Juárez se despide del año y las estadĂsticas finales llegan como un puñetazo seco: más autos que nunca, más engaños que nunca, más vĂctimas que nunca.
Primero, el tráfico que nos tiene hasta la coronilla. Este diciembre, Juárez circulĂł con más de un millĂłn de vehĂculos al dĂa en promedio, un incremento de hasta 40% respecto al mismo mes de años anteriores. No es solo el regreso de paisanos ni el turismo de fin de año: es el efecto acumulativo del decreto de regularizaciĂłn de autos chocolate que abriĂł la puerta a miles de unidades sin verificaciĂłn seria, sin seguro obligatorio real y sin control de emisiones.
Resultado: puentes saturados, casetas que parecen estacionamientos eternos, avenidas como TecnolĂłgico y Francisco Villarreal convertidas en rompecabezas de metal y cláxones, y un tiempo de cruce que pasĂł de 30 minutos a dos horas y media en hora pico. La Aduana y la SecretarĂa de Movilidad reportan que el aumento se debe “principalmente” a los autos regularizados, pero nadie se atreve a decirlo en voz alta: el decreto que se vendiĂł como soluciĂłn humanitaria terminĂł siendo un colapso vial para una ciudad que no estaba preparada para ello.
Y mientras el ciudadano pierde horas de su vida en el tráfico, el erario no gana nada: las multas por infracciones viales no compensan el caos, y las emisiones contaminantes suben sin que haya un plan B. En Juárez, donde la movilidad ya era un lujo, 2025 nos dejó claro que más autos no significa más libertad; significa más frustración compartida.
Y hablando de frustraciĂłn, los coyotes no descansan ni en fechas decembrinas. Su creatividad para estafar a los migrantes sigue siendo infinita y letal. En las Ăşltimas semanas, la FiscalĂa y la Guardia Nacional han detectado nuevos modos de operaciĂłn que rozan lo macabro: falsos “paquetes VIP” que prometen cruce seguro por 8 mil dĂłlares, pero entregan al migrante en un rancho de Sonora donde lo retienen para extorsiĂłn; “guĂas espirituales” que cobran por “protecciĂłn divina” durante el desierto pero desaparecen en la primera curva; y el más cruel: falsos rescates donde un coyote simula un secuestro para que la familia pague rescate a otro coyote que, en realidad, es el mismo grupo.
Las vĂctimas, mayoritariamente centroamericanos y venezolanos, terminan pagando dos o tres veces por el mismo cruce que nunca llega. La FiscalĂa reporta al menos 47 denuncias en diciembre por “estafas coyotescas”, pero el subregistro es enorme: muchos no denuncian por miedo o porque ya cruzaron y no tienen cĂłmo regresar. En una ciudad que vive de cruces, los coyotes no son solo criminales; son un negocio que explota la desesperaciĂłn ajena con ingenio siniestro.
Y mientras las autoridades capturan a unos cuantos, otros surgen como hongos después de la lluvia. 2025 nos dejó claro que el tráfico humano no se frena con muros ni con discursos; se frena con empleo digno aquà y opciones reales allá. Mientras no haya eso, los coyotes seguirán siendo más creativos que cualquier decreto migratorio.
Y para cerrar el año con la herida más profunda, la trata y la corrupciĂłn de menores crecen sin freno en Chihuahua. La FiscalĂa Especializada en InvestigaciĂłn de Delitos de Trata de Personas reporta un incremento del 28% en carpetas abiertas en 2025 respecto a 2024: 142 casos confirmados, con Juárez y la capital concentrando el 65%. Las vĂctimas son cada vez más jĂłvenes: niñas de 13 a 17 años captadas con promesas de trabajo en maquilas o redes sociales, niños varones obligados a vender drogas o a delinquir, y adolescentes explotados en bares clandestinos.
La corrupciĂłn de menores —que incluye pornografĂa infantil y reclutamiento para el crimen organizado— subiĂł un 35%, con 89 carpetas. Lo peor: la impunidad ronda el 92%. Muchas vĂctimas no denuncian por miedo, por dependencia del victimario o porque el sistema no las protege. En Juárez, donde la pobreza y la falta de oportunidades son gasolina para estos delitos, el crecimiento no sorprende; alarma. Y sin embargo, el silencio institucional es ensordecedor: campañas de prevenciĂłn que nadie ve, refugios saturados, y una FiscalĂa que clasifica muchos casos como “desapariciĂłn” para no engrosar la estadĂstica de trata.
2025 nos deja una cifra que duele: cada dĂa, al menos una menor es coaptada o corrompida en Chihuahua, y la mayorĂa sigue sin justicia.
2025 no fue un año de grandes promesas incumplidas; fue un año de realidades que ya no se pueden tapar con discursos ni con luces de Navidad.
Que el 2026 no sea solo un cambio de calendario. Que sea un cambio de actitud: menos ruido vial y más soluciones reales de movilidad. Menos coyotes creativos y más fronteras seguras y humanas y menos vĂctimas invisibles y más justicia que se vea y se sienta.
Porque en esta frontera, donde todo pasa rápido y todo duele profundo, el verdadero cierre de año no se mide en cifras: se mide en vidas que todavĂa respiran, en familias que todavĂa esperan y en una ciudad que, a pesar de todo, sigue en pie.
