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19 de mayo 2026
11:19 am

Tom Brady siempre estuvo solo, hasta en la decisión de retirarse

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¡No se irá a ninguna parte! Será embajador de FOX y ocupará una cabina de transmisiones (ESPN)

Debemos recordarlo cuando hablemos de Tom Brady, ahora que se ha retirado definitivamente, un día después del aniversario del anuncio de un retiro de seis semanas. Y no debería sorprender a nadie. Nunca se fue a ninguna parte, excepto para regresar a su deporte.

Se retira para ocupar la cabina de transmisiones, retirándose del fútbol americano para permanecer dentro del fútbol americano. La sombra de su presencia seguirá cubriendo a esta disciplina deportiva, tal como lo ha hecho durante una generación, gracias al contrato por 10 años que firmó con la cadena Fox para transmitir partidos y laborar como “embajador” de la empresa. Ha prometido que en la cabina de transmisiones será un Brady distinto al que hemos conocido, lo que significa que será brutalmente sincero con respecto a la acción que verá transcurrir por debajo de él.

En su condición de embajador, será exactamente el mismo Tom Brady que hemos conocido, lo que significa que será un símbolo con poderío definitivo: un hombre que, después de jugar 22 años al fútbol americano, no tiene que responder a nadie salvo a sí mismo.

Y esa podría ser una de sus más grandes hazañas: pudo haber jugado con prácticamente cualquier equipo de su elección, dictando las condiciones de su relación laboral.

Hizo sus mejores esfuerzos para no rendirle cuentas al tiempo. Cada vez que parecía caer a la tierra, encontró una forma de ir más allá de los límites, con una declaración poco notable y un pase poco notable en su momento, sumando para lograr algo nunca visto.

 Incluso en el último año, a sus 45 años y una contextura física delgaducha, mostrándose justificablemente agotado y liderando a un equipo con récord negativo, casi siempre lo resolvía todo, independientemente del personal, el déficit o la lógica. Nunca perdió su magia y nunca perdió su estatura, ni siquiera en un año en el que perdió tantas cosas.

LO CONOCEMOS DESDE hace mucho tiempo. Lo conocimos como joven soltero, hombre casado y hombre soltero de mediana edad. Lo conocimos con las manos en la cabeza bajo el confeti a los 24 años, sin creer lo que acababa de hacer, y lo conocimos ganando tantos campeonatos que parecía más aliviado que sorprendido cuando alzaba el trofeo.

Lo conocimos por tanto tiempo que parece que lo conocíamos desde que ingresó al campus universitario de Michigan, como si todos sabíamos lo que estaba por venir, como si todos podíamos ver lo que sólo él era capaz de ver. Y todo este tiempo que lo hemos conocido, conocimos a un hombre que no solo ha vivido una existencia con trayectoria ascendente. Esa trayectoria se ha salido de su curso en solo dos ocasiones: Durante el draft de la NFL del año 2000 y en 2008, cuando Brady se fracturó la rodilla.

Vio como su deporte seguía su vida sin él, e independientemente de si lo expresara plenamente o no, decidió intentar doblegar ese deporte a su voluntad. Reformuló su dieta y régimen de entrenamiento hasta convertirlo en algo que después se hizo negocio, y cuando empezó a expresar sus deseos de jugar hasta cumplir 45 años, se convirtió en el paciente cero de un montón de compañeros que fueron influidos por su ambición.

Se conocía a sí mismo, mejor que nadie. Necesitaba de su deporte para sentirse más vivo, para sentirse como su ser más esencial, para evitar lo que la vida le deparaba más allá del fútbol americano, fuera lo que fuera… y quizás también, para evitar los demonios que acompañan a un ser humano cuando se ha convertido en leyenda, de los que nos enteramos solo después de ocurrido un suceso.

Tom Brady consiguió casi todo lo que quería durante su carrera en el fútbol americano. Este deporte le ofreció el don que ahora les ofrece a todos los mariscales de campo: el don de la longevidad, gracias a distintos cambios a sus reglas. Lo recibió y tomó mucho más.

En 2004, Brady afirmó en privado que había concluido que la edad no era la única causante del declive de los quarterbacks después de cumplir 30 años. Se debía a que tenían esposas e hijos, lo que distraía tiempo y energía de su oficio.

Prometió que no correría la misma suerte, que esperaría a tener hijos hasta las últimas fases de su carrera, o quizás para después de su retiro. Cuando terminó siendo padre de tres hijos a los 35 años, intentó conseguir una forma de equilibrarlo todo. Una vez, conversamos al respecto en el salón de su casa.

“En un momento en el que creo que la gente ve cómo los atletas profesionales empeoran físicamente, pues no creo que me encuentre en ese punto”, afirmó. “Siento que sigo siendo capaz de mejorar atléticamente, y soy mucho más eficiente en otros aspectos de mi vida, con mi descanso y mi…”

“¿Cómo así?”, le pregunté. “Aparte de que los niños te obligan a serlo”.

“Sí, así es, sin duda. Y es un momento importante, es una parte importante de tu vida, en la que te comprometes con ellos. Aunque, ojalá que en mi profesión aprenda más sobre la marcha”.

Y aprendió, quizás demasiado.

Siguió mejorando, más allá de su ya inconcebible grandeza y las leyes de la probabilidad, tanto actuarias como inimaginables. Redefinió de tantas formas lo que se creía posible para un mariscal de campo, para un jugador de fútbol americano, para un atleta profesional (y por un tiempo, para una celebridad que formaba parte de un matrimonio de famosos), que se convirtió en su propia definición singular de todo ello. Y siguió adelante, marchando, ganando Super Bowls, dejando a los Patriots y ganando un campeonato con Tampa Bay en su primer año en el equipo. En ese momento, sobre la cancha y mientras caía el confeti, Gisele Bundchen le abrazó y besó para después preguntarle…

¿Qué más te falta por demostrar?”

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