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28 de mayo 2026
1:52 pm

El otoño político del PAN | Siempre los más amolados | El PRI y sus fantasmas

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El otoño político del PAN

Hay críticas que no se deben pasar por alto, y la del diputado Cuauhtémoc Estrada Sotelo sobre la movilización panista en el Centro Histórico de Chihuahua es una de ellas. No solo por el señalamiento de los actos anticipados de campaña, sino porque exhibe una de las grietas más visibles de la oposición, la falta de un proyecto claro más allá de las consignas contra Morena.

Estrada tiene razón en algo fundamental, si el evento hubiera sido encabezado por la presidenta o algún gobernador morenista, los mismos panistas que el domingo marcharon con banderas azules estarían exigiendo sanciones inmediatas y llamando a respetar la ley electoral. Pero cuando se trata de ellos, la defensa se disfraza de relanzamiento o unidad partidista.

Más allá de los discursos, lo que se vio fue un acto político con tintes electorales, donde abundaron los ataques, los recuerdos de glorias pasadas y la invocación constante de Luis H. Álvarez, como si con nostalgia se pudiera suplir la falta de liderazgo presente. Lo dijo Estrada, ya no es verano, es otoño, y lo que se avecina podría ser un invierno frío para el PAN, si insiste en mirar por el retrovisor.

En política, las marchas no se miden solo por el número de asistentes, sino por la coherencia del mensaje. Y cuando el mensaje se construye sobre ataques y cifras infladas, la credibilidad termina evaporándose antes de llegar a las urnas.

La observación del morenista no solo cuestiona una estrategia electoral; también desnuda una práctica cada vez más común, la de confundir la calle con la campaña. Y ahí, más allá de colores, todos los partidos deberían tomar nota.

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Siempre los más amolados

Pasan los años, cambian los rectores, los gobiernos, las leyes… pero los jubilados siguen siendo los grandes olvidados del sistema. Esta vez, los de la Universidad Autónoma de Chihuahua volvieron a salir a las calles, con la dignidad que da una vida de trabajo, para exigir algo tan elemental como justo, que se respete su pensión dinámica.

Son más de trescientos extrabajadores que, después de décadas de servicio, ven cómo sus derechos se congelan mientras los salarios de los activos siguen creciendo. Lo que antes era un reconocimiento a la trayectoria, hoy se ha vuelto una batalla legal que se arrastra desde hace más de dos años entre escritorios, oficios y audiencias que no resuelven nada.

Y lo peor no es la espera, sino la indiferencia institucional. Las autoridades universitarias y laborales han hecho del silencio su respuesta. Ni una solución, ni un compromiso, ni una fecha clara. Mientras tanto, los jubilados siguen contando centavos, los medicamentos no esperan y las promesas se oxidan.

Es indignante que quienes construyeron la universidad con su esfuerzo tengan que marchar bajo el sol para recordar que existen. El respeto a los jubilados no se mide con promesas, sino con justicia administrativa, pagos homologados y con voluntad de resolver.

Porque al final, siempre son los mismos los que pagan los platos rotos, los que ya dieron todo y solo piden lo que por ley les corresponde.
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El PRI y sus fantasmas

El dirigente nacional del PRI, Alejandro “Alito” Moreno, volvió a salir a escena con una declaración que suena más a autocrítica involuntaria que a denuncia política. Según él, el resurgimiento del caso Colosio es un distractor del gobierno federal, una “caja china” para tapar la violencia y el descontento social.
Y sí, puede que haya algo de verdad en eso… pero qué ironía que lo diga el PRI, el mismo partido que inventó el manual de los distractores.

Porque antes del distractor Colosio, hubo muchos otros, el caso Paulette, el chupacabras, las telenovelas políticas que surgían justo cuando el país ardía en crisis, devaluaciones y un largo etcétera. El PRI perfeccionó durante décadas el arte de cambiar la conversación, de fabricar miedos o misterios para que la gente dejara de hablar de corrupción, pobreza o impunidad.

Por eso, escuchar hoy a Alito rasgarse las vestiduras por lo mismo que su partido practicó durante medio siglo resulta, como mínimo, un ejercicio de memoria selectiva. Decir que el gobierno usa el caso Colosio como distractor es casi como reclamarle al fuego por quemar.

Colosio fue un símbolo de cambio que el propio sistema priista sofocó. Y que hoy, tres décadas después, resurja su nombre no es solo un movimiento político, es el recordatorio de que el pasado nunca muere cuando la hipocresía lo revive.

Si algo demuestra esta nueva polémica es que el PRI no solo carga con sus fantasmas, sino que sigue dialogando con ellos. Y entre los ecos de los noventa, los chupacabras y los distractores, queda claro que a Alito le sigue fallando la memoria… o le sobran espejos, usted decida.

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