Lo que brilla es que en nuestro país no se permiten las armas de fuego (a menos que cuentes con un permiso muy claro, sellado y casi bendecido), porque de lo que estamos seguros es que, si hubiera más armas libres por ahí, esto sería un país sumido en el caos…
Lo que huele es que se acerca la Navidad y el Año Nuevo, y con esas fechas también llegan las infames balas perdidas, como si fueran parte del menú festivo.
Lo que apesta es que, aunque en México no se permiten las armas de fuego, la distribución ilegal es increíblemente común. En cada incautación o arresto podemos ver un armamento digno de película de acción… solo que esta vez no hay dobles ni actores: las víctimas son reales.

