.

Resulta que pretenden modificar la Ley de Bienes del Estado para que el Ejecutivo pueda vender terrenos públicos sin tener que pedirles permiso a los diputados.
¡Mira nada más qué considerados! ¡Hasta ellos mismos quieren quitarse el estorbo o a menos que ellos sean el estorbo!

El diputado Cuauhtémoc Estrada destapó el asunto, pero no sin antes agregarle una buena dosis de veneno político.
Dijo que semejante ocurrencia bien podría llamarse la Ley de Hidalgo o la Ley de Herodes.
¡Y vaya que la comparación tiene mucho de cierto!

La famosa Ley de Hidalgo nos recuerda aquello de «Año de Hidalgo, chin… el que deje algo», mientras que la Ley de Herodes nos lleva directamente a Varguitas, aquel inolvidable personaje que descubrió que las leyes podían acomodarse a las necesidades del gobernante.

¿Para qué quiere el Ejecutivo una autorización tan amplia para disponer de determinados bienes públicos sin pasar por el Congreso?
¿Quién decidirá cuáles terrenos se venden, a quién se venden y cuánto se cobra por ellos?

Una cosa es facilitar las inversiones y otra muy distinta es facilitar la disposición del patrimonio de los chihuahuenses sin el contrapeso legislativo.

Lo más cómico es que quienes fueron elegidos para legislar y vigilar al Ejecutivo ahora pretenden aprobar una reforma que les quitaría parte de esa responsabilidad.

¡Qué maravilla de representantes populares! Los Varguitas, les dicen.  Varguitas, Varguitas con A.

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¡A MÍ NI ME SUBEN NI ME BAJAN!

¡Ahí les hablan a Romero, a Taboada, a Daniela Álvarez, a Luis Villegas, a Félix Martínez, a Alejandro Villalobos y a todos esos panistas de cepa que llevan años trabajando, militando, haciendo campañas, defendiendo las siglas y esperando una oportunidad!

Resulta que Santiago de la Peña, secretario general de Gobierno, acaba de mandarles un mensaje que merece analizarse con lupa.

«A mí ni me suben ni me bajan. Es una aspiración personal».

Más que una declaración política, lo de ayer parece un berrinche de Santiago de la Peña, como si bastara con querer ser candidato para que el PAN tuviera que cumplirle el capricho.

Hay que reconocer algo, aspirar es un derecho personal. Cualquiera puede levantarse una mañana, mirarse al espejo y descubrir que tiene madera de presidente municipal.

Pero una cosa es querer ser alcalde y otra muy distinta es convertirse en candidato de un partido político por capricho. Porque entonces, ¿dónde queda el PAN? ¿Dónde quedan sus militantes, sus procedimientos internos, sus liderazgos y quienes llevan años esperando una oportunidad?

La frase tiene una peculiaridad, parece colocar la voluntad del aspirante por encima de cualquier consideración partidista.
¡A mí ni me suben ni me bajan!
¿Entonces quién decide? ¿El partido, sus militantes o el propio Santiago?

Algunos panistas llevan décadas haciendo méritos para que algún día los tomen en cuenta, Santiago parece decirles que su aspiración no depende de que alguien lo suba o lo baje.

¡Qué maravilla! ¡Para qué tantos años de militancia si basta con tener aspiraciones personales!
Lo curioso es que esta historia comienza a parecerse a lo que tanto se critica de Morena, militantes que esperan, trabajan y hacen fila, mientras otros encuentran caminos mucho más cortos hacia las candidaturas.

Y que quede claro, Santiago tiene todo el derecho de aspirar. Pero el PAN también tiene derecho a decidir a quién postula.
Porque las aspiraciones son personales, pero las candidaturas no son propiedad privada.

Y si de verdad a Santiago ni lo suben ni lo bajan: ¿Para qué necesita al PAN?
¡Ahí les hablan, panistas!

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¡UNOS COMUNICAN Y OTROS INCOMUNICAN!

Donde hay que aplaudir es en la coordinación entre el Municipio de Chihuahua y la Junta Municipal de Agua y Saneamiento.

Alan Falomir y las autoridades municipales andan sincronizados como reloj suizo. Ante los trabajos en la red hidráulica, los avisos preventivos circulan por todos los medios, informando oportunamente a la ciudadanía.

¡Así se hace! ¡Eso es entender para qué sirve la comunicación social!

Y mientras en el Municipio y la JMAS dan cátedra de cómo informar, en el Gobierno del Estado la improvisación y la incompetencia parecen haberse instalado en la oficina de Comunicación Social, encabezada por José Luis Martínez.

Es el ejemplo claro, que cuando falta capacidad, sobra improvisación. Y cuando no existe una estrategia de comunicación, hasta las buenas acciones de gobierno terminan convertidas en problemas políticos.

Lo verdaderamente grave es que quien paga las consecuencias es la gobernadora Maru Campos, cuya administración necesita una comunicación profesional, no ocurrencias de última hora.

¿Cuántos problemas más tendrá que enfrentar la gobernadora por las deficiencias de su responsable de Comunicación Social? Una cosa es cometer errores y otra muy distinta es convertirlos en una forma de trabajar.

¡Qué ironía! Mientras unos demuestran que saben comunicar, otros siguen demostrando cuánto les falta por aprender.

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