
Lo que brilla es que lo más común en estas fechas sea regalar consolas de videojuegos a hijos, sobrinos o hermanos. Siguiendo la moda actual, eliges el regalo más seguro y, de paso, matas dos pájaros de un tiro: felicidad garantizada y cero estrés al decidir.
Lo que huele son las campañas anti violencia que promete imponer el gobierno federal a los videojuegos —ya decidieron no cobrar impuestos— y, aunque no se especifica cómo se hará, se percibe que habrá inconformidad.
Lo que apesta es que el gobierno controle o no controle; algunos aseguran que es solo otra manera de regular la libertad de expresión, mientras que otros celebran que, por fin, alguien les eche un 👀 ojo a esos juegos que supuestamente vuelven violentos a los niños, porque, claro, la inseguridad del país es culpa de los videojuegos.

