
La pobreza laboral en Chihuahua volviĂł a crecer. Lo dice el Coneval, lo sienten miles de familias todos los dĂas. El 38% de los trabajadores en el estado ya no puede comprar la canasta básica con su salario. Es decir, trabajan… pero no comen bien. Están empleados… pero no viven con dignidad.
Este fenómeno no es nuevo, pero sà cada vez más descarado: mientras las grandes narrativas hablan de crecimiento, en la calle lo que crecen son los precios elevados, la falta de control sobre la inflación y la desigualdad brutal. El mercado laboral no solo es injusto, es insostenible.
Porque mientras el gobierno siga presumiendo en sus discursos un “crecimiento econĂłmico” haremos siempre la pregunta de: ÂżQuĂ© crecimiento, si los salarios no alcanzan ni para lo básico? Las familias juarenses no necesitan discursos, necesitan poder llenar la despensa sin endeudarse. Mientras tanto, los polĂticos viven en una burbuja donde la Ăşnica pobreza que conocen es la de sus ideas.
Pero si algo abunda más que la pobreza, es la falta de valores dentro de los partidos polĂticos. Ayer dos operadores polĂticos de AcciĂłn Nacional, Antonio Sáenz y Oscar Berumen, se cambiaron sin pudor al bando de Morena. Antes vestĂan de azul, ahora de guinda. Ayer eran oposiciĂłn, hoy son transformaciĂłn. ÂżY mañana? Lo que diga el cheque. Ya no hay ideologĂas, ni convicciones, ni debates reales: solo una estampida por el “hueso”, por seguir viviendo del erario, por chupar del presupuesto pĂşblico como si fuera fuente eterna de impunidad.
La polĂtica, asĂ, se convierte en una danza grotesca de traiciones convenientes, de saltos olĂmpicos al mejor postor, y de militantes que solo militan por la nĂłmina. La polĂtica se redujo a un juego de supervivencia para vividores profesionales.
Y para finalizar, en medio de esta ciudad descompuesta, llegan las reliquias de San Judas Tadeo a Juárez. Devotos, creyentes, peregrinos y esperanzados acudirán a encomendarse al santo de los casos difĂciles. Y vaya que vivir aquĂ es un caso complicado. AsĂ que, con fe y sin perder el sarcasmo, esperamos que San Juditas nos haga el milagro de apaciguar esta ciudad llena de violencia. Porque si no es con fe, ya no sabemos con quĂ© otra cosa.
Ojalá San Judas pueda hacer lo que las autoridades no han logrado: traer un poco de paz a esta ciudad cansada de balaceras y violencia. Aunque, claro, serĂa mejor que los milagros vinieran acompañados de polĂticas pĂşblicas reales. Porque debemos recordar que a Dios rogando y con el mazo dando.
EPĂŤLOGO: Pobreza que crece, polĂticos que cambian de ideologĂa como de chaleco, y una ciudad que se aferra a la esperanza divina porque la terrenal le ha fallado. Juárez merece más que limosnas econĂłmicas y traiciones polĂticas. ÂżCuándo dejaremos de conformarnos con migajas?