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Heroica ciudad de Chihuahua, Chih. México
23 de enero 2026

El día que Juárez soñó en grande: convenciones, traiciones y un PAN que se une (¿o finge?)

El Congreso de Chihuahua, ese circo estatal donde los decretos se aprueban con la gracia de un malabarista y las lealtades partidistas se deshacen como algodón de azúcar en tormenta.

El 16 de diciembre de 2025, la sesión legislativa fue un microcosmos perfecto de la política chihuahuense: triunfos a medias, puñaladas internas y un alineamiento azul que huele a cálculo preelectoral. Porque, entiendan, en un estado donde el PAN gobierna con uñas y dientes mientras Morena acecha como lobo en las sombras, cada voto es un capítulo de telenovela que podría titularse “Deudas, Fideicomisos y Traiciones: el Regreso”. Y Juárez, esa frontera eterna de contrastes, salió ganando un sueño de 24 años… pero a qué precio, amigos. A qué precio.

Empecemos por lo que ilumina el día como un farol en el desierto: la aprobación unánime –o casi– del Fideicomiso Paso del Norte, ese instrumento fiscal que por fin desempolva el proyecto del Centro de Convenciones en Ciudad Juárez. Con 31 votos a favor, un solo “no” y cero abstenciones, el Congreso dio luz verde a un decreto que parece sacado de un cajón olvidado desde 2001.

¿El detalle jugoso? Las empresas chihuahuenses aportarán una Unidad de Medida y Actualización (UMA) por empleado al año –alrededor de 108.57 pesos en 2025–, lo que podría inyectar unos 600 millones de pesos anuales a partir de 2026, dependiendo de las variables económicas que tanto nos gustan fingir que controlamos.

El terreno, un obsequio en el Partido Doblado, ya espera palas y promesas; y el modelo, inspirado en el éxito del centro de Chihuahua capital, promete detonar el sector servicios, hotelería y comercio como si Juárez fuera Las Vegas del desierto. Cuauhtémoc Estrada, coordinador de los diputados morenistas, lo pintó como un “proyecto estratégico” para el futuro económico y social de la frontera, reconociendo que la ciudad ha languidecido 24 años sin esta joya.

¿El disidente? María Antonieta Pérez, de Morena por el Distrito 10, que desde el podio tronó que mejor saquen la lana del presupuesto estatal en lugar de cobrarle a los empresarios. Bravo por el debate, pero el sí lloverá: Juárez, que genera el 40% del PIB chihuahuense pero se ahoga en baches y sequía, necesitaba este empujón.

Veinte años después –¡veinte!–, el fideicomiso no es solo concreto y sillas plegables; es un símbolo de que, a veces, la política logra lo que la inercia aplasta. Ojalá no termine como tantos proyectos fronterizos: inaugurado con fanfarria y olvidado en mantenimiento.

Pero ay, el idilio duró lo que un café mañanero: apenas secó la tinta de la aprobación, Morena explotó en un drama interno que parece escrito por un guionista con resaca. La Comisión Ejecutiva Estatal, con Brighite Granados al frente como fiscal implacable, acusó a dos de sus propias diputadas –Edith Palma Ontiveros y Rosana Díaz Reyes– de “simulación” y ausencia estratégica en la votación clave del día: el Paquete Económico 2026, específicamente la iniciativa de “Fortalecimiento Financiero” que autoriza la reestructuración de la deuda estatal a largo plazo.

¿El pecado mortal? Las dos brillaron por su ausencia justo cuando se necesitaba mayoría calificada (dos tercios, o 20 de 33 diputados) para aprobar lo que Morena tilda de “endeudamiento innecesario” –un eufemismo para decir “malversación de recursos públicos”–. Con solo 30 presentes, el PAN oficialista se llevó los 20 votos a favor, pasando el paquete pese a las protestas guindas.

¿Razones? Morena rechazó de plano los aumentos fiscales, la “mala gestión” de la administración Campos y el daño a la economía familiar, alineándose con su mantra de austeridad republicana: “No robar, no mentir, no traicionar”. Pero las ausentes, presentes en el resto de la sesión, parecen haberle regalado el triunfo a los azules. Granados no se muerde la lengua: las somete al escrutinio de la Comisión de Honor y Justicia nacional, con el slogan de la 4T como espada de Damocles.

¿División interna o traición calculada? En un Morena chihuahuense que crece como bola de nieve –300 mil afiliados en 2025, superando metas para 2027–, esto huele a grieta: ¿leales a Palacio Nacional o tentadas por el pragmatismo local? Porque mientras la izquierda continental se tambalea, aquí Morena se desangra por dentro, acusando a las suyas de “simulación” en un Congreso donde cada voto es un voto electoral. Si no limpian casa, 2027 podría ser menos tsunami guinda y más charco.

Y en medio de este melodrama guinda, entra el héroe azul con capa de alcalde: Marco Bonilla, el mandamás de Chihuahua capital, que no solo respaldó el Paquete Económico 2026 sino que lo bendijo como si fuera el maná panista. “Es necesario fortalecer la capacidad financiera de los gobiernos locales”, declaró con esa retórica de quien ha visto el rezago de cerca: hospitales en ruinas, carreteras que parecen cráteres lunares, libramientos y puentes que claman por concreto fresco.

Bonilla, con ojo en la dinámica estatal, culpa a la “limitada inversión federal” –guiño sarcástico a la 4T que recorta como si el presupuesto fuera dieta eterna– y celebra que el paquete genere ingresos sin depender de la limosna de Palacio Nacional. Reconoce que algunas cláusulas fiscales son “complejas” para la iniciativa privada, pero aplaude la “participación histórica” de los empresarios, llamando a un diálogo multipartidista con academia y sociedad para resolver retos más allá de “posturas ideológicas”.

¿Alineación con Maru Campos? Absolutamente: en un PAN chihuahuense que huele a 2027 como un lobo a la presa, Bonilla fortalece el cuadro azul, recordándonos que los azules no solo gobiernan; sobreviven uniendo filas. Mientras Morena se desgarra por dentro, el PAN capitaliza el paquete como victoria colectiva, posicionando a Bonilla –ese eterno aspirante– como el pragmático que une en lugar de dividir.

¿Implicaciones? Un PAN más cohesionado para reconquistar Juárez, donde el centro de convenciones podría ser el anzuelo perfecto para votos maquiladores.

Al final, este 16 de diciembre en el Congreso chihuahuense fue un espejo cruel: Juárez por fin sueña con convenciones que detonen su economía dormida, Morena se desangra en acusaciones que parecen más show que sanación, y el PAN se pinta de unidad mientras afila colmillos electorales. Veinte años para un fideicomiso, minutos para una traición: tal es la política local, donde los sueños se aprueban con 31 votos y las lealtades, con puñaladas. ¿Broche de oro? Para Juárez, sí: que el centro nazca y florezca. Para Morena, un llamado a coser heridas antes de que 2027 las abra de par en par. Y para el PAN, un susurro: la unidad es frágil como el desierto. Ojalá este día no sea solo humo; que sea el catalizador de algo real. Porque en Chihuahua, soñar grande es el primer paso… pero caminarlo, el que cuenta.

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