Lo que brilla es que existan festivales, eventos y desfiles que reflejen la verdadera cultura mexicana y que permitan unir a las familias a través de celebraciones sanas y de sana convivencia.
Lo que huele son los accidentes registrados durante estas celebraciones, desde la caída de una estructura instalada frente a la Presidencia Municipal hasta el caballo que aplastó a un catrín durante un desfile en Chihuahua.
Lo que apesta es que las personas acudan a estos eventos con la intención de pasar un rato de esparcimiento, disfrutar y olvidarse de las preocupaciones, no de estar pendientes de posibles peligros que, en teoría, no deberían existir.
Se supone que cada evento debe estar planeado y supervisado a detalle para garantizar la seguridad de los asistentes. Precisamente por eso existen los permisos y las revisiones correspondientes antes de autorizar su realización. ¿No es así, Protección Civil?
