¡Ya estamos hartos!
Hartos de discursos vacĂos, de promesas rotas, de sonrisas fingidas ante las cámaras mientras la realidad, la nuestra, la de la calle, se desmorona. Estamos hartos de autoridades que gobiernan desde el ego, no desde la vocaciĂłn de servicio. Que creen que el poder es una corona y no una responsabilidad. Que han olvidado —o nunca entendieron— que fueron elegidos para representar, no para imponerse.
¡Ya estamos hartos!
Nos cansamos de ver cĂłmo el narcisismo se disfraza de liderazgo. CĂłmo los cargos pĂşblicos se transforman en escenarios personales donde el aplauso importa más que la acciĂłn, y el “yo” está siempre por encima del “nosotros”. Nos cansamos de la arrogancia de quienes creen que mandar es humillar, y que autoridad es sinĂłnimo de impunidad.
¡Ya estamos hartos!
Mientras las calles se llenan de desigualdad, mientras la salud, la educación y la seguridad se desploman, nuestras autoridades parecen estar más preocupadas por sus redes sociales que por las urgencias reales de la población. Se sacan fotos en obras que no terminan, posan con sonrisas en eventos que no entienden, y se reparten elogios como si la gestión fuera un concurso de vanidades.
¡Ya estamos hartos!
El pueblo no es tonto. La gente siente, ve y sufre. Y aunque algunos crean que pueden gobernar desde la burbuja del privilegio, cada dĂa somos más los que alzamos la voz. Ya no nos tragamos las excusas ni los circos mediáticos. Ya no aceptamos que nos llamen revoltosos por exigir respeto, o desinformados por cuestionar. No nos van a callar con frases hechas ni con campañas de imagen.
¡Ya estamos hartos!

